Conociendo nuestro patrimonio El Teatro Kursaal (I)

En el antiguo barrio Reina Victoria, hoy Héroes de España se asentó el Teatro Kursaal el mismo que posteriormente se denominaría Nacional para pasar a su primitivo nombre hace ya algunos años.

Una historia, la de este edificio situado en la confluencia de las calles Cándido Lobera y Pablo Vallescá, repleta de pequeñas historias que desde la Fundación Melilla Ciudad Monumental recopilamos para darlas a conocer.

Comenzaremos por lo publicado en 2010 por el doctor en Historia Salvador Gallego Aranda, gran conocedor de la obra de Enrique Nieto:“

“Los solares sobre los que hoy se asienta el Cine Nacional —190, 191 y 192 del Barrio Reina Victoria— quedarán desiertos en las licitaciones de 1910, debido a su desfavorable ubicación con respecto a la arteria principal de la urbe —actual Avda. de Juan Carlos I Rey—.

Dos años más tarde, y de forma provisional, se cederán en usufructo a D. Isidro Ribas Pujol y D. Antonio Carbonell Pages, para la instalación de un skating rink (pista de patinaje)-bar y cinematógrafo.

Proyectado por el Sr. Nieto, con fecha 25 de septiembre de 1912, será autorizada su construcción el día 8 del mes siguiente, siendo concluido, a finales del mismo año, con la denominación de «Salón de Recreo Kursaal» —patinaje, atracciones, deporte y café— y dedicando la función de apertura á beneficio/ de la Comisión Central de la Cruz Roja/ Española de esta Plaza (sic), cuya inauguración tendrá lugar el 23 de diciembre de 1912.

Este barracón de madera con carpintería interior de diseño vienés, dará paso al trazado pétreo que dignificará su estilo, en el proyecto de «Cine Kursaal» que redacte, en diciembre de 1929, el arquitecto barcelonés para el empresario D. Rafael Rico Albert —y Sr. Rojo—.

Los planos, informados favorablemente por el arquitecto municipal Sr. Jalvo y revisados por la Comisión Visitadora de Espectáculos Públicos —4 febrero 1930—, serán autorizados por la Comisión Permanente de la Junta Municipal, en sesión de 20 de febrero de 1930, comenzándose el derribo del anterior «Salón Kursaal» el 19 de mayo del mismo año.

No llega a diez meses el tiempo de ejecución de las obras, en las que participarán activamente, bajo la dirección del Sr. Nieto, el contratista D. Pedro Martínez Rosa, los talleres de escultura y ornamentación de D. Vicente Maeso y de carpintería y ebanistería de D. Adolfo Hernández, que se inaugurarán el 31 de octubre de 1930.

Cinco años más tarde —noviembre de 1934—, bajo el trazado del arquitecto, se procederá a completar las instalaciones de exhibición existentes, con la construcción de un escenario que permita la representación, en su caso, de funciones teatrales. Las obras se desarrollan en el solar 190, que linda con la Cámara Oficial de Comercio,

y que sería solicitado —8 febrero 1915— por su presidente Sr. Vallescá, para la ampliación del Museo Comercial —instalado en los bajos del 189—.

El «Teatro Kursaal» quedará constituido por tres plantas —800 y 400 butacas—, situando su ingreso en la calle Cándido Lobera —con las taquillas a los lados—, por donde se accederá al vestíbulo que dará paso, directamente, al patio —con final en el proscenio y orquesta— y, por las escaleras laterales, a los anfiteatros superiores.

En el primer piso se instalará, hasta la construcción del escenario, la cabina, con entradas laterales al anfiteatro que situará, en sus brazos extremos, la línea de palcos. Su antesala cobijará el foyer —vestíbulo—, los servicios y, separado por rejería central, el «ojo de patio» que ofrecerá la visual del recibidor de su planta baja.

El segundo anfiteatro, de igual distribución, albergará la contaduría y dará fin, en su superficie central, a la visión del foyer inferior.

De su fachada principal, destaca el gran ventanal abalaustrado de la sección central con terminación curvilínea, donde quedaba cobijado, entre estrellas, el

nombre de «Cine Kursaal».

A sus lados, pilastrones con acanaladuras geométricas, círculos y estilizaciones vegetales, rematados en los piramidiones centrales —hoy desaparecidos— de su cornisamiento.

Señalar, también, las enormes molduras de las puertas —junto a la de la derecha se asienta la cartela—, que relacionan los dos primeros pisos, así como la

unión del recercado para las luces de las plantas superiores.

Su composición recuerda a la elaborada para el «Teatro Apolo-cine Losada» —en la calle Paz Novoa, Orense—, en febrero de 1926, por el arquitecto D. José Antonio Lorenzo Vargas —inaugurado en 1928—.

La fachada lateral muestra el primer proyecto en su tramo inicial, y la ampliación subsiguiente, en el posterior, compensando su fisonomía apaisada, en la verticalidad de sus elementos estructurales, que permite definirlo dentro de la tipología de los nuevos «Templos oscuros» del siglo XX.

A las reformas llevadas a cabo, del 20 de junio al 27 de octubre de 1951, le sucede, después de la realizada en 1969, actualmente, el Proyecto de Ejecución de las Obras de Ampliación, Remodelación y Restauración del Teatro «Kursaal-Nacional» de Melilla, del arquitecto Dr. D. Rafael García Diéguez —planimetría a 8 de enero y memoria técnica en marzo de 2008—, con un presupuesto de 6.418.738’94 euros, promovido por la Consejería de Fomento de la Ciudad Autónoma, una vez adquirido el inmueble a su último propietario D. José Pérez Hurtado y adjudicadas a la empresa almeriense Jarquil.

La polémica política y técnica, de su adquisición y reforma, se ha visto aliñada con la aparición de restos humanos —octubre 2009—, finalmente, como nos informa el periodista Alfonso Núñez, en palabras del Sr. Marín, «sin interés arqueológico».”

El 24 de diciembre de 1912 en El Telegrama del Rif figuraba la siguiente noticia sobre este teatro inaugurado el día anterior:

“El Kursaal

¿Quién no tuvo estos días la curiosidad de humear un poco en el salón anoche inaugurado? Seguramente muy pocos habrán dejado de visitar el Kursaal, esa nueva y magnífica sala de espectáculos, honra de Melilla.

Los propietarios, señores Jorro y Rivas, se han mostrado espléndidos en el conjunto y en el detalle. La pista tiene mayores dimensiones que la mayor de España y que muchas del Extranjero; las galerías resultan amplias, como los palcos, cuyo piso, cubierto de alfombras, los hace más confortables. Los dos de las autoridades están amueblados con verdadero gusto.

Escudos de España entre banderas nacionales y de la benéfica institución entrelazados con guirnaldas, cubrían las columnas; los arcos voltaicos y las lámparas de incandescencia arrojaban raudales de luz; la sala se ofrecía deslumbrante.

A las diez, era punto menos que imposible abrirse paso; nunca con más propiedad pudo aplicarse el conocido tópico de que en el Kursaal se había dado cita todo Melilla, el que bulle y figura, el que da realce a las solemnidades.

Mujeres hermosas y encantadoras jóvenes constituían el mayor atractivo de la fiesta benéfica organizada por la Cruz Roja ante reiterados deseos de los propietarios.

El Excmo. Sr. D. José Cabellos y los miembros de la Directiva de la Sociedad señores Carranza, Izaguirre, Antoine, García Alix, Delgado, Moreno, Alzugaray, Brunet, Bizquerra y Solanilla en unión de los propietarios, hacían los honores.

El programa se cumplió en todas sus partes; hubo sesión de patinaje por bellas señoritas y distinguidos jóvenes; exhibición de interesante películas cinematográficas; y por último, animado baile, que amenizó la música del regimiento de África, y se prolongo hasta las dos y media de esta madrugada.

Expertos jugadores de “bowling” mostraron su destreza en el entretenido deporte.

Una sección de la Cruz Roja, con sus jefes, oficiales y clases, asistió también al acto que honraron con su presencia los Excmos. Sres. Generales Aldave, Saiz-Pardo, Urzaiz y Aizpuru.

Distinguidas señoritas expendieron en pocos minutos papeletas para la rifa que ha reforzado los cuantiosos ingresos obtenidos por entradas.

Fue la inauguración del Kursaal un éxito superior a cuanto podía imaginarse. La Cruz Roja y los señores Jorro y Rivas, están de enhorabuena.

Bien merecen estos últimos que el público premie los sacrificios que han realizado para proporcionarnos un esparcimiento gratísimo, culto e higiénico.”

Cuatro días después el Kursaal volvía a ser noticia:

“Continúa llena en todas las acciones la magnífica instalación de Kursaal, que decididamente goza del favor del público.

La empresa, por su parte, hace cuanto es posible para que la concurrencia pase unas horas agradables.

Como dijimos, hasta que termine la restauración de la pista, que no se halla todavía en condiciones de servir para el patinaje, se han habilitado los laterales del salón, que constituyen una pista provisional pintoresca por su novedad.

En cuanto al centro, se va a disponer un pavimento de losetas de asfalto comprimido, del que se espera el mejor resultado.

La banda de música comienza a funcionar a las cinco de la tarde.

Para complacer el gran número de concurrentes habituales que lo han solicitado, a partir de la semana entrante, se organizarán jueves de moda, en los que, además del diario programa, habrá por la noche baile de sociedad.

En obsequio a las damas ha dispuesto la empresa que antes de la sección vermouth, en la que los abonados tienen la entrada libre, se reserve el local de diez a once para aquellas, a fin de que puedan dedicarse a los ensayos del skatin.

El cinematógrafo seguirá ofreciendo magníficas películas tres horas cada día.

 

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