Conociendo nuestro patrimonio Parque Hernández (II)

Francisco Saro Gandarillas, estudioso de la historia local, en su obra Estudios Melillenses, dedica un capítulo al Parque Hernández y su historia:

“ Sobre lo que años antes había sido el viejo cauce del río de Oro se habían vertido las tierras extraídas del nuevo, formándose una irregular explanada que las unidades militares aprovechaban para campo de instrucción y el vecindario para arrojar los desechos.

El campo se extendía entre la carretera de Mazuza y la que por la calera de Ingenieros se dirigía a Cabrerizas, ambas iniciadas en la puerta del campo, salida del Mantelete. La explanada fue utilizada como campo de instrucción durante treinta años.

A mediados de 1899 llega a Melilla el nuevo comandante general don Venancio Hernández Fernández, hombre de corta reseña biográfica pero al que podemos juzgar por las iniciativas salidas de su sensibilidad. Entre ellas destaca la creación de un gran parque forestal en los terrenos del antiguo campo de instrucción, idea claramente inédita y que con su realización quedaba plantado el futuro trazado de la ciudad en expansión.

En noviembre de ese mismo año el general Hernández asume la presidencia de la Junta de Arbitrios, ayuntamiento “sui generis” que rigió el municipio melillense hasta 1927, formado por militares y civiles de la plaza.

Al año siguiente encomienda al ingeniero militar don Vicente García del Campo la formación de un proyecto de parque en triángulo formado por las carreteras de Mazuza y Cabrerizas teniendo como base el cerro de Santiago.

El proyecto era ambicioso si tenemos en cuenta las dificultades del terreno y la población a quien iba destinado, de apenas seis mil almas. Apenas un año más tarde el inicio de las obras el parque estaba prácticamente terminado.

En un principio solamente forestal, no existían zonas ajardinadas, únicamente árboles de especies diversas, algunas de imposible aclimatación, por lo que hubo permanentes cambios de aquellas pues el terreno estaba mal dotado para la supervivencia de plantas venidas de fuera.

Junto al parque se instaló un vivero (en lo que hoy es calle del teniente coronel Seguí y terrenos de la Junta del Puerto), vivero que permaneció hasta 1919 en que se trasladaron al espacio previsto para parque escolar de lae Escuelas Graduadas en lo que hoy es Instituto Leopoldo Queipo y edificio de la AHS.

El 18 de mayo de 1902 quedaba inaugurado el paque con el nombre oficial de Parque Hernández, el mismo día que se inauguraba también la nueva plaza de toros de la derecha del río de Oro conmemorando con ambas inauguraciones la mayoría de edad del rey Alfonso XIII.

Desde el principio el parque fue muy bien acogido por la población melillense. El contraste, con toda lógica, debió ser formidable. Hasta entonces la población utilizaba como humilde remedo de parque el Huerto de las Cañas, a la derecha del río, situado en lo que hoy es Cuartel del Generalísimo, lugar de peregrinación en los días festivos pero evidentemente demasiado lejano y como consecuencia demasiado inseguro, aun contando con la protección del fuerte de Camellos.

El nuevo parque desplazó como era de esperar las actividades lúdicas de la plaza. Fiestas patronales y carnavales, anteriormente celebradas en la Marina, tuvieron que repartirse entre ambos lugares, y definitivamente, al instalarse las vías del ferrocarril para la construcción del puerto en el paseo del muro X, las festividades quedaron centradas exclusivamente en el parque.

En aquellos días el paseo central se constituía en eje de los festejos levantándose casetas, instalándose juegos y cucañas, salpicándose aquí y allá de puestecitos de chucherías para los niños, e indefectiblemente visto en todas parte el vendedor de la “cuajaíta”, refresco típico veraniego hasta que el helado fue acabando poco a poco con él.

Los organismos militares y civiles rivalizaban en la construcción de sus casetas, entre las que nunca faltaban las del Casino militar y del Casino Español; las casetas del Parque Hernández fueron espectáculo obligado durante bastantes años y hoy parece que se vuelve a recuperar la tradición.

En el mismo año de la inauguración se autoriza la construcción del barrio de Alfonso XIII, comenzándose a levantar en terrenos tomados al Parque Hernández, quien, de esta forma, pierde un tercio de su extensión original, es decir, la parte comprendida entre la calle de Sotomayor y la de Isabel la Católica. También por el Este, al cederse a la JOP terrenos para la construcción del nuevo puerto, los viveros pierden parte de su extensión.

De esta forma, el parque queda reducido a sus dimensiones actuales más una rotonda situada en la base frente a la calle Carlos de Arellano, rotonda que fue eliminada, según creo, durante la República, no sin grandes protestas por parte de la opinión pública.

Con sus nuevas dimensiones el parque tomaba ciertamente una forma similar a la de un cañón antiguo, lo cual no significa, tal como se suele creer en Melilla, que fuera un homenaje al general Hernández como artillero, pues el general pertenecía al Arma de Infantería.

Si bien el parque era lugar habitual de paseo diurno la falta de luz y, sobre todo, la falta de seguridad por la carencia de vigilancia hacían desaconsejable su utilización por la noche, siendo rato el que se arriesgaba a utilizarlo en aquellas horas, ni siquiera como lugar de paso para el barrio de Alfonso XIII, utilizándose para ello la carretera del Buen Acuerdo a la derecha del mismo…

El parque fue, así mismo, testigo de los primeros pinitos deportivos en Melilla, al menos de forma organizada. Sucedió allá por 1905. La población tenía ya una cierta entidad, por lo que la formación de un club deportivo se estaba haciendo esperar. Lo chocante fue que la iniciativa partiera del elemento femenino de la ciudad, si tenemos en cuenta que para la opinión pública las actividades deportivas eran consideradas más bien cosa de adanes que de evas, por lo que no estaba bien visto que las mujeres dedicaran sus esfuerzos a estos menesteres.

Así y todo, y entre la rechifla de los hombres que no les auguraban un brillante porvenir, las entusiastas féminas fundan el Melilla Sporting Club con el apoyo solitario e incomprendido del capitán de Administración Militar don Antonio Pezzi quien, al parecer, tenía confianza en el impulso de las activas señoras.

La Junta concedió a la neonata sociedad un trocito del parque al final del mismo, frente a lo que hoy es Comandancia General, entonces pabellones militares.

Así comenzó la práctica del “sport” en Melilla. En un principio solo a base de “lawn tennis” y “skating”, las actividades deportivas entusiasmaban a la primera señora de Tur quien exclamaba, con rara habilidad poética:

Dios mio, está Melilla

lo mismo que London

pues funda sociedades

y se entrega al sport

El Parque en El Telegrama del Rif

En varias ocasiones el Parque Hernández fue protagonista de algún artículo en el que fuera durante muchos años el diario local de Melilla. He aquí una pequeña muestra de ello:

SINFONÍA SENTIMENTAL

LOS DOMINGOS DEL PARQUE

Mac-Ferland

El Telegrama del Rif de 15 de abril de 1918

En estas mañanas de domingo abrileño, claras y luminosas, el parque ciudadano con sus palmeras enanas y sus parterres floridos, se viste de galas y se tupe de colores.

Suena la greguería frívola de voces alocadas y la gayas notas de los trajes primaverales que ponen en el parque urbano un comentario de optimismo y de alegría.

Pese a uno y a otra, esas mañana de domingo abrileño en que el astro padre brilla de manera diferente, tienen un hondo sentimentalismo de huerto provinciano, de novia ingenua y algo sosita.

Las notas de la banda militar, a través de la tupida red fragante de las acacias, llegan amortiguadas y soñolientas como música de salterio o de clave íntimo y sonoro. Si acaso la estridencia de unos trompetazos pone en el ambiente una nota brutal que no rima bien con el ensueño sentimental que se va tejiendo.

Por el centro del paseo y por los perfumados andenes laterales, la araña azul de lo madrigalesco tiende su tela sutil y teje y desteje la canción eterna de los amores.

Las risas frescas de las tobilleras de ojos de incandescencia, se mezclan con los estridores rotos de gargantas que- ¡ay!- en tiempos fueron torneadas y espléndidas.

Los espíritus de Venus, Apolo y el perverso Anacreonte, saltan en libertad como tiernos recentales y la canción absurda y milenaria de que está saturado el divino “Cantar de los cantares”, parece lógica y natural al rimar con el ambiente cohibido, provinciano e inocente del jardín.

¡Mañanitas del parque, de domingo abrileño, claras y luminosas, en las que tanto se miente, y tanto se promete y tanto se olvida, benditas seáis, porque a vuestro socaire nacen ilusiones, se avivan rescoldos y se cursa el arte divino de la maledicencia!

Decididamente habemos menester de una novia ingenua, dulce apacible que sea un oasis de paz y de sosiego en esas mañanas tranquilas y provincianas, en las que la abulia se adentra y el cobrador hosco os cobra la silla.”

PAVOS REALES EN EL PARQUE

El Telegrama del Rif de 29 de abril de 1920

Por iniciativa loable del General Monteverde, muy pronto vendrá a ser gala de nuestro hermoso Parque una veintena de pavo reales.

Los bellos animales lucirán el espléndido plumaje índico entre la fronda y serán un encanto más que añadir a los que el paseo ofrece, con sus cambiantes verdes y violáceos, salpicados de oro y sus airosos penachos.

Hasta tal punto se tiene fe en la cultura de este pueblo, que no se vacila en llevar pavos reales al Parque, y por el contrario, se tiene la seguridad de que ellos han de ser tan respetados, como admirados.

La educación ciudadana de grandes y chicos se patentiza en realidades como las que se ofrecen en el Parque de María Luisa de Sevilla y en el Retiro del Madrid, donde los que gustan del apacible deleite de los jardines, encuentran a su disposición libros que los municipios han colocado sin guardianes ni defensa de ninguna especie. Al alcance de todas las manos están y ni desaparecen ni sufren daño.

Tal ha de ocurrir aquí, ello es de esperar, con los pavos reales del Parque Hernández que se confiarán al buen gusto del vecindario, a su cultura, para mayor delicia de ese lugar que es honra de Melilla.

Las preciosas aves andarán en completa libertad y bien seguro es que como flores vivientes, sólo servirán para recreo y nunca motivo de actos que no estarían a tono con la corrección de nuestros hábitos urbanos.

Vengan, pues, a la fronda del Parque los pavos fastuosos para abrir en abanico sus colas irisadas al sol.

[Bibliografía Juan A. González García, Carmen Enrique Mirón. Paseos botánicos por la ciudad de Melilla. GEEP Ediciones.2010

Francisco Saro Gandarillas.Estudios melillenses. Notas sobre urbanismo, historia y sociedad en Melilla. Ciudad Autónoma de Melilla. 1996]

Menú