{"id":8779,"date":"2020-11-26T08:00:57","date_gmt":"2020-11-26T07:00:57","guid":{"rendered":"https:\/\/melillamonumental.es\/?p=8779"},"modified":"2025-06-22T12:41:43","modified_gmt":"2025-06-22T11:41:43","slug":"conociendo-nuestra-historia-carlos-ramirez-de-arellano-gobernador-de-melilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/melillamonumental.es\/it\/conociendo-nuestra-historia-carlos-ramirez-de-arellano-gobernador-de-melilla\/","title":{"rendered":"Conociendo nuestra historia Carlos Ram\u00edrez de Arellano, gobernador de Melilla"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text]Cuando visitamos los recintos fortificados de la Vieja Melilla, al pasar por plaza de Armas, podemos observar un monumento en piedra formado por una columna truncada erigida sobre un pedestal en el que se puede leer la siguiente inscripci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abEN ESTE LUGAR ESTUVO SITUADA LA ERMITA DE NUESTRA SRA. DE LA VICTORIA Y EN ELLA RECIBI\u00d3 SEPULTURA EL INFORTUNADO Y VALEROSO ALCAIDE DON CARLOS RAM\u00cdREZ DE ARELLANO MUERTO EL 18 DE JULIO DE 1646, V\u00cdCTIMA DE SU TEMERARIO VALOR\u00bb.<\/p>\n<p>Con ello se recuerda un hecho de armas ocurrido en el siglo XVII que tuvo como protagonista principal al entonces alcaide de la Plaza, Carlos Ram\u00edrez Arellano.<\/p>\n<p>Los tres primeros cronistas oficiales de la ciudad en sendas obras hacen alusi\u00f3n, en mayor o menor escala a lo ocurrido a este alcaide.<\/p>\n<p>Gabriel de Morales y Mendigutia en su libro Efem\u00e9rides de la Historia de Melilla (1497-1913) nos dice que:<\/p>\n<p>\u201cEn el desgraciado combate de este d\u00eda murieron adem\u00e1s de D. Carlos Ram\u00edrez de Arellano, el sargento Pedro L\u00f3pez. Baltasar Notario, Diego Ledesma y su hijo, Juan de Castro, Juan Delgado, D. Francisco de Pisa, Juan Bautista, cabo de escuadra de Or\u00e1n, Sebasti\u00e1n Ruiz, cabo de San Marcos, Pedro de Vico, adalid, Juan de Medina, Lope de Flomista, alf\u00e9rez de infanter\u00eda, Miguel Ramos, Sebasti\u00e1n Hurtado, Blas L\u00f3pez, Juan L\u00f3pez Ciempozuelos, Felipe Terrones, Juan de Quintana, Bartolom\u00e9 Brasa, Pedro Blanco, Pedro Pablos, Rafael Calder\u00f3n, Gaspar Ord\u00f3\u00f1ez, Francisco C\u00e1rdenas, Luis P\u00e9rez, Jos\u00e9 Valenciano y Francisco Guerrero: los tres primeros se recogieron y enterraron en la ermita de la Victoria\u201d.<\/p>\n<p>Rafael Fern\u00e1ndez de Castro el que fuera segundo cronista oficial de la ciudad en El Telegrama del Rif de 20 de octubre de 1949 publicaba un art\u00edculo dedicado a este personaje:<\/p>\n<p>\u201cLiga con el paseo central de nuestro hermoso Parque Hern\u00e1ndez, una amplia y soleada calle que los melillenses conocen bajo el nombre de \u201cCarlos de Arellano\u201d, v\u00eda p\u00fablica que evoca el recuerdo del Magn\u00edfico Se\u00f1or Don Carlos Ram\u00edrez de Arellano, Caballero del H\u00e1bito de Santiago, perteneciente a la ilustre familia de los Condes de Aguilar, que siendo Sargento Mayor de la Plaza fuerte de Or\u00e1n en 1646 vino interinamente como Alcaide y Gobernador de Melilla durante la forzada ausencia del Alcaide propietario Don Gabriel de Pe\u00f1alosa, llamado a M\u00e1laga mientras duraba la visita oficial del Comendador Rej\u00f3n de Silva, inspecciones \u00e9stas que de tiempo en tiempo ordenaba hacer el Rey a las plazas presidiales, o fronteras con tierra enemiga, a fin de comprobar el estado de defensa de las mismas, y la situaci\u00f3n de sus guarniciones y vecindario, inquiriendo adem\u00e1s si era o no cumplidas con exactitud las \u00f3rdenes instrucciones del Consejo Real, vigentes en cada una de las dichas Plazas.<\/p>\n<p>Ejerc\u00eda en el a\u00f1o de 1646 el cargo de Capit\u00e1n de Caballos en Melilla, un aguerrido mozo llamado Don Diego de Arce, que m\u00e1s tarde, en el correr de los a\u00f1os, lleg\u00f3 a desempe\u00f1ar la Alcaid\u00eda de esta Plaza, joven de animoso temple a quien era necesario sujetar, dada la acometividad de que a diario, daba pruebas, realizando atrevidas incursiones al campo fronterizo, alej\u00e1ndose m\u00e1s de lo que fuera prudente del amparo de los fuertes avanzados de la Plaza, que no llegaban por entonces ni al linde oriental de lo que hoy es Parque forestal Lobera.<\/p>\n<p>A las cuatro de la tarde del d\u00eda 18 de julio de aquel a\u00f1o, sali\u00f3 Arce con su escolta como de costumbre, dirigi\u00e9ndose al fuerte de la Albarrada- que se supone situado hacia donde hoy cae la primera manzana de casas de las calle Ej\u00e9rcito Espa\u00f1ol, sobre el viejo cauce del r\u00edo Oro, y sentando all\u00ed sus armas dejaron pastar al ganado, dedic\u00e1ndose los hortelanos a sus labores en los huertos del Mantelete, mientras los esclavos cargaban agua de aquellos pozos.<\/p>\n<p>Llevar\u00edan como tres cuartos de hora en estas faenas, cuando los atajadores dieron aviso de que saltaban de sorpresa a campo libre unos catorce caballos enemigos.<\/p>\n<p>Tocado a rebato, pronto salieron del recinto murado los pocos caballos que ten\u00edamos en la Plaza y la infanter\u00eda de ret\u00e9n, lo que visto por los moros simularos emprender la retirada, haci\u00e9ndolo maliciosamente hacia la Celada alta, donde se hallaban escondidos entre los ca\u00f1averales del r\u00edo la Rambla del Agua (Ca\u00f1ada del Cementerio) unos 300 caballos y dos mil peones \u201ccomo despu\u00e9s pareci\u00f3, visto lo que hicieron en nuestro da\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p>Alarmado por la grita, visti\u00f3se apresuradamente el Gobernador interino, Don Carlos Ram\u00edrez de Arellano, llegando hasta \u00e9l un escudero de los de Arce anunciando que el rebato era s\u00f3lo por doce caballos, y que por tanto no ten\u00eda que salir ni inquietarse, ya que no era de temer se llevasen nada.<\/p>\n<p>Irrit\u00f3se por ello Don Carlos, ordenando callase, pidiendo a toda prisa un coleto y sus armas, mas como el escudero insistiera en que no ten\u00eda por qu\u00e9 salir, mont\u00f3 en c\u00f3lera, llam\u00e1ndolo \u201cmajadero\u201d, diciendo sab\u00eda dem\u00e1s lo que debiera hacer, y que en tales casos no admit\u00eda consejo de nadie&#8230;<\/p>\n<p>Y montando el caballo de aquel mismo escudero para ganar tiempo, sali\u00f3 con la gente disponible en Melilla: m\u00e1s la del Bergant\u00edn del Pe\u00f1\u00f3n, que cargaba sal para aquella isla; en junto- dice el Vicario de entonces, Bravo de Acu\u00f1a- ir\u00edan \u201ccomo 140 hombres, poco m\u00e1s\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Llegado al Fuerte de San Marcos, donde el Capit\u00e1n Arce hab\u00eda mandado hacer alto, orden\u00f3 saliesen de cada fuerte dos o tres hombres, y con todos ellos parti\u00f3 de la albarrada hasta descubrir la Palmilla, el Algarrobillo y la Celada Alta, momento en que el de Arce aconsej\u00f3 al Gobernador no pasaran de all\u00ed, pues que los jinetes enemigos, hab\u00edan escapado sin causar da\u00f1os.<\/p>\n<p>Excitados los soldados que a todo trance quer\u00edan perseguir al enemigo aclamaron el recuerdo del brav\u00edsimo Conde de Casa-Palma que gobernando Melilla desde 1625 a 1632, cosa que aviv\u00f3 el temerario valor de Don Carlos Ram\u00edrez de Arellano, que, picado, de ello, quiso demostrar su acometividad y bravura, ordenando avanzar hasta el \u201cUmbre\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p>En este momento, dos mangas de caballos enemigos, salidas de la Celada Alta, cortaron la retirada de nuestros infantes, que no lograban contener a la morisma, y tomando \u00e9sta por suya la ocasi\u00f3n, dieron contra los soldados m\u00e1s avanzados, llev\u00e1ndose 29 de Melilla, entre los que se contaban dos Cabos de escuadra, y dos marineros del Pe\u00f1\u00f3n, mientras espada en mano se hac\u00edan matar heroicamente, alrededor del bravo Don Carlos Ram\u00edrez de Arellano, el Alf\u00e9rez de la Infanter\u00eda Espa\u00f1ola Don Lope de Flomista, el Sargento Pedro L\u00f3pez, dos adalides y cuarenta y cuatro soldados.<\/p>\n<p>El Vicario de Melilla, Padre [Juan] Bravo de Acu\u00f1a, escribe al dar cuenta de este doloroso suceso: \u201cLlev\u00e1ronse la cabeza del Alcaide y las manos de otros cinco o seis\u201d, logrando solo retirarse, por resultar cortado de la fuerza de vanguardia, el valeroso Diego de Arce, que poco tiempo despu\u00e9s, en acto de osad\u00eda y hero\u00edsmo, tom\u00f3 cruel desquite de este grav\u00edsimo hecho de armas&#8230;<\/p>\n<p>El cuerpo descabezado del heroico e infortunado Ram\u00edrez de Arellano, recibi\u00f3 sagrada sepultura en la Ermita de Nuestra Se\u00f1ora de la Victoria, que estaba extramuros de la Ciudad en la Villa vieja, haci\u00e9ndosele oficio de tres nocturnos (maitines), con tres misas cantadas de cuerpo presente.<\/p>\n<p>As\u00ed termin\u00f3 el valeroso Alcaide Don Carlos Ram\u00edrez de Arellano, cuyo invencible coraz\u00f3n supo cumplir la sagrada promesa de dar, al frente de sus soldados, la vida por la Fe y por su Rey, mostr\u00e1ndose digno descendiente del famoso Conde de Aguilar, y del insigne Gonzalo Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba, el Gran Capit\u00e1n&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Francisco Mir Berlanga recoge el testigo de Fern\u00e1ndez de Castro como cronista oficial de la ciudad. En El Telegrama del Rif dedica al menos dos art\u00edculos a tan luctuoso hecho. El 1 de abril de 1952 escribe sobre este gobernador:<\/p>\n<p>\u201cEn el a\u00f1o 1645 lleg\u00f3 a visitar Melilla de orden de S.M. el Rey, don Juan Rej\u00f3n de Silva, Comendador de Villarrubia, de la Orden Militar de Calatrava.<\/p>\n<p>Era costumbre de los monarcas, enviar peri\u00f3dicamente inspectores o visitadores reales, a las Plazas de Guerra, para vejar por el cumplimiento de las Reales \u00d3rdenes, previniendo o corrigiendo los posibles abusos de los Gobernadores, cuyas facultades en los presidios de este lado del Estrecho eran tan omnimodas, que justifican el refr\u00e1n de la \u00e9poca: \u201cRey de Castilla o Alcalde en Berber\u00eda\u201d..<\/p>\n<p>Concentraban los Gobernadores en su mano, todos los poderes civiles y militares, siendo al propio tiempo que Gobernadores, Alcaides y Justicias de las Plazas de su mando, con amplia jurisdicci\u00f3n sobre las tropas y poblaci\u00f3n civil.<\/p>\n<p>Durante la visita de esos inspectores reales, se ausentaban los gobernadores, mientras duraba su juicio de residencia, regresando de nuevo a su destino, caso de serles favorable la inspecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Gobernaba en aquella saz\u00f3n la Plaza y Fuerzas de Melilla Don Gabriel de Pe\u00f1alosa y Estrada, que ejerci\u00f3 dicho cargo en propiedad desde el a\u00f1o 1637 al 1648, si bien, a la llegada del visitador real, se ausent\u00f3 de la Plaza de su mando, seg\u00fan era costumbre.<\/p>\n<p>Don Juan Rej\u00f3n de Silva cel\u00f3 el cumplimiento de las \u00f3rdenes y reglamentos \u201cexcusando muchos abusos que hab\u00eda contra lo militar\u201d, disponiendo la reparaci\u00f3n de algunas de las defensas de la plaza, que se encontraban en mal estado y prohibi\u00f3 con orden muy apretada\u201d que no se aventurase la gente de guerra en las presas y jornadas que la codicia intenta por no haber caballer\u00eda y faltar mucha infanter\u00eda de la dotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Terminaba su visita, y dictadas las prevenciones que crey\u00f3 oportunas para el buen r\u00e9gimen y gobierno de Melilla, regres\u00f3 Don Juan Rej\u00f3n a Espa\u00f1a a dar cuenta del resultado de su inspecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al marchar el Comendador de Villarrubia y en ausencia del Gobernador propietario, qued\u00f3 interinando el mando de la Plaza don Carlos Ram\u00edrez de Arellano, Caballero del H\u00e1bito de Santiago, que muri\u00f3 a manos del enemigo, v\u00edctima de su temeario valor el 18 de julio de 1646&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente en la edici\u00f3n del 18 de julio y con el t\u00edtulo de El heroico fin de don Carlos Ram\u00edrez de Arellano aparece el art\u00edculo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cA mediados del siglo XVII, la ciudad de Melilla, empieza a vivir, una de las \u00e9pocas m\u00e1s dif\u00edciles de su azarosa existencia, sometida a los incesantes ataques de los fronterizos, que obligan a sus heroicos defensores a manifestarse en continua alerta.<\/p>\n<p>Los escasos soldados que componen la Guarnici\u00f3n, eficazmente auxiliados por los \u201cdesterrados\u201d agregados al servicio de las armas, hacen frecuentes salidas al campo enemigo, para despejar los alrededores de la plaza, destruyendo los \u201cataques\u201d-trincheras de piedra y cal- desde donde los fronterizos, hostilizan continuamente la ciudad, amparados en aquellas defensas.<\/p>\n<p>Los Gobernadores en persona, dan ejemplo de valor y abnegaci\u00f3n, tomando parte en esas \u201csalidas\u201d en las que varios de ellos hallaron la muerte, combatiendo como buenos soldados.<\/p>\n<p>En la que tuvo lugar el 18 de Julio de 1646, don Carlos Ram\u00edrez de Arellano, Caballero del H\u00e1bito de Santiago y Gobernador interino de la plaza, por ausencia del titular, perec\u00eda tambi\u00e9n a manos del enemigo, v\u00edctima de su temerario valor.<\/p>\n<p>Era Don Carlos hijo de Don Felipe Ram\u00edrez de Arellano, Conde de Aguilar y Se\u00f1or de los Cameros, Gobernador que fue de Or\u00e1n desde 1608 a 1616. Y en dicha ciudad debi\u00f3 pasar su juventud el futuro Gobernador de Melilla.<\/p>\n<p>En 1633 era ya Capit\u00e1n y Sargento Mayor de la Plaza y con los citados empleos aparece en un bando dictado por el entonces Gobernador de Or\u00e1n, el Marqu\u00e9s de Flores D\u00e1vila, en el que se declara la guerra a \u201cunos al\u00e1rabes vecinos\u201d.<\/p>\n<p>Abraz\u00f3 joven, siguiendo la tradici\u00f3n familiar, la carrera de las armas, distingui\u00e9ndose siempre por su extraordinario arrojo, en las numerosas algaradas, que la plaza de Or\u00e1n efectu\u00f3 sobre los territorios insumisos, por lo que lleg\u00f3 a Melilla, precedido de justa fama de soldado valeroso, como acredit\u00f3 el d\u00eda de su muerte, ocurrida en una emboscada de los fronterizos\u201d.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n sigue el relato del vicario eclesi\u00e1stico de entonces don Juan Bravo de Acu\u00f1a, anteriormente expuesto.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en su obra Melilla la desconocida .Historia de una ciudad espa\u00f1ola, en uno de los cap\u00edtulos relata la tr\u00e1gica historia del alcaide Carlos Ram\u00edrez de Arellano.<\/p>\n<p>A lo anteriormente expuesto a\u00f1ade:<\/p>\n<p>\u201cDon Gil Navarrete, primo de Don Carlos, que se encontraba accidentalmente en Melilla, se hizo cargo de la Alcald\u00eda, pidiendo a M\u00e1laga los urgentes auxilios, que requer\u00eda la grave situaci\u00f3n de la Plaza.<\/p>\n<p>El Rey, desde Zaragoza, [hace referencia a Felipe IV], con fecha 10 de Agosto de 1646 envi\u00f3 una carta a la Ciudad de M\u00e1laga, d\u00e1ndole las gracias por el Socorro prestado a Melilla.<\/p>\n<p>Su sucesor, Don Luis de Sotomayor, ocup\u00f3 poco tiempo el cargo porque despu\u00e9s de realizar varias salidas afortunadas al campo enemigo, cay\u00f3 en una emboscada, siendo muerto con veinticinco de sus hombres el 6 de Mayo de 1649. Era el segundo Alcalde que mor\u00eda en defensa de la Plaza\u201d.<\/p>\n<p>Estos fueron los hechos ocurridos en aquella luctuosa jornada de julio de 1646. A d\u00eda de hoy la figuras de ambos alcaides, Carlos Ram\u00edrez de Arellano y Luis de Sotomayor se mantienen vivas en el recuerdo gracias a las dos calles que ostentan los nombres de ambos.<\/p>\n<p>[Bibliograf\u00eda: Gabriel de Morales. Efem\u00e9rides de la Historia de Melilla (1497-1913). UNED Melilla. 1996]<\/p>\n<p>Francisco Mir Berlanga. Melilla la desconocida. Historia de una ciudad espa\u00f1ola.1990][\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][us_grid post_type=\u00bbattachment\u00bb images=\u00bb8780,8781,8782,8783,8784&#8243; items_layout=\u00bbgallery_default\u00bb columns=\u00bb4&#8243; img_size=\u00bbus_350_350_crop\u00bb overriding_link=\u00bbpopup_post_image\u00bb][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text]Cuando visitamos los recintos fortificados de la Vieja Melilla, al pasar por plaza de Armas, podemos observar un monumento en 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