Despuntaba el siglo XX cuando Melilla comenzaba a vivir las consecuencias de los importantes cambios económicos, sociales y políticos que la estaban transformando.
La creciente industrialización, que fomentaba el nacimiento y desarrollo de las ciudades modernas, influyó notablemente en Melilla, que se vio inmersa en una vorágine urbanística. Nacía una nueva concepción de la ciudad, una peculiar manera de entender un urbanismo poblado de racionalidad militar pero influido por las corrientes modernistas llegadas desde Cataluña.

El nacimiento del Ensanche Modernista surge tras varios proyectos aislados para intentar regularizar el trazado urbano melillense (Ensanche del Mantelete, 1888; ampliación del Barrio del Polígono y el Carmen, 1896; ensanche de Alfonso XIII, 1896), el ingeniero Eusebio Redondo planificó en 1906 un amplio espacio urbanístico en el centro de la ciudad. Era el principio del Ensanche de Reina Victoria, actualmente conocido como Triángulo de Oro. Dividido en manzanas rectangulares, el espacio adquiría unas formas similares a las del ensanche Cerdá de Barcelona; en él se desarrollaba una estructura de fácil acceso y comprensión, basada en la regularidad del trazado y en la ordenación urbanística.

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