Conociendo nuestro patrimonio Iglesia Castrense de la Purísima Concepción (II)

De esta Iglesia escribe también el que fuera Cronista Oficial de la Ciudad Francisco Mir Berlanga en Cuadernos de Historia de Melilla de la Asociación de Estudios Melillenses:

“… Con el transcurso del tiempo, el crecimiento de la Ciudad, el rápido aumento de su población, y la importancia de los efectivos militares de acudieron a Melilla, con ocasión de las Campañas de Marruecos, obligaron a la construcción de una nueva Iglesia en el llano, la del Sagrado Corazón, y a separar, la asistencia religiosa de la población civil, de la puramente militar, que quedó a cargo de los Capellanes Castrenses destinados en las diversas unidades de la Guarnición.

El 19 de mayo de 1918, Don Manuel González García, Obispo auxiliar de Málaga, bendecía e inauguraba, celebrando la primera Misa, el nuevo Templo del Sagrado Corazón, donde dos días después, se celebraba el primer bautismo, el de la niña María Núñez.

Para los servicios religiosos militares, existía en 1915, una Capilla, frente al edificio de la Comandancia General, edificado en el solar, donde posteriormente se construyó un grupo de Pabellones Militares. Al desaparecer esta Capilla, se habilitó otra provisional en la Plaza de España, donde el 19 de diciembre de 1916, se bautizó una niña, hija de los señores de Gambra y nieta del Alto Comisario que fue, Don Francisco Gómez Jordana.

Al ser nombrado Don Manuel Fernández Silvestre Comandante General de Melilla, el 30 de enero de 1920, comprendió la necesidad de construir una verdadera Capilla Castrense, para el servicio religioso de la Guarnición.

Se eligió para ello un solar de la Calle Duque de Almodóvar, que pertenecía a la antigua Comandancia de Artillería. Y no disponiéndose de fondos para la obra, una comisión de señoras, presidida por Doña Eleuteria Fernández, viuda de Silvestre, madre del valeroso e infortunado General, se encargó de organizar una suscripción pública.

La Comandancia de Ingenieros redactó el proyecto, iniciándose las obras el 18 de septiembre de 1920, a ritmo lento, como consecuencia de la escasez de medios. La tragedia de Anual y la muerte del General Silvestre en julio de 1921, interrumpieron las obras durante mucho tiempo. La generosa intervención del Ayuntamiento, llamado en aquella época, Junta de Arbitrios, permitió su terminación, inaugurándose la Capilla el 22 de noviembre de 1923.

Bendijo el nuevo Templo, Don Julio de Diego y Alcolea, Patriarca de las Indias y Vicario General Castrense, llegado expresamente para dicho acto.

En el altar mayor figuraba una imagen de la Purísima Concepción, regalo de la Reina Doña Victoria Eugenia a la Iglesia de Nador, que la cedió a la Capilla Castrense.

Los Cuerpos de la Guarnición regalaron las imágenes de sus respectivos Patronos, y la Junta de Arbitrios, además de aportar los fondos necesarios para la terminación de las obras, costeó el armónium.

La Capilla Castrense es de estilo gótico, con una nave central y dos laterales. Su fachada principal mira a la Calle Duque de Almodóvar. En sus dos ángulos frontales, se levantan dos torres cuadradas de 16 metros de altura. La nave central tiene 5,50 metros de luz y 3 metros cada una de las laterales.

La longitud de la nave central es de 20 metros, contados, desde la puerta de entrada, al ábside.

Esta bonita iglesia, pequeña para la importancia de la Guarnición de Melilla, ha sido escenario de grandes conmemoraciones religioso-militares, y de funerales en sufragio de los fallecidos pertenecientes a la gran familia militar.

Situada en un lugar céntrico de la Ciudad, su bella y sencilla silueta, destacaba exenta, teniendo como fondo el azul del Mar.

No hace muchos años , se cometió con la Capilla, un atentado estético, al adosar a uno de sus laterales, un grupo de viviendas militares, con lo cual, una de sus airosas y pequeñas torres, ha quedado parcialmente cegada.

El autor del proyecto y director de las obras de la Capilla Castrense, fue el Capitán de Ingenieros Francisco Carcaño Más, de una antigua y conocida familia melillense. En el mes de agosto de 1936, siendo ya Teniente Coronel, fue asesinado en unión de otros 94 Jefes y Oficiales, de la Marina y del Ejército, en Mahón, Isla de Menorca, que como es sabido, durante toda la Guerra Civil, estuvo bajo la jurisdicción del Gobierno de la República.

Por último, haremos constar, que con fecha 8 de febrero de 1918 se publicó una disposición del Obispo de Málaga, concediendo 50 días de Indulgencia, a los fieles que asistieran a cualquiera de los actos religiosos, que se celebraran en la Capilla Castrense.

Como por fecha de la disposición, es indudable que se refería a la Capilla Castrense Provisional de la Plaza de España, a que antes se ha hecho mención, creemos, que desaparecida aquella, y construida la nueva Capilla Castrense, ésta debe seguir gozando del privilegio concedido en su día, por el Obispo del Málaga.

Noticias en El Telegrama del Rif

En algunos de los artículos anteriormente reproducidos hemos tenido la oportunidad de leer que con anterioridad a esta Iglesia Castrense hubo otra Capilla provisional. Sobre este hecho se publicó un pequeño comunicado el viernes 27 de agosto de 1915:

“Construcción de una capilla

No será preciso repetir, que habiéndose extendido la población de Melilla por el llano y quedando la Iglesia Parroquial en punto excéntrico, son muy grandes las molestias que origina a los fieles el acceso a la parte vieja, y no son menores las dificultades que para la asistencia espiritual a domicilio se ofrecen.

No habiéndose podido lograr la pronta construcción de la iglesia empezada a levantar en la plaza de Menéndez Pelayo, por obstáculos de orden económico, el problema del culto fue resuelto, en parte gracias a la capilla provisional que abrió el Clero Castrense en uno de los barracones del barrio del Buen Acuerdo, cerca del edificio de la Comandancia General.

Ahora, según saben nuestros lectores, el barracón ha sido desmontado y la capilla ha desaparecido, por tanto, planteándose de nuevo y con caracteres apremiantes la cuestión a que nos referimos.

Según nuestros informes se piensa en construir una capilla de mampostería, y es aspiración general que ella esté a la vez consagrada a los fines de la jurisdicción castrense y de la ordinaria, solución que parece la mejor, pues con ellas los aforados de guerra, lo mismo que la totalidad de los vecinos, tendrán lugar más apropiado para el cumplimiento de sus deberes religiosos y la Iglesia Parroquial dispondrá de una ayuda, que le va siendo muy precisa, dada la distancia que separa a los nuevos barrios del viejo templo dedicado a Nuestra Señora de las Victorias en la parte alta de la plaza.

De este modo quedaría resuelto, de momento, el problema, en espera de que el ministerio de Gracia y Justicia, a quien el gasto corresponde, libre los fondos necesarios para terminación de las obras de la nueva iglesia, paralizadas, como hemos indicado, por falta de dinero.”

En su edición del jueves 23 de noviembre de 1923 daba cuenta de la bendición de esta nueva iglesia:

“La solemnidad religiosa del hoy. La nueva capilla castrense. El comienzo de las obras.

El día 18 de Septiembre de 1920, se celebró con brillantez y solemnidad, la inauguración de las obras de la Capilla Castrense, que hoy se abre al culto.

Al acto asistieron, el malogrado general Fernández Silvestre, entonces general segundo jefe don Federico Monteverde, distinguidas damas de la sociedad melillense, los jefes de los cuerpos de la guarnición, numerosas comisiones civiles y militares y representantes de la prensa.

También se hallaban presentes, el ingeniero autor del proyecto de la Capilla, comandante don Francisco Carcaño y el Vicario Castrense don Placido Zaidín, que había de bendecir las obras.

El solar en que aquella tiene su emplazamiento, se había adornado con guirnaldas y gallardetes.

Los concurrentes al acto, examinaron los planos y fachadas del edificio, de puro estilo gótico, prodigando elogios a la belleza de sus líneas.

El Padre Zaidín regó con agua bendita el terreno sobre el que se iba a comenzar la edificación del nuevo templo, y a continuación el general Fernández Silvestre pronunció un elocuente discurso, del cual son los párrafos siguientes:

“Excmos. Señores, dignísimas damas, querida madre:

Orgullosas debéis estar, e inmensa satisfacción debe inundaros al ver que, hechos irrefutables y sublime idea de levantar el templo sagrado que sustituye el humildísimo de que hasta hoy dispuso la numerosa familia militar, que tanto me honro en presidir.

El templo que erigiréis será para nosotros debidamente sagrado, porque cuanto en esta tan amada tierra se edifique, se hará siempbre sobre el altar sagrado en que yacen los restos de nuestros mártires y héroes, altar regado do con sus lágrimas y su sangre.

Pueblo que cual el nuestro, levanta en África templos a la industria, al trabajo, a las artes y a su creencia religiosa, es pueblo que evidencia la virilidad de su raza y que está llamado a reconquistar su pasada grandeza.”

Después de vitorear a España y al Rey, la excelentísima señora madre del general Fernández Silvestre y demás presentes, dieron con una piqueta los primeros golpes en el terreno, comenzando seguidamente su trabajo una brigada de obreros.

La capilla

El edificio se proyectó y ha sido construido de tres naves: una central, de 5,50 metros de luz, y dos laterales, de tres metros, teniendo una longitud la primera, de veinte metros, desde la puerta al ábside.

La fachada principal, a la calle del Duque de Almodóvar, tiene tres cuerpos entrelazados por entrepaños en distinto plano.

En los dos ángulos, se levantan torres cuadradas de 16 metros de altura. En el cuerpo central, existe una puerta ojival, con roseta, un gran rosetón figurado, ancho friso de estilo y crestería de piedra artificial.

La fachada lateral, a la futura calle Vallescá, está organizada con contrafuertes, grandes ventanales góticos con artísticas vidrieras y crestería en la hilera y remate de muros.

En el interior, la nave central y las laterales están separadas por columnas de cemento armado, de las que arrancan apuntados arcos en ojival. Bóvedas tabicadas, por arista, con aristones moldurados, cubren la superficie interior de la capilla, que tiene anexas la sacristía y otras dependencias.

Cómo se ejecutaron las obras

La respetable madre del infortunado general Fernández Silvestre una vez que tuvo en su poder el proyecto de la nueva capilla, hizo una cuestación entre los jefes y oficiales de la guarnición de Melilla y sus familias, obteniendo un total de 1.900 pesetas, con las cuales se dio comienzo a las obras.

Aprovechando la visita a Melilla del entonces ministro de la Guerra vizconde de Eza, el general Silvestre gestionó y obtuvo un donativo de quince mil pesetas, que por conducto de la Comandancia de Ingenieros hizo el Ministerio de la Guerra.

Aparte de ello, todos los Cuerpos de la guarnición contribuyeron con sus elementos de transporte y algunos materiales de construcción, empleándose obreros soldados que cobraban jornales reducidos, con lo cual, las obras marchaban con una gran economía y por un costo varias veces inferior al que realmente tenían.

Mediadas las obras, se hizo una nueva cuestión entre la oficialidad de Melilla, de la que se obtuvo una suma aproximada a tres mil pesetas.

En la cimentación del edificio se encontró un terreno muy blando y fangoso, por estar bajo el relleno el cauce antiguo del río de Oro, antes de su desviación. Ello obligó a emplear un sistema de placas de cemento armado en todo el edificio, a excepción de las torres, en las que se hizo de pilotaje, lo que ocasionó que las obras sufrieran algún retraso.

Al cubrir aguas

En Junio de 1921, habían quedado terminadas las obras, incluso la cubierta y bóvedas interiores, celebrándose en obsequio de los obreros que habían dado cima a una obra tan anhelada, una hermosa fiesta.

El interior del edificio se había adornado con palmas, guirnaldas y flores. Desde el amanecer, se estuvieron disparando multitud de cohetes.

Acudieron a aquel lugar el Comandante General de Melilla, las señoras y señoritas que formaban la comisión encargada de recaudar fondos, y otros invitados.

Al servirse la comida a los obreros, el general dirigió estas hermosas palabras a los allí reunidos:

“Mi querida madre, señoras, obreros y soldados: Es un deber en mi dirigiros la palabra para expresaros mi satisfacción por haber terminado, con el empeño de unos y el trabajo de otros, sin incidente alguno, las obras de recoger agua en este edificio.

No es una obra hecha para la guerra, pero a ello puede venirse como resultado de aquella.

En esta obra habéis demostrado que obreros y soldados sabéis marchar unidos, lo mismo trabajando con el agua y dificultades halladas, que en las alturas y peligrosas del andamio.

Sería ingrato no hacer resaltar la labor del Ingeniero Director, capitán Carcaño, que con una laboriosidad, un talento y una economía verdaderamente ejemplares, ha dado cima con muy escasos recursos y rápidamente, a una obra que tan necesaria era para todos nosotros.

Rectificación necesaria

Un mes más tarde y cuando ya las obras estaban muy adelantadas, sobrevino la inesperada catástrofe de Julio de 1921, y como consecuencia lógica de ello, quedaron interrumpidas, utilizándose el edificio, durante el asedio de Melilla, como depósito de municiones.

A raiz de la desventura, no faltó quien con ligereza o mala intención dijo en las columnas de la prensa y en el Parlamento que las obras del pequeño templo se habrían sufragado con el dinero procedente del juego, especie calumniosa que algunos han tomado por artículo de fe y que hemos de desmentir de un modo rotundo desde estas columnas.

Pasada la primera parte de la campaña de reconquista, la marquesa de Cavalcanti intentó reanudar las obras, peor su marcha de Melilla hizo que nada se resolviera.

A fines del año 1922 la Junta de Arbitrios concedió un crédito de varios miles de pesetas para terminar la ornamentación, portaje y detalles que faltaban, reanudándose seguidamente los trabajos bajo la dirección del ingeniero de la Junta de Arbitrios capitán Palanca.

Es de justicia

Esta es a grandes rasgos la historia de las vicisitudes porque ha pasado la construcción de ese pequeño templo que tantos recuerdos evoca, y que hoy se a bendecido por el Patriarca de las Indias. A la iniciativa y fe religiosa del malogrado general Fernández Silvestre y su desventurada madres, se debe principalmente que Melilla y su población militar, cuenten con esa bella capilla en que celebrar sus funciones religiosas e impetrar la ayuda del Todopoderoso.

[Bibliografía: Enrique Moya Casals. Melilla Piadosa y Tradicional. Melilla.1954.

Antonio Bravo Nieto.La construcción de una ciudad en el contexto norteafricano. Ciudad Autónoma de Melilla.1997.

Juana Alias Rodríguez. Breve estudio de la iglesia castrense de la Purísima Concepción de Melilla.

Francisco Mir Berlanga. La Capilla Castrense. Algunos datos para su historia. Cuadernos de Historia de Melilla. Asociación de Estudios Melillenses.1988]

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