Conociendo nuestro patrimonio Panteón de Héroes. Cementerio de la Purísima Concepción

El cementerio de la Purísima Concepción llama la atención por muchas razones. Es un camposanto con miles de historias que fueron enterradas junto a sus protagonistas y que merecen ser conocidas.

Si hay un elemento que destaca, que sobresale más que el resto es, sin duda alguna, el Panteón de Héroes, o del Ángel como es popularmente conocido entre los melillenses.

Conocer su historia es conocer también la de una ciudad, Melilla y la de un país, España.

Hoy 8 de junio se cumplen ciento cinco años de su bendición.

Para saber un poco más sobre cómo y cuando se fraguó la idea de erigir este gran mausoleo acudimos a la obra que con motivo de su primer centenario publicó la Comandancia General de Melilla en 2015.

Orígenes del proyecto.-

Gracias a la iniciativa de la reina Victoria Eugenia, se creó una Asociación de Señoras Caritativas cuyo fin era el de recaudar fondos para atender a los numerosos casos de desamparo familiar generado entre los soldados participantes en la contienda de 1909, abarcando también a los familiares de los fallecidos.

Nuestro periódico local El Telegrama del Rif daba cuenta de ello en su edición del día 8 de agosto del citado año:

“Suscripción Regia

Bastó que una mano augusta se tendiera en además de súplica; bastó que unos labios regios imploraran a favor de los heridos de la campaña de Melilla, para que un desbordamiento de caridad se haya producido entre los españoles.

Doña Victoria Eugenia puede estar satisfecha: su voz ha sido escuchada en todas las partes del planeta donde resuena el habla de Cervantes; constantemente en San Sebastián y en Madrid se reciben telegramas anunciando el envío de cuantiosos donativos…”

Así comenzaba aquella recogida de dinero que fue repartido de forma paulatina a lo largo de los meses siguientes. Pasado el tiempo pensaron que el mejor fin que se podía dar al sobrante de dichos fondos era la construcción de un mausoleo donde pudieran ser inhumados los restos de los fallecidos durante la citada contienda. Para ello fue preciso pedir autorización y terreno a la Junta de Arbitrios de Melilla, órgano de gobierno de la Plaza.

Fue por ello que el 13 de junio de 1910 el general Marina ponía en conocimiento de Pedro del Real San Paulette, (comandante general y presidente de la Junta, respectivamente) el acuerdo al que había llegado la Asociación de Señoras Caritativas, presidida por la Augusta Soberana, la Reina Victoria Eugenia:

“13 de Junio de 1910

El Comte en Jefe de las fuerzas del ejército en operaciones en Melilla

Excmo. Señor: Acordado por la Asociación de señoras que bajo la presidencia de S.M. la Reina <q.d.g> ha administrado los fondos de la suscripción nacional para el socorro de heridos, que con el sobrante se costease un panteón en que reposen los restos de los señores jefes y oficiales que murieron en la campaña,

Primera piedra. El Mausoleo.-

El 7 de enero de 1911 el Rey Alfonso XIII en su segunda visita a Melilla, ponía la primera piedra de este monumento funerario. A las cuatro de la tarde y acompañado de los generales: José García Aldave, José Gómez Sánchez, Julián González Parrado, Salvador Arizón, Pedro del Real, Francisco Gómez Jordana, Francisco Larrea y Joaquín Carrasco, llegó el Rey al cementerio a caballo.

Allí le esperaban el Presidente del Consejo y los Mi-nistros de la Guerra y de Marina: José Canalejas, Ángel Aznar y Diego Arias de Miranda, así como una compañía del Regimiento de Infantería Ceriñola nº 42.

La carrera la cubrían fuerzas tanto de la Guardia Civil como de la Policía Indígena, rodeadas por un inmenso gentío que aguardaba el paso del Monarca.

En el lugar elegido para el emplazamiento del monumento se levantó un altar con un Santo Cristo y una espléndida corona.

El Rey fue recibido por el clero parroquial, la subcomisión de fes-tejos, organizadora del acto, el diplomático Merry del Val, así como una comisión de asambleístas de cámaras de comercio y numerosos jefes y oficiales. Cuando subía la escalera de acceso el Monarca fue cumplimentado por Gregorio Gamonal Díez, sargento del Regimiento de Ceriñola nº 42 a quién hubo de amputársele una pierna a consecuencia de las heridas sufridas en campaña.

El vicario Miguel Acosta fue el encargado de bendecir la primera piedra que posteriormente fue colocada por Alfonso XIII. A continuación se firmó un acta utilizando para ello una pluma de oro que portaba una inscripción alusiva a dicho evento.

Además del Rey, estamparon su firma, el Presidente del Consejo, ministros de la Guerra y Marina y los generales Aldave, Arizón, Sánchez Gómez y González Parrado.

En pergamino se escribió:

“En esta Plaza fuerte de Melilla, y el día siete de Enero de 1911, colocó S.M. el Rey Don Alfonso XIII la primera piedra de este monumento que guarda los restos gloriosos de los héroes que en la campaña de 1909 dieron sus vidas por la Patria, honrándola y engrandeciéndola.

Sus conciudadanos los envidian, la nación los glorifica; el mundo entero los admira, y Dios los bendice”.

En El Telegrama del Rif del día 8 de enero de 1911, en tanto que se cubría la visita del rey Alfonso XIII, se hacía también una descripción detallada del futuro mausoleo:

“Lo que será el monumento

He aquí el detalle del monumento destinado a ser panteón de la grandeza de los restos de los que hallaron muerte gloriosa en la Campaña.

El emplazamiento señalado en el altozano que hay al este, y a la espalda del cementerio, y aunque aislado de la ampliación futura del camposanto, en apariencia, constituirá en realidad un todo armónico, toda vez que el acceso al monumento será precisamente por el interior del cementerio. El proyecto del monumento, obra del Sr. Gándara, es una verdadera obra de arte, en la que se ven compenetrados perfectamente lo serio, lo severo y lo grandioso, como verdadera y acaba expresión de la grandeza de aquello que debe perpetuar.

Está constituido de dos partes; una exterior, que comprenderá la escalinata de acceso que lo dará a todo el monumento, y tendrá cinco metros de ancho y tres de altura, que termina en un relleno de diez metros por seis, en el cual hay otra escalinata de diez metros de ancho que conduce a la meseta donde se abre la entrada a la criptas.; desde los lados de esta entrada, la escalera se desdobla en dos más, de tres metros de anchura, las cuales conducen a la meseta superior, en la que ya se asienta la parte monumental, que afecta la forma de cruz de brazos iguales.

En su planta, y entre los brazos de la cruz, una escalera circular, hasta alcanzar, todo, la altura de dos metros, constituye el zócalo; sobre los brazos aparecen cuatro sarcófagos apoyados en el comienzo de un pedestal que se remata con una cruz abrazada por la yedra que trepa tallada al pedestal, el cual lleva en el frente una inscripción de oro que dice: “ Pro Patria”, inscripción que sirve como de nimbo a la cabeza de un ángel alado que, en pie, sobre el sarcófago de frente, lleva en sus brazos el laurel de la victoria, y la palma del martirio.

Cierra la plazoleta en que está este frente del Monumento, una verja de hierro, y zócalo con pilares de sillería.

La parte segunda o interior que encerrará las cenizas de los que dieron su vida en defensa de la Patria, está formada por una cripta que tiene su ingreso por una puerta que ya se citó al describirse la parte exterior, y sobre la cual campea una lápida que indica el origen de los fondos con que se construyó el monumento, y los fines a que se dedica.

De dicha puerta paso a una bóveda por la cual se entra en la criptas., la cual es de forma circular, y cubierta por bóveda rebaja, en la que se abren cuatro grandes traga-luces que toman la luz del exterior por ventanales colocados en las cabezas de los brazos, de la cruz que forman el zócalo de la parte ya descrita del monumento.

En esta cripta, cuyo ingreso adornan dos columnas y que está decorada por una ancha guirnalda de laurel en su cornisa, están encerrados todos los restos de los muertos en la campaña, cuyos nombres se conservarán grabados en tableros de mármol que rodearán la criptas., cubriendo las respectivas sepulturas.

Frente al ingreso se levanta un altar, bajo el cual estarán guardados los restos de los generales Díez Vicario y Pintos, altar coronado por una cruz de mármol negro.

También de mármol negro y blanco es todo el pavimento de la criptas., y forma el dibujo de una cruz y de una guirnalda de laurel.

Según puede decirse de esta descripción, el monumento honra a su autor Sr. Gándara, y es digno de la histórica grandeza que está destinado a guardar para siempre.”

Actualmente en el interior hay cinco filas con dieciséis nichos cada una que hacen un total de ochenta. A ambos lados de la escalinata de acceso hay también dos galerías de nichos.

En el piso superior bajo la diosa Nike hay varias tumbas, así como una lápida que recuerda las posiciones de procedencia de los restos trasladados en 1929.

Veinte años después en agosto de 1949 se volvió a realizar un nuevo traslado masivo. En esta ocasión del cementerio de Monte Arruit y fueron inhumados en el interior de la cripta. Esta fue sellada con una lápida en la que pueden leerse un soneto de Goy de Silva.

Bendición del Panteón

El 8 de Junio de 1915 fue bendecido por el vicario eclesiástico Miguel Acosta, auxiliado por el capellán del cementerio Francisco Ontiveros y el coadjutor Sr. Martín Pinazo. Era comandante general de la Plaza el general Francisco Gómez Jordana y presidente de la Junta de Arbitrios.

Como no podía ser de otra forma, El Telegrama del Rif publicaba al día siguiente la noticia:

“Bendición de un mausoleo

Las obras del suntuoso mausoleo erigido en el cementerio de la Purísima Concepción con fondos de la suscripción nacional para las víctimas de las campañas marroquíes, está completamente terminado, y ayer tarde tuvo efecto la solamente ceremonia de bendecir el sagrado recinto donde reposarán eternamente los restos de esos héroes….

El traslado de los restos se verificará transcurrido el tiempo reglamentario y habrá de revestir mucha solemnidad….”

Y así fue, tras haber solicitado autorización a los familiares en 1920 daban comienzo las primeras inhumaciones. La primera de ellas fue la del capitán Antonio Ripoll Sauvage en el nicho 1 de la fila 1, quien había fallecido el 30 de septiembre de 1909.

Las obras para finalizar el monumento continuaron en los años siguientes.

Diosa Nike

Al contar ya con fondos con los que poder reanudar las obras del mausoleo surge un planteamiento entre los técnicos y es cómo se podría coronar dicho monumento funerario. El coronel Andrade realiza los pri-meros bocetos de la escultura y los envía a la casa fundidora Württember-gische Metallwarenfabrik de Hamburgo.

El presupuesto inicial debía ajustarse a 9.650 pesetas aunque al final ascendió a 20.000 por la devaluación que hubo en 1924.

Las primeras muestras a tamaño reducido realizadas en yeso fueron llegando a Melilla elaboradas por un afamado artista de Stuttgart, con el fin de que la comisión diera el visto bueno.

El día 4 de Diciembre de 1924 (día de Santa Bárbara), atraca en el puerto de Melilla el vapor Bilbao, en cuyo interior venía la escultura en un cuidadoso y pesado embalaje de 2.050 Kg. en bruto.

La figura en bronce fue colocada en la parte superior del Panteón de Héroes, destacando en el campo santo por sus dimensiones: 3,10 m de alto de la propia figura, 3,70 m de altura de las alas, 60 cm de diámetro de la corona y un peso total de 1.250 Kg.

[Bibliografía: Isabel Migallón Aguilar, Eduardo Sar Quintas. I Centenario. Panteón de Héroes (1915-2015) Comandancia General de Melilla]

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