Conociendo nuestro patrimonio Baluarte de las Cinco Palabras o del Veedor

Pequeño baluarte cuadrado, que en los planos antiguos figuraba como un reducto donde se tenían a los moros de la Alafía, es decir, los moros de paz los que comerciaban con la plaza.

A mediados del siglo XVIII se transformó en lugar de las ejecuciones y desde entonces se le conoce con el nombre de “Las Cinco Palabras”. El reo daba comienzo al Credo:  “Creo en Dios Padre Todopoderoso”, al llegar a la quinta palabra se le daba muerte.

El precedente de este baluarte, durante todo el siglo XVI y XVII fue un simple torreón que cerraba por el lado norte las murallas de la Alafia. En  el plano de 1604  aparece ya esta edificación, designándolo como “el reducto donde se tienen los moros de Alafía”.

La trascripción de Alafía es “Paz o Tregua”, se entiende entonces que este torreón era un lugar donde los comerciantes musulmanes que venían a Melilla podían pernoctar o realizar sus intercambios.

A finales del siglo XVII era llamado el torreón del Veedor, y soportó todo el peso artillero defendiendo al fuerte de Santiago que había sido construido junto a él.

En la cara norte del torreón había una puerta, coronada por un blasón heráldico, que daba acceso al citado fuerte desde el foso del Hornabeque, salvado el foso de los Carneros a través de un puente levadizo.

El escudo citado es descrito en la obra Melilla la Vieja en su heráldica: una propuesta didáctica para el descubrimiento de la ciudad,  de Miguel Martínez Duarte y Antonio Bravo Nieto:

“Situado sobre la puerta de Cinco Palabras, en el puente levadizo entre el Tercer y Cuarto Recinto, corresponde a las armas del gobernador Alonso Guevara Vasconcellos (1719-1730). Durante su gobierno fueron transformados gran parte de las murallas de Melilla, modernizando su tipología.

Es idéntico al que campea actualmente sobre la puerta de acceso al Hornabeque, aunque éste se encuentra en peor estado de conservación y curiosamente presenta las barras del primer cuartel invertidas.

Es un escudo cuartelado: con el primer cuartel tiene cinco filetes en barra, en el segundo un castillo coronado por un águila, figura que se repite (doble) en el tercer cuartel, y en el cuarto cinco pamelas (corazones) en aspa.

Presenta unos timbres (adornos exteriores) muy desgastados, entre los que pueden verse un remate de corona, así como unos acantos en la base del escudo, entre los que destacan dos cañones.”

En 1721 era llamado Baluarte de San Francisco, y debido a la irregularidad del terreno donde estaba enclavado, no sufrió las transformaciones del resto del Tercer Recinto. Por esta razón en 1729 se proyectaba reconstruirlo en un baluarte perfecto, ampliando considerablemente sus proporciones, pero no llegaría a realizarse nunca.

Su capacidad artillera comprendía dos cañoneras en su flanco sur para flanqueo del foso de los Carneros pero en su cara Este y Norte era un simple parapeto atronerado al fusil, sin artillería, completamente dominado desde la altura del Cubo.

El foso del baluarte no tenía defensa por esta razón, ya que sus caras eran paralelas a las cortinas, debido a la irregularidad de su morfología.

En 1740, recibía ya el nombre de baluarte de LAS CINCO PALABRAS y distintas obras y edificaciones adosadas a finales del siglo XIX desdibujaron considerablemente, y hasta hoy día, su estructura primitiva. También se destruyó el parapeto aspillerado para fusilería por estas fechas.

Jesús Miguel Sáez Cazorla en su bloc “Patrimonio Cultural Melillense” expone las siguientes líneas sobre este baluarte:

“Es el elemento más difícil de catalogar debido a su gran pérdida tanto en su base como en sus murallas. Se alza sobre un aglomerado de rocosa calcoarenítica de 14 m. de altura sobre el mar presentando en su flanco Este grandes cárcavas producidas por la erosión del fuerte oleaje de Levante.

Sus murallas originales están prácticamente desaparecidas mostrando alrededor algo más de su cimentación, salvo en el extremo norte, muestra un paño de unos 6 metros de altura desde su poterna. Su fábrica es de sillarejo con encintado de ladrillo estableciendo un modelo de aparejo claramente medieval.”

 

La Consejería de Medio Ambiente de la Ciudad Autónoma de Melilla encargó al arquitecto Mateo Bazataquí la rehabilitación de este baluarte. En su artículo publicado en la revista AKROS aporta la información siguiente:

 

“El Baluarte de Cinco Palabras o la Torre de Alafía se encuentra situada en el extremo NOR-ESTE del Tercer Recinto Fortificado de la ciudad de Melilla, antigua Rusadir.

Datándose su existencia desde el Siglo XVI y siendo por tanto el último y único vestigio de muralla o defensa medieval que queda en los cuatro recintos fortificados de Melilla…

En el flanco Nor-Este de la Torre de la Alafía, existe un puente, antiguamente levadizo que comunicaba la Torre con el Cuarto Recinto Fortificado, sobre el Foso de los Carneros y concretamente comunicaba la Torre con el Fuerte de Santiago…

La torre además de esta comunicación con el cuarto recinto y con el tercero a través de los adarves antes mencionados, se comunicaba con este recinto a través de una poterna, que aun existe y desde la cual sale una galería que comunicaba dicha poterna con el foso del puente levadizo para asegurar su defensa, convirtiéndola de esta forma a la torre en “Torre Caponera”.”

Continua haciendo mención a las antiguas murallas de la ciudad:

“El final del mundo clásico y la llegada de los musulmanes al Norte de África, hacen renacer la antigua Rusadir que asume el nombre de Melilla que vuelve a contar con nuevas obras de murallas. Así, se documentan sólidas murallas durante la época califal, muros de piedra con fosos y torreones, que son reedificados en época medieval y almorávide.

La ruina y el abandono de la antigua ciudad, provocan la llegada de las tropas españolas, que desde 1497 rehacen las antiguas murallas, levantando muros y torreones desde los antiguos cimientos.

Estas antiguas murallas, desde ese año han venido reedificándose. Y actualmente, en todo el perímetro fortificado de Melilla la Vieja, no quedan apenas restos de estos muros, salvo en la parte de muralla que nos ocupa.

Este hecho, el que la casi totalidad de las murallas de Melilla han sido transformadas a lo largo de la historia, y que en este sector, todavía se conserve una tipología medieval, se explica por varios condicionantes:

En primer lugar, Pedro de Estopiñán y Ramiro López, levantaron nuevos muros utilizando la base de las ruinas anteriores, entre ellas los restos de la torre conocida posteriormente como Cinco Palabras. Durante toda la primera mitad del siglo XVI, se consolida este circuito de muros y torres que formaban las murallas de la Alafía, el recinto más externo de Melilla la Vieja. Eran muros de tipología irregular, con torreones de formas diversas que conocemos bastante bien por diversos planos. En uno de 1604 se aprecia perfectamente su morfología, que no había prácticamente nada desde un siglo antes que se iniciaran las obras.

En este plano de 1604, ya aparece la figura del torreón de Cinco Palabras, que se designa como “el reducto a donde se tienen los moros de Alafia”. La transcripción literal de Alafía puede llevarnos hacia la idea de paz o tregua. En definitiva, que el torreón sería un lugar donde los comerciantes musulmanes que venían a Melilla podían pernoctar o realizar sus intercambios.

Esta tipología de la zona de muralla va a permanecer intacta hasta las grandes reformas del siglo XVIII, cuando los ingenieros se vieron obligados a transformar radicalmente toda la zona ante los intensos ataques del sultán de Marruecos.

[Bibliografía: Melilla la Vieja. Plan Especial de los Cuatro Recintos Fortificados. Salvador Moreno Peralta, Antonio Bravo Nieto, Jesús Miguel Sáez Cazorla.1999.

Cuadernos de Historia. Constantino Domínguez Sánchez. Asociación de Estudios Melillenses.

Restauración y rehabilitación de “Torre de la Alafía o Baluarte de Cinco Palabras. Mateo Bazataquí Gorgé. Revista AKROS Nº7.2008

Baluarte de Cinco Palabras. Jesús Miguel Sáez Cazorla. Patrimonio Cultural Melillense.Bloc

Melilla la Vieja en su heráldica: propuesta didáctica para el descubrimiento de la ciudad. Miguel Martínez Duarte y Antonio Bravo Nieto. Libros de la Ludoteca. Ciudad Autónoma de Melilla.1997]

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