El Faro de Melilla Crónica del primer centenario (1918-2018)

Breve historia del Faro

El 22 de julio de 1918 en El Telegrama del Rif aparecía publicada la siguiente noticia:

“Hoy se inaugura. El nuevo faro

En la mañana de ayer quedaron terminadas las obras de montaje e instalación del aparato luminoso del nuevo faro, llevadas a cabo por el montador don Juan Gutiérrez, del servicio central de puertos y faros, bajo la dirección del culto ingeniero de dicho organismo don José Herbella.

Las pruebas tuvieron lugar anoche con muy satisfactorio resultado. El nuevo faro funcionó hasta la una llamando la atención de muchos curiosos.

El nuevo faro está considerado como de cuarta categoría y su aparato luminoso consta de una lámpara de quinientas bujías de luz blanca visible a 25 millas y en grupos de dos ocultaciones cada diez segundos. El montaje se ha llevado a cabo en diez días. Hoy se inaugurará el servicio a cargo del farista del antiguo faro don Pedro López.

Los señores Herbella y Gutiérrez regresarán el miércoles a Madrid.”

¡Por fín! Melilla contaba con un faro acorde a sus necesidades marítimas. Lejos quedaba aquella primera torre de señales luminosas que se construyera en 1515 por orden de los ingenieros enviados por el emperador Carlos V para dirigir las obras de fortificación del nuevo enclave español en el norte de África.

Muchas fueron las vicisitudes vividas y los hechos acontecidos antes de ver finalizada la construcción del nuevo faro en el denominado Torreón del Bonete, en el punto más septentrional de la fortificación.

En los primeros días del mes de marzo de 1915 a bordo del vapor correo Antonio Lázaro viajaban a Melilla un grupo de técnicos del Ministerio de Fomento y de Obras Públicas de Málaga con el fin de cuantificar los desperfectos ocasionados por el temporal de 1914 tanto en el faro como en el puerto.

Al observar que la luz de la llamada Torre de Vigia de Mar era insuficiente se determinó la ejecución de un nuevo faro. Así, el 23 de marzo de 1916 el jefe del Servicio Central de Faros y Costas enviaba a la Jefatura de Málaga, órgano del que dependía Melilla, los planos de un nuevo aparato y linterna para el faro. El encargado de la redacción del proyecto fue el ingeniero Manuel Delgado Delgado quien, dos meses después, enviaba su propuesta así como la de construcción de una casa para los dos torreros.

Sabedor que el lugar estaba expuesto a las inclemencias meteorológicas, Delgado propuso un edificio de gran firmeza que no precisara un constante mantenimiento. El presupuesto inicial ascendía a un total de 76.376,83 pesetas.

Una Real Orden fechada el 16 de octubre de 1916 aprobaba el Proyecto de torre para el faro y un edificio para los torreros de Melilla.

La obra en cuestión fue declarada “de urgente realización” y se dispuso también que durante el tiempo de ejecución de la misma no se suspendiese el alumbrado.

El 28 de junio de 1917 daban comienzo los trabajos de edificación. El primer paso fue demoler el antiguo faro y los pretiles de la muralla procediendo a continuación a la explanación del terreno.

Con algún que otro contratiempo en los meses siguientes las obras continuaron hasta la completa finalización de la misma y puesta en funcionamiento del aparato luminoso con lente tipo Fresnel.

En 1938 la Jefatura de Obras Públicas de Málaga entregaba los faros de Melilla, Chafarinas y Peñón de Vélez de la Gomera a la Junta de Obras del Puerto de Melilla; siendo desde entonces la encargada de su mantenimiento.

Por Orden de 28 de abril de 1994 el Ministerio de Obras Públicas y Transportes las instalaciones de iluminación anteriormente citadas fueron adscritas a la Autoridad Portuaria de Melilla.

Primer Centenario

Con motivo de la celebración del primer centenario de la construcción de nuestro emblemático Faro, la Fundación Melilla Ciudad Monumental puso en marcha una serie de actividades encaminadas a mostrar tanto su historia como el interior del edificio.

Desde septiembre de 2018 a marzo de 2019 se han realizado más de 50 visitas concertadas de grupos lo que ha posibilitado que aproximadamente un millar de personas hayan podido conocer tanto su historia como la de los faros que le precedieron y visitar sus instalaciones.

Estas se han realizado durante dos domingos al mes y en períodos concretos. Aprovechando la época estival se retoman pero cambiando el horario de la mañana a la noche, sabedores que la Ciudad Vieja adquiere una belleza especial en las últimas horas del día.

Muchos han sido los melillenses que han disfrutado de esta actividad. Algunos han cumplido con ello un anhelo de años ya que siempre habían deseado “verlo por dentro”, como así han manifestado.

También participaron personas provenientes de otros lugares de la geografía española: Madrid, Barcelona, Burgos, Menorca, Navarra, Ceuta, Córdoba, Sevilla, Tarragona, Bilbao, Granada y Málaga. Sin olvidar a quienes se han desplazado desde Francia, Italia o Alemania.

Deseamos expresar nuestra gratitud en este primer centenario del faro a:

La Ciudad Autónoma por apoyar incondicionalmente todos los actos conmemorativos del centenario y su preparación.

La Autoridad Portuaria de Melilla, ya que gracias a su inestimable colaboración hemos podido llevar a cabo estas visitas y mostrar al público un monumento tan importante como emblemático en la ciudad.

Los artistas melillenses Enrique Ordóñez por permitirnos utilizar su recreación del faro para editar una tarjeta postal conmemorativa y a Lorena Carvajal por el diseño de Don Bonete, la mascota del centenario.

Los fotógrafos: Luis Legido, Francisco García, José F. Chica, Manoli Ferre, Merche Melilla y a los miembros de Photowalk por brindarnos las magníficas imágenes que embellecen la exposición.

Agradecer también, como no puede ser de otra manera, al Pueblo de Melilla por su interés y el cariño que muestran siempre hacia todas las actividades que se proponen desde la Fundación Melilla Ciudad Monumental.

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