Conociendo nuestro patrimonio Muralla de las Cruces

Situada en el Primer Recinto Fortificado, entre el torreón del Bonete (Faro) y el Baluarte de la Concepción (Museo Militar).

Quizá pudo albergar en épocas pasadas un Vía Crucis ya que, a día de hoy, en una de las piedras que la conforman se puede apreciar una cruz tallada.

Para algunos historiadores el origen del nombre pudo estar en las procesiones que se celebraban en esta zona, con cruces alzadas. Estas se realizaban cuando la Plaza estaba a la espera de la llegada de algún navío, principalmente con provisiones, y para que sus tripulantes supieran que la población seguía siendo española.

Forma parte de las construcciones que se llevaron a cabo durante el siglo XVI bajo el reinado del emperador Carlos V.

La Muralla de las Cruces se inicia en 1533 según las directrices marcadas por el ingeniero italiano Miser Benedito de Rávena quien estuvo encargado de los trabajos del Frente de Mar, auxiliado por el maestro de obras, Sancho de Escalante.

En un artículo por el arquitecto Javier Vellés, sobre las Cuevas del Conventico, hace referencia a esta muralla:

“Las cuevas melillenses fueron protagonistas de esta resistencia, y especialmente las de la muralla de las Cruces que, por estar orientadas hacia el mar, no podían ser alcanzadas por los proyectiles enemigos que partían de tierra.

A partir de esa época, en los planos históricos de Melilla aparecen representadas las cuevas que, en la muralla de las Cruces, son las del Hoyo de la Cárcel y las del Conventico, también llamadas del General. Este General era el Mariscal de Campo don Juan Sherlok, gobernador jefe militar de Melilla durante el asedio.

La muralla de las Cruces, de algo menos de doscientos metros de longitud, no es más que un parapeto en lo alto de un acantilado que discurre en zigzag desde el faro del Bonete, a 28 m sobre el mar, hasta el baluarte de la Concepción, a 36 m sobre el mar.

En este acantilado, orientado al NE se encuentran las llamadas cuevas que, verdaderamente, son galerías excavadas en la roca arenisca, quizá con la excepción de la mayor, que parece natural.

La altura del acantilado da para cuatro pisos de cuevas. La de más abajo es la mayor. Se trata de una cavidad en forma de cúpula irregular en la que cabría una esfera de unos 20 m de diámetro.

Su base es una rampa, tallada en la roca, que entraba en el mar y que hoy (desde que se construyó el puerto en 1925) está cubierta por la arena que se ve depositando en la cala de Trápana.

Antiguamente esta cala era una pequeña ensenada que, con buen tiempo, permitía embarcar y desembarcar en la cueva.”

A este Frente de Mar y a la  Muralla de las Cruces hacen referencia también los autores del PERI en distintas ocasiones a lo largo de la obra:

“El 10 de diciembre de 1533, se ordenaba que otro ingeniero italiano, Miser Benedito de Rávena, fuese a Melilla a dirigir las obras de este frente de Mar. En un documento de 1533 aparece minuciosamente definido el perfil del frente de Mar del Primer Recinto, así como las obras que debían ejecutarse.

Este frente empezaba en el revellín de la puerta de Mar, y los “muros” que iban desde este revellín (actual torreón de la Cal) hasta el torreón de Muñiz (San Juan), disponían de troneras.

Se pensaba transformar este torreón en un baluarte “en punta de diamante”, con lienzos y traveses (caras y flancos). El muro continuaba delimitando el recinto hasta la torre Camacha (Florentina) y el torreón de los Hombres del Campo (las Cabras), al que se preveía transformar en otro belguardo (baluarte pentagonal) de gran capacidad artillera (seis cañoneras) y con bóveda.

Desde este torreón, se iniciaba una cortina recta que finalizaba en el torreón de Las Cruces (Bonete), que también se proyectaba como baluarte pentagonal…”

“Toda la muralla, se asentaba sobre un escarpado a gran altura sobre el mar, por lo que la cortina se reducía meramente a un parapeto sobre el piso de roca. Por debajo de esta cortina están situadas varias cuevas, la más importante la llamada del CONVENTICO, que fue construida en la primera mitad del siglo XVIIII…

Entre 1953-1954 se restauró toda la muralla de la Cruz que se situaba sobre la Caleta de Trápana. Esta zona ha recibido una importante actuación a través de un proyecto subvencionado por el Ministerio de Cultura, bajo la dirección del arquitecto Javier Vellés, consistente en realizar un arco para sustentar la estructura de las cuevas que peligraban, arrancando del roquedal a nivel del mar.”

En otra publicación del estudio de arquitectura de Javier Vellés publicada en 1997 se hace también mención a esta muralla:

“En el último tercio del siglo XVIII el Sultán de Marruecos asedió y bombardeó la ciudadela durante la más de tres meses. No quedó casa en pié, los almacenes a prueba de bomba y las murallas quedaron dañados, pero la ciudadela resistió.

Entre las cuevas de Melilla destacaron por su posición privilegiada las que se encuentran en la muralla de la Cruz, tramo de 160 m comprendido entre el torreón del Bonete (actual faro) y el baluarte de la Concepción.

Este es el tramo del N.E. del primer recinto amurallado, que se construyó sobre un borde del acantilado que se eleva, junto al baluarte de la Concepción, hasta 36 m sobre el nivel del mar. La pared de este acantilado era imposible que fuera alcanzada por las bombas que disparaba la artillería marroquí que estaba empleada en tierra..

En la cartografía histórica de Melilla que hemos podido encontrar en los diversos archivos, el plano de fecha más temprana que señala la existencia de las cuevas es de 1775 (‘). Esto ha inducido a pensar que las cuevas son del siglo XVIII. Sin embargo, preferimos creer que existieran, en el mismo lugar, cuevas naturales y excavadas más antiguas.

Un plano de 1604 señala la existencia de un torreón cuadrado en esta zona de la muralla de la Cruz en la que están las cuevas. Se sabe que el 25 de agosto de 1660 un terremoto de gran intensidad arruinó parte de las fortificaciones, afectando especialmente a la cercana iglesia que estaba en construcción.”

En este mismo artículo hacen una detallada descripción de las obras efectuadas en la pared de la playa:

“La gran cavidad de la Playa (20 m de diámetro y 25 m de altura) está coronada por un cuerpo volado de roca arenisca blanda en cuyo interior están excavadas dos naves superpuestas. De la parte baja de este cuerpo volado se desprendían lajas de arenisca con relativa frecuencia, el color amarillo intenso de la superficie de la roca sin meteorizar lo hacía evidente.

Para detener el avance de esta pérdida del voladizo rocoso y consolidar eficazmente el conjunto, había que levantar desde la playa una fábrica de considerable porte que, a modo de gran apeo, diera un apoyo al conjunto volado. Además la nueva fábrica no debería clausurar la hermosa cavidad de la playa.

Así las cosas, decidimos que la fábrica formara un arco que, cumpliendo la función de sustentar el vuelo, fuera también la puerta grande de la cavidad que a modo de exedra rocosa, adorna la cala de Trápana.

En un principio se pensó en un arco de medio punto. Después, durante el transcurso de las obras, aprendiendo de las tradiciones melillenses y conociendo el interesante artículo inédito de Luciano Tejedor sobre la posibilidad de que las construcciones de Melilla que realizara el capitán de ingenieros Francisco Roldán Vizcaino, pudieran haber influido en el proyecto juvenil de Gaudí para las Misiones Franciscanas en Tánger, optamos por resolver la consolidación con un arco parabólico cuya forma, por la proporción entre la flecha y el vano (mucha flecha y poco vano) es la que aporta mayor resistencia.

Para cimentar el arco se excavó la arena de la playa, bajando tres metros hasta encontrar la roca viva al nivel del mar. Sobre la roca, que se rectificó, tallándose para obtener planos horizontales, se asentaron directamente los grandes sillares de la primera hilada, base de los amplios estribos del arco (3,60 m de espesor).

Las cuatro primeras hiladas que están más en contacto con el agua de mar, se realizaron en piedra basáltica (del monte Gurugú). Quedan, en parte, cubiertas por la arena de la playa, descubriéndose más o menos en función de las modificaciones que sobre la superficie de la arena produzcan los temporales.

Las hiladas restantes, hasta completar el zócalo del arco, se realizaron en piedra caliza. Por encima, la forma parabólica del hueco y su trasdós son de fábrica de ladrillo rojo macizo y prensado, de la mejor calidad. Los paramentos son de mampostería atada y ordenada con verdugadas del mismo ladrillo.

Al nivel de la cueva principal, se reconstruyó un balcón con balaustrada que traba el arco cerca de la clave. Este balcón, por su inalcanzable posición, está libre de rejas y saeteras, y el paisaje que desde él se contempla, brinda un desahogo agradable a las cuevas.

El arco parabólico, quizás, el elemento principal de nuestra intervención que se contempló con la reconstrucción de la escalera de madera, y la restauración o sustitución de las fábricas de mampostería que forman los paños exteriores de las cuevas y que son los paramentos ligeramente ataludados de la muralla. Las ventanas se rectificaron también, confeccionando jambas, peanas, dinteles y saeteras nuevas, a base de ladrillo macizo y cantería de caliza.

[Bibliorafía: Javier Vellés. La Muralla de las Cruces en Melilla. Arquitectura. Revista del Colegio Ofiical de Arquitectos de Madrid (COAM).2003

AAVV. Melilla la Vieja. Plan Especial de los Cuatro Recintos Fortificados. Ciudad Autónoma de Melilla.1999.

Estudio Vellés Arquitectos. Restauración de las Cuevas del Conventico.1997]

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