Conociendo nuestro patrimonio El Muro X

Lo que hoy conocemos como Avenida General Macías con viviendas y algunos establecimientos comerciales y hosteleros tuvo en los últimos años del siglo XIX y principios del XX un aspecto bien distinto debido en gran parte al denominado “Muro X”.

Para conocerlo acudimos, como siempre a los trabajos de investigación histórica realizada por diversos autores.

Nuestro cronista oficial, Antonio Bravo Nieto en su obra La construcción de una ciudad europea en el contexto norteafricano, hace alusión a esta zona del Mantelete:

“… y volvamos a la planificación abordando el proyecto firmado por Tomás Moreno Lázaro a partir de 1917, sobre la zona del Mantelete, y sobre todo la calle General Macías, frontal de la ciudad ante el puerto.

Este proyecto no hacía sino ampliar lo planificado por la Gándara para esta zona. El problema estaba en intentar dar un aspecto digno a una zona bastante degradada, llamada muro X, y compuesta por cantinas, pequeñas tiendas y algún tugurio, todos de planta baja y que ofrecía por entonces una imagen que se consideraba poco adecuada; si se había realizado la monumental Plaza de España a la entrada misma de la ciudad, esta calle, que arrancaba del puerto y conducía directamente a la Plaza, debía ser igualmente digna.

El proyecto contemplaba la definición de rasantes, nuevas alineaciones y la construcción de un «Boulevard» que Moreno Lázaro firma el l2 de mayo de 1918, con un aspecto monumental a través de una arquitectura pretenciosa y grandielocuente, que le valdría ni más ni menos que el calificativo de «absurda» por parte de Leopoldo Torres Balbás.

Este Boulevard no llegaría a ser una realidad, pero la idea de transformación de esta «fachada>> de la ciudad se llevó a cabo durante el mandato posterior de Cándido Lobera, que demolería las casetas y construiría unas pérgolas en su lugar. Finalmente, y mucho más tarde, el arquitecto Pedro Muguruza O raño volvería sobre el mismo lugar, proyectando otra arquitectura (no menos pretenciosa que la de Moreno Lázaro), a base de pórticos cubiertos y aires neoherrerianos que aún puede distinguirse en algunos de los edificios de esta calle.

Francisco Saro Gandarillas en un artículo dedicado al barrio del Mantelete hace también mención a este lugar:

“En 1875, después de la desviación del río de Oro, que anteriormente desembocaba a la altura del lugar en que hoy se encuentra el Club Marítimo después de atravesar el terreno hoy ocupado por el Parque Hernández y Plaza de España, y en el ganado al mar por los aluviones del se levanta el muro X, muro conocido por buena parte de los melillenses de hoy y que se alargaba entre el torreón de la Cal, junto a la puerta de la Marina, y un punto cercano a la fachada suroeste del edificio municipal; desde ese punto se unía por mediación de una muralla con la torre y Santa Bárbara, situada 30 metros por delante del actual Banco de España, torre que fue derribada en abril de 1911 por necesidades de la urbanización.

En esta muralla estaba la puerta del campo, puerta de salida del Mantelete al llano de Santiago y de donde partan las tres carreteras que enlazaban el Mantelete con los barrios exteriores, las del Polígono, Buen Acuerdo y Triana, hoy convertidas en Avenida, Marina y García Valiño.

Después de la campaña de Tetuán, firmado el convenio de 1861 por el que se reconocía y ampliaba el campo exterior de Melilla, la ciudad pareció encontrar una nueva posibilidad de expansión a su constreñida, existencia, encerrada en las murallas de la maltratada ciudad alta.

Desde 1864 en que desaparece la limitación anterior se permite la libre residencia en la plaza de Melilla a todo aquel que quiera establecerse en el nuevo territorio de soberanía, disposición confirmada en 1870 y con la que se inicia la colonización (lenta colonización) del campo exterior.

Poco a poco llega la nueva población y ya en 1880 fue totalmente imposible acogerla en la vieja ciudadela, por lo que fue preciso autorizar el montar, dentro del Mantelete barrancas desmontables de madera con el fin de paliar el problema.

Entonces el Mantelete estaba dividido, dentro del perímetro de sus murallas, en dos partes, separadas por un muro que se extendía desde el Cuartel de San Fernando (hoy Policía Nacional) hasta la luneta dé Santa Isabel (hoy, en su lugar, el cuartel de la Guardia Civil) y desde allí al Muro X, junto a la puerta de salida a la mar hacia la mitad del muro.

Las barracas fueron instaladas en el interior de este recinto, bajo las murallas de la Plaza de Armas. En 1886 había ya 115 barracas que albergaban tiendas, tabernas e incluso 9 prostíbulos. Un cronista de la época daba el número de 393 familias ocupantes de estas barracas, en unas condiciones de vida, que hoy nos parecen lamentables pero que entonces eran un recurso necesario y aceptado por la carencia de viviendas.

En 1888 se autorizó la venta de solares en el Mantelete interior, por lo que las barracas fueron trasladadas al exterior, en el espacio disponible entre el muro divisor y la muralla de Santa Bárbara.

Los solares desalojados fueron subastados y a finales de 1891 estaban terminadas las nuevas viviendas, que son las cuatro manzanas que hoy ocupan el fondo del barrio cercanas a la muralla.

Desde que en 1900 se autoriza la construcción de casetas en la parte del muro X que mira al mar el interés por el torreón de las Cabras, centro hasta entonces de la vida social .melillense se desplaza al nuevo paseo.

Los concesionarios de las casetas se encargan de rellenar el terreno, ganando al mar el espacio suficiente para convertir el antiguo playazo en paseo amplio y cómodo.

En él se establece el Casino Español, se crea una sección del Casino Militar, se abre el café de Cabo, nuevo mentidero de la ciudad, donde por quince céntimos el café se podían matar las horas en amigable tertulia, se instalan el restaurante de la Marina, el Diván España, la cervecería de la viuda de Galbán; allí se levanta la Gran fábrica de gaseosas de Ramón Espinosa, el café de Moyano, la Unión Recreativa, lugares y personas que pasando el tiempo, y ante la inminencia de la construcción del puerto, abandonarían el muro. para integrarse en el nuevo barrio, que desde 1909, habría de surgir en el Llano de Santiago.

En el paseo del muro X, paseo que desde mayo de 1903 pasó a denominarse del general Macias, aunque nunca perdió su primitivo nombre hasta que fue derribado, se celebraban las fiestas y carnavales de Melilla, los antiguos y añorados carnavales en los que todo el mundo participaba y en los que no era imposible encontrar disfrazados alguno de los serios coroneles de la Plaza.

También desde el paseo podía contemplarse el único espectáculo que de forma habitual se ofrecía a la población: la llegada y partida de los viejos correos, el «Mahón» y el «Sevilla»; para cerciorarse de que el correo no iba a faltar ese día, muy cerca del muelle, en la caseta de la Compañía de Mar, podía encontrarse el meteorólogo oficioso de Melilla, el teniente Morán, hombre amable alrededor del cual se cedan las esperanzas y frustraciones de los que esperaban en el muelle la llegada de algún familiar o de alguna noticia.

Todas las anteriores circunstancias contribuyeron a hacer del muro X y su paseo uno de los lugares más representativos de la Melilla de principios de siglo, lugar que hoy añoran con tristeza y nostalgia algunos pocos supervivientes de aquella época amable.”

 

En El Telegrama del Rif durante 1906 aparecieron publicadas unas columnas escritas por Enrique Blanco, tituladas Postales de Melilla. El sábado 18 de agosto aparecía una dedicada a este lugar:

“Aun cuando oficialmente es conocido por Paseo del General Macías la fuerza de la costumbre del público melillense, hace siga llamándose Muro X,el lugar de recreo y solaz veraniego de la Plaza, que al pie de la vieja ciudad se extiende largo y estrecho, buscando salida por la pequeña puerta de su término, en las anchurosas avenidad del Paseo de Hernández.

Sufriendo embates de las olas, que atropellándose y arrollando espuma, saltan el muro que los separa de la tierra firme, o dejándose acariciar por las que mansas se deslizan sin ruido, ofrece al presente frescura de brisas húmedas que nos envían las Peninsulares costas; y el espectáculo nunca cansado de la contemplación de un mar inmenso, que se extiende, alejándose en suave curvatura, formando hemosa y natural había esperanzas de futuro Puerto.

A la derecha, los montes se yerguen altivos y magestuosos, mostrando sus laderas grises y sus faldas salpicadas de manchas verdosas formadas por plantaciones de arbolado y de chumberas; y a la izquierda dominada por la torrecilla del reloj y adornada por los múltiples balconcillos de las casas, asoma por las murallas de Melilla, ávida de contemplar su progreso manifestado por el reciente desarrollo de sus barrios exteriores.

La bien dirigida música del Regimiento, hace oir acordes, sones de armónicas notas, a unos cuantos amadores del divino arte que la escuchan desde los cafés inmediatos o agrupados alrededor de los artistas; en tanto que la mayoría disfrutan del fresco cómodamente sentados en las mecedoras del Casino, o pasan y repasan a lo largo de la muralla al lado de ellas que lucen su hermosura.

Corros de sillas, grupos de meses y veladores, focos de luz que salen de los establecimientos, iluminando sus fachadas, animan el cuadro formdo por las figuras que se mueven y los que contemplan el desfile, perdida la mirada en las negruras del horizonte que de rato en rato deja ver en parpadeo gigantesto la luz del faro de las islas Chafarinas.”

[Bibliografía: Antonio Bravo Nieto. La construcción de una ciudad europea en el contexto norteafricano. Ciudad Autónoma de Melilla.1996

Francisco Saro Gandarillas. Estudios melillenses:notas sobre urbanismo, historia y sociedad,Ciudad Autónoma de Melilla,1996

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