Conociendo nuestro patrimonio Teatro Reina Victoria

El hoy desaparecido Teatro Reina Victoria, ubicado en la céntrica Avenida Juan Carlos I gozó de gran importancia y prestigio en el primer tercio del siglo XX.

Gracias a la labor investigadora de historiadores como Juan Díez Sánchez, sabemos de su existencia. En su obra Melilla y el mundo de la imagen, escribe:

Inaugurado el día 10 de junio del año 1911, se levantó sobre los solares números 176 y 177 existentes a la derecha de la actual avenida Juan Carlos I Rey, subastados el 15 de abril de 1910 por un importe cercano a las cuarenta y tres mil pesetas.

Antecedente de este teatro fue el barracón de espectáculos denominado Victoria, inaugurado el 26 de marzo de 1910 con una exhibición cinematográfica y un concierto de violín acompañado de piano.

Este Salón en su corta vida también solía ofrecer espectáculos de baile y canto, y con carácter extraordinario a comienzos de junio del 1910 su dirección organizó una velada benéfica destinada a recoger fondos para los soldados enfermos en los hospitales.

Cuando apenas habían transcurrido seis meses de su inauguración, se informaba de su inminente final: “En breve se procederá al desarme de la caseta que actualmente ocupa el Cine Victoria, la cual será reemplazada por un elegante edificio de mampostería, en cuya parte baja se instalará de nuevo aquel salón de espectáculos. La empresa se propone introducir reformas”.

Inauguración.-

Terminada la construcción del Teatro Reina Victoria, se inauguró oficialmente a las 9 de la noche del sábado 10 de junio de 1911. Situado en el número 16 de la antigua calle del General Chacel, la céntrica Avenida, su primer gerente fue el Sr. Ramos; mientras que la titularidad de su propiedad corrió a cargo del una empresa cuya alma fue una distinguida dama de Barcelona.

Concebido más para atender las necesidades del público que los intereses propios de su explotación, se le quiso orientar para ofrecer espectáculos cultos, zarzuela y comedias.

En cuanto a sus características, el Teatro Reina Victoria fue proyectado por Jaume Torres Grau (1880-1945), un arquitecto que obtuvo gran provecho del solar. Tenía la fachada monumental rematada por el escudo de España, patio de butacas, con capacidad para unas mil cien personas, tenía acentuada pendiente para favorecer la visión del público, y además contaba con amplias plateas con palcos, un gran anfiteatro y un paraíso (gallinero).

La ornamentación interior se basaba en paredes pintadas con tonos suaves y salpicadas de azulejos con imágenes alegres. El techo tenía la cubierta a dos aguas disimulada, por su mal efecto, con planchas caladas y decoradas con pinturas, así como una enorme lámpara eléctrica tipo araña.

La velada inaugural fue dedicada al pueblo del Melilla y las entradas fueron regaladas al vecindario. La sesión comenzó a los acordes de la marcha Real, mientras se alzaba el telón y aparecía un retrato de los reyes; a continuación dejó ir sus notas la banda de música del Regimiento de África dirigida por el célebre maestro Macías, y acto seguido comenzó la representación de “La Tempestad”, una zarzuela interpretada por la compañía de Zarzuela y Opereta de Laureano Ribas.

Durante años y hasta la transformación en teatro del Kursaal- Nacional, el Teatro Reina Victoria fue el salón más famoso e importante de Melilla y donde además de representaciones teatrales se ofrecía al público sesiones de cine, espectáculos de variedades, veladas de boxeo y fiestas como las de carnaval y las organizadas por la Asociación de la Prensa.

Era obligada referencia del devenir social y cultural melillense, y tras proclamarse la II República Española cambió su nombre en atención a la descoronada reina, por el de Teatro España.

Tras veintitrés años de existencia, finalmente en el mes de noviembre del año 1934 cerró sus puertas y fue demolido para en su lugar levantar el arquitecto Enrique Nieto un nuevo edificio fácilmente identificable por los melillenses por albergar en sus bajos las oficinas de la compañía aérea Iberia.

En la prensa local

En El Telegrama del Rif del 26 de marzo de 1910 aparecía publicada la inauguración del Salón Victoria:

“Hoy sábado-Sesiones consecutivas desde las cinco de la tarde- En cada sección seis magníficas películas-Presentación del celebrado violinista Brindin? de Salas.

Precios.- Preferencia 0,50 céntimos

Entrada general,- 0,02

Medias entradas, 0,20.

Poco más de un año después en estas mismas páginas se podía leer la noticia sobre la apertura de un nuevo centro lúdico, el Reina Victoria:

“Una idea feliz ha levantado en la ciudad moderna un lindo coliseo. En pocos meses se ha dado cima a la obra, realizando un bellísimo proyecto arquitectónico, de original factura y riente aspecto, que da precioso adorno a la calle del general Chacel, perla de nuestras vías.

No es posible sacar mayor partido del terreno, relativamente reducido, en que la edificación había de hacerse. El distinguido arquitecto señor Torres, acomodándose a los límites en que se debía operar, logró hacer un teatro hermoso, amplio, cómodo, tal como el propietario Sr. Ramos deseara.

Al proyectarlo se han tenido presentes todas las necesidades de esta clase de edificios, atendiendo más bien a los derechos del público, que a las ventajas para la explotación.

La sala es magnífica, los muelles butacas están colocadas en acentuada pendiente en beneficio de la visualidad, no corriendo el espectador el riesgo de que el que se siente ante él, le prive de la vista de lo que en el escenario pase.

Las plateas son amplias y sobre ellas se encuentran los palcos enlazados por un gran anfiteatro y un paraíso muy capaz.

La sala está pintada de tonos suaves, a veces rotos por la mancha brillante del alegre azulejo, elemento decorativo que ha sido manejado con verdadero acierto.

Para favorecer la sonoridad y al mismo tiempo huir del mal efecto de la techumbre de tijera, el Sr. Torres ha colocado un artístico plafond en el que inspirados pinceles, han hecho labor preciosa, entre primorosos calados que aseguran un fácil paso al aire y mantendrán agradable temperatura incluso en las noches estivales.

Por último la embocadura del escenario y el telón son ricos y de caprichosa ornamentación.

Tal es en pocas palabras el “Teatro Reina Victoria” inaugurado ayer por una empresa de la que es alma una distinguida dama barcelonesa y que se propone que en aquel se den espectáculos cultos empezando por poner en escena la zarzuela clásica y lo mejor del género chico, sin perjuicio de cultiva más adelante la comedia.

La primera velada ha sido dedicada a Melilla con un desprendimiento poco común, pues las localidades fueron distribuidas graciosamente al vecindario.

A las nueve la inmensa sala llena de bote en bote ofrecía sorprendente aspecto. El teatro estaba realmente deslumbrador. Preciosas arañas eléctricas arrojaban torrentes de luz.

El telón se alzó a los acordes de la marcha real apareciendo en el escenario un magnífico retrato de los reyes.

Empezó la fiesta la brillante banda del regimiento de África, que bajo la inteligente batuta del maestro Macías, hizo oír una fantasía de la Bohemia, a telón corrido, escuchando una gran ovación al terminar.

La compañía de D. Laureano de la Riba, dio muy excelente interpretación a la siempre joven zarzuela La Tempestad, siendo muy aplaudidas las triples señorita Ferrer y Srta. Ribot, el tenor Sr. Munain y el barítono Sr. Soler, así como el maestro Riba que llevó perfectamente la obra.

El público salió muy complacido de la audición, y aunque una sola no es bastante para formar juicio de la compañía, con lo oído anoche hay suficiente para esperar una buena temporada.

La empresa recibió plácemes y felicitaciones por su galantería. Nuestra enhorabuena al propietario, arquitecto y a la distinguida empresaria por haber dotado a Melilla de un teatro digno de la importancia que la población alcanza.”

[Bibliografía: Juan Díez Sánchez. Melilla y el mundo de la imagen. Aproximación a la fotografía, el cine, y la televisión. Ciudad Autónoma de Melilla.1997]

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