Conociendo nuestro patrimonio Baluarte de San José Bajo (II)

Los autores del PERI (Plan Especial de los Cuatro Recintos Fortificados) hacen alusión a esta obra de fortificación:

“Sobre los restos de un pequeño torreón de la muralla de la Alafía, el gobernador Zúñiga de la Cerda, comenzó a construir un fuerte cuadrado en 1694; dos años después, era sólo un fuerte “en alberca” pues únicamente estaban construidos sus muros, por lo que en este año fue terminado, dotándosele de artillería.

En 1699, un temporal de levante destruyó el fuerte (situado a escasos metros del mar) y el gobernador Canal y Soldevilla lo transformaría en baluarte según idea del ingeniero Felipe Martín de Paredes; la reconstrucción fue ordenada en un consejo de Guerra presidido por el rey Carlos II. En la fábrica se aprovecharía una de las caras del viejo fuerte y se harían nuevas otras tres. Este nuevo baluarte disponía de unas galerías de minas en su base, que circundaban la cortina hasta el Llares.

No obstante, la remodelación definitiva la llevó a cabo el gobernador Ungo de Velasco entre 1711-1714, dándole el aspecto que conserva en la actualidad.

Este baluarte constaba con tres cañoneras con merlones en su flanco oeste, dos cañoneras y dos pedreros en su cara sur, y tres cañones a barbeta en su cara y flanco este, aunque a veces dispondría de menos piezas artilleras de las que estaba dotado (1764).

En 1773, el ingeniero Juan Caballero informaba que el baluarte estaba en mal estado y debía repararse con un buen talud de mampostería, pero hasta 1790 no se hicieron las obras.

Este año, el ingeniero Segismundo Font reconstruyó San José Bajo en su cara y flanco oeste, haciéndole un revestimiento de mampostería con declivo para sostén del muro anterior, tal como permanece hoy día.

A finales del siglo XIX sufrió los añadidos de varios edificios. En 1891 en su cara este, se construiría un edificio (destinado posteriormente a comisaría), y en 1897, en su flanco este una academia de dibujo.

Por estas fechas se derribaba la luneta de Santa Isabel, en el ángulo flanqueado del baluarte, construyéndose en su lugar una casa cuartel de la Guardia Civil. También se produjeron diversas construcciones (pabellones, en el terrapleno superior del baluarte, cara sur y flanco oeste.

Estos pabellones fueron derribados posteriormente y en 1987, a instancias del Colectivo de Amigos de Melilla la Vieja, se demolió el edificio de comisaría y el muro de la antigua academia de dibujo, siendo llevadas a cabo estas obras por el Ayuntamiento.

Desde este momento quedaron visibles todas las caras y flancos del baluarte. Destacaremos en ella una entrada a las antiguas galerías de minas de circunvalación de la Alafía, y el flanco este, que conserva perfectamente visibles en sillares la cara del antiguo fuerte de 1694.

Con posterioridad se produciría una intervención sobre una de las caras del baluarte por parte de la escuela taller de Melilla.

Francisco Saro Gandarillas en su obra Estudios Melillenses escribe también sobre esta obra de fortificación:

“El baluarte de San José el bajo, cuya explanada se encuentra hoy en mal estado de conservación y limpieza, nace a finales del siglo XVII, en plena fiebre de la fortificación, bajo las directrices del famoso Vauban (1633-1707) en aquella época en su mayor cota de aceptación, y según los cuales se daba una relevancia especial al sistema de baluartes destacados, de los que hoy constituye un ejemplo característico el fuerte de Victoria Grande.

El nuevo tipo de frente abaluartado va sustituyendo en el tiempo a las antiguas concepciones de fortificación medieval y renacentista.

Gabriel de Morales dice que el baluarte se construyó de piedra y barro, y que el mar se lo llevó poco tiempo más tarde, reparándose provisionalmente con un entramado de tablas de cama, de las que el primero en ceder la suya fue el gobernador don Domingo de la Canal. Sin embargo, debe más bien creerse que lo que pretendió construir Zúñiga, su antecesor, fue un fuerte, no un baluarte.

Efectivamente, don Nicolás Vázquez, en una memoria existente en el Servicio Histórico Militar, datada en 1722, menciona esta circunstancia y añade que don Antonio de Zúñiga, quien lo comenzó, lo había dejado en alberca (sin explanada), terminándolo don Domingo con su foso y su mina de comunicación a la Plaza.

De una memoria hecha en 1763, cuya copia viene firmada por el Veedor don Francisco Llorente y Perea, se saca la conclusión de que, en aquel año, de “la mina de comunicación a la plaza y otras partes desde el mar de poneitne a la de levante” ya no quedaba nada, mencionándose, a su vez, que el fuerte de San Joseph el bajo se había caído en tiempos de don Domingo de la Canal, habiendo construido éste, en su lugar, el baluarte del mismo nombre, comunicando por su gola con la Alafía y su muralla.

Tenía el baluarte en esta fecha, en su flanco al oeste, un cañón y cañonera para otros tres; la cara al Sur disponía de dos cañones y dos pedreros, y la cara y flanco al Este, si bien capaces para tres cañones a barbeta, no tenía ninguno.

Aunque Morales asegura que el baluarte se restauró de un modo definitivo en 1714, en el reconocimiento que don Juan Caballero practicó en Melilla poco antes del asedio de 1774, afirmaba que “San José el bajo está en muy mal estado, cuarteada su cara y parapetos, hundidas su explanadas y, por consiguiente, imposibilitado de concurrir a una defensa”.

Más adelante en su informe, aclara que, “su cara y flanco izquierdos (estaban) quebrantados”, sin duda por la “falta de talud con que hoy se halla”, aconsejando que se formaría este en “figura de recalzo con el sexto de su altura, de lo cual resultará el quedar con bastante solidez esta obra para el uso del cañón y regularizada su defensa.

No sabemos la incidencia que el mencionado sitio tuvo sobre el baluarte en cuestión, pero si que el inevitable son Segismundo Font, ingeniero director de los Reales Ejércitos y de la Costa de Granada, quien ya había estado por Melilla, de teniente coronel, en 1764, con la comisión que vino a dictaminar sobre el posible abandono de la Plaza, hacía observar en 1790 que el baluarte citado tenía la cara y flanco adyacente a la cortina “quebrantados” e incapaces de sostener la artillería”, estando aprobado por el Rey su edificación, la cual no se había llevado a cabo por el temor de que, en aquellas circunstancias, el enemigo circundante aprovechara las obras para hacer alguna de las suyas.

Se había resuelto, en definitiva, hacerle un revestimiento de mampostería “con el espesor y declivio suficiente para sostener el muro actual”, con quien quedaría bien trabado, al objeto de evitar el tener que demoler la obra existente y quedara esa parte de la fortificación descubierta durante un tiempo.

Las obras aconsejadas por Font debieron llevarse a cabo porque entre los defectos observados que figuran en el texto del Plano de Melilla de 1800 (en la Comandancia de Obras) no se hace mención de los anteriormente descritos.

Como al principio decía, la disposición del baluarte de San José el bajo tenía una razón y varias funciones a cumplir.

El flanco adyacente a la cortina, con tres cañoneras y parapeto de 6 pies de grueso y 7 y medio de altura, defendía al fusil la falsabraga, por encima de la poterna de salida al foso de los Carneros, y con el cañón. El camino cubierto y foso; con defensa fijante, el fuerte de San Miguel (donde hoy está el hotel Ánfora), batería de su guardafoso y parte de su comunicación: flanqueaba la cara y flanco de la luneta de San Felipe (por delante del baluarte de San Fernando), y “ofendía” parte de los huertos y vega enemiga.

La cara continua al flanco anterior, con iguales parapetos y dos cañoneras, dominaba la luneta de San Isabel (donde hoy está el cuartel de la Guardia Civil), enfilaba el interior de la cerca de los antiguos huertos por la parte que daba al mar y la desembocadura del río, sus ataques, y los de Tarara y San Lorenzo.

La cara y flanco al este, eran defendidas por la batería del Príncipe (antigua de Santa Rosalía), eran capaces para tres cañones a barbeta y defendían el fondeadero y el frente al sur del recinto de la Plaza.

El baluarte, a su vez, era defendido en su conjunto por el torreón de Santiago (o de la Avanzada) y por el adjunto de San José el alto.

En la distribución de la Artillería que aconsejaba la comisión para la defensa de Melilla en caso de sitio (1773), figuraban dos cañones de calibre 12 y uno del 8, en el baluarte bajo.

No parece que San José bajo haya sufrido reforma alguna de importancia desde finales del siglo XVIII: el deterioro que el tiempo inclemente ha producido en él, habremos de cargarlo en la cuenta de la desidia gubernamental durante todo el siglo XIX y la indiferencia de nuestros conciudadanos durante este siglo.”

[Bibliografía: Antonio Bravo Nieto, Jesús Miguel Sáez Cazorla. El baluarte de San José Bajo. Cuadernos de Historia de Melilla. Asociación de Estudios Melilleses.1988

Antonio Bravo Nieto, Salvador Moreno Peralta, Jesús Miguel Sáez Cazorla. Melilla la Vieja. Plan Especial de los Cuatro Recintos Fortificados. Ciudad Autónoma de Melilla. 1999

Francisco Saro Gandarillas.Estudios Melillenses. Notas sobre urbanismo, historia y sociedad en Melilla. Ciudad Autónoma de Melilla.1996]

Menú