Conociendo nuestro patrimonio Colegio La Salle El Carmen (I)

Este gran edificio ubicado en el cerro de Santiago es todo un símbolo para los melillenses. Por sus aulas han pasado miles de estudiantes a lo largo de los más de cien años de presencia en Melilla de los Hermanos de la Doctrina Cristiana.

Una institución querida y admirada por la ciudadanía, cuya historia corre paralela al devenir de Melilla.

Para conocerla acudimos a varios escritores locales. Tal es el caso del cronista oficial de la ciudad, Antonio Bravo Nieto quien en su obra La construcción de una ciudad europea en el contexto norteafricano dedica un apartado a los centros docentes y entre ellos al colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana:

“Los primeros ingenieros municipales, tuvieron que afrontar la construcción “de urgencia” de diferentes escuelas en los múltiples barrios que iban surgiendo con rapidez por toda la ciudad: este fue el caso de Eusebio Redondo e incluso del maestro de obras Julio Pieri Morales. Lógicamente estos primeros ejemplos eran edificios de poca envergadura, a cuya construcción a duras penas podía hacer frente la administración municipal.

Esta es la razón por la que pronto, diversas entidades privadas (principalmente religiosas) comiencen a invertir en la construcción y gestión de escuelas: uno de los más importantes estuvo centrado en torno a lo que luego sería el Colegio de La Salle; en principio el primer proyecto data de 1913. y estuvo encargado por un particular, Juan Saco Maureso.

La construcción del Colegio e Instituto de La Salle fue una tarea compleja que se llevaría a cabo a través de varias fases aunque el grueso de todas las instalaciones y la fachada principal son obra de Emilio Alzugaray Goicoechea; los proyectos se van sucediendo desde el 14 de septiembre de 1913, 18 de abril de 1917 y 17 de octubre de 1917.

La marcha posterior de Emilio Alzugaray condiciona que los proyectos posteriores pertenezcan a otros técnicos: Enrique Nieto realiza reforma en 1922 y proyecta la Capilla dos años después y José María Ayxelá y Tartas realiza una sala y un laboratorio en marzo de 1959.

El conjunto representa uno de los mayores ejemplos de este tipo de arquitectura en la ciudad; morfológicamente se trata de un amplísimo rectángulo cerrado, organizando todos los espacios en torno a un gran patio central donde las instalaciones deportivas revisten cierta envergadura.”

Salvador Gallego Aranda, doctor en Historia del Arte y también ex alumno del Centro, con motivo del I Centenario de la presencia en Melilla de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, más conocidos por los “Hermanos de La Salle”, dedica un espléndido artículo a esta efemérides en la Revista Akros. Con respecto a la construcción del Colegio escribe:

“El 7 de noviembre reciben la visita del Hermano Visitador del Distrito, Seridón Isidoro, manifestándose la insuficiencia de los locales, ante el crecido número de estudiantes y, además, “ver que nuestros sudores se los llevaba el dueño de la casa pagando 700 ptas. mensuales de alquiler que equivalen al 16 % del capital invertido, encargando al Hermano Director “se solicitase la concesión de un solar capaz y bien situado, para poder edificar un colegio que reuniese las condiciones prescritas por la pedagogía moderna”.

Por El Telegrama del Rif, a finales de octubre de 1913 conocemos la instancia cursada al Ministerio de Guerra, por los Hermanos de la Doctrina Cristiana, solicitando terrenos para la construcción del mencionado edificio.

El martes 7 de septiembre de 1915, abandona la ciudad el primer Director del Colegio, Hermano Rogelio, siendo sustituido por el Hermano Filoteo- procedente de Lorca.

El 2 de diciembre de 1915, autorizado por la Sociedad Instrucción Popular y por sus Superiores mayores, acepta el Hº Director el traspaso del Solar de 4000 metros cuadrados, situado en el Cerro de Santiago y que fue cedido a canon por el Estado a Don Juan Saco Maureso.

La construcción del Colegio La Salle

Según el cronista lasaliano, el 2 de enero de 1916 comienzan los trabajos de “desmonte y explanación del solar cercándole con un muro de mampostería […y]. El 1º de octubre principia la construcción de un pabellón destinado a clases.

En abril de 1917, se trasladarán al mismo, la Sección de Comercio- donde se imparte el dibujo de Arquitectura- y las clases de Segunda Enseñanza- manteniéndose la primaria en el antiguo edificio.-

El pabellón que tiene unas dimensiones de 46 x 8 metros- y está dividido en seis departamentos-, será bendecido por el Vicario Miguel Acosta la mañana del jueves 3 de mayo de 1917.

El 5 de octubre del mismo año, se inician las obras del segundo pabellón también destinado a aulas.

Al año siguiente, el 1 de junio de 1918, se está trabajando ya sobre el edificio principal o nave frontal, en cuyos extremos se engarzan los dos pabellones mencionados y que dan a la planta la forma de “U”.

De dos alturas, su compartimentación estará destinada a ubicar las dependencias administrativas residencias de los miembros de la Comunidad, quienes, el 25 de agosto, tomarán posesión “de la misma, dejando los locales de la calle O´Donnell nº 28, donde por espacio de seis años se han consagrado a la labor educadora.”

El proyecto se debe igualmente al ingeniero Emilio de Alzugaray (1917-1918), que se decanta por una estética clasicista al ser su composición claramente simétrica y quedar muy bien definidas- con un porte palaciego renaciente- las cinco calles en su alzado. En el exorno, sin embargo, predomina la flora sinuosa modernista en sus versiones volumétricas y esquemáticas, con distinta fortuna en sus diseños.

Los cuerpos intermedios de menor altura disponen, encima de los capiteles, de un entablamento resumido: por su arquitrabe, de formas esféricas engarzadas; por un friso de ménsulas vegetales cosidas a una frondosa liana apaisada; y por una línea de cornisa- de ovas y dardos-, a la que se superpone una balaustrada de fábrica con perfiles mixtilíneos.

Las cuatro ventanas adinteladas del primer piso unidas por las líneas de impostas- con pequeñas circunferencias- y por la trazada a la altura del alféizar – llave natural moldurada- se cubren, por un lado, con frontones semicirculares- resaltados por su clave-, dibujando, en su rosa o frontal, un ensartado de flores cuadráticas y, en su tímpano, ramas de hojas de laurel que cortejan un perfil heráldico.

Asimismo, los cuatro vanos se separan por pilastras jónicas cajeadas- con tres rayas verticales en su trazado- asentadas, por su basa, en pequeñas repisas florales, que conectan con su planta baja, donde se respeta el número de luces en un paramento de simulada y cuarterones granulados en su zócalo.

En los cuerpos extremos, se abre una terna de ventanas por cada planta y se concluye con dos remates de líneas mixtas, en cuyo centro se significa el escudo coronado del Carmelo, homenaje a la Virgen del Carmen, que da nombre al Colegio.

Debajo, un óculo ovalado en el centro, cortejado por guirnaldas y

pinjantes enlazados, se relaciona con las crujías o cadenas laterales donde se dibuja un tondo con lazo y orla de campanillas o tulipanes.

El cuerpo central, al que se accede, desde la plaza, por una cancela de hierro custodiada por dos grandes pilares rematados por sendos jarrones a modo de grandes pebeteros llameantes dan paso, en su desarrollo, a una escalera imperial que nos sitúa en el nivel superior o el de la planta baja.

La puerta de entrada aparece recercada, resaltando su dintel por una macolla floral, cuyo motivo se relaciona con las ménsulas que soportan el vuelo de la tribuna, la cual dispone un antepecho calado de balaustres cilíndricos y, en sus pilastrillas extremas, las tres bandas verticales del modernismo secesionista vienés.

Con los mismos motivos ornamentales que las roscas de las calles intermedias, traza la montera del balcón central en cuyo tímpano semicircular crece el ramaje sinuoso que envuelve el perfil diseñado por dos “C” enfrentadas, coronadas por penacho foliado superior.

Finalmente, el cuerpo superior fiel de todo el alzado se desarrolla entre dos grandes matacanes con hojas imbricadas en su base , cuyo interior perfora con un óculo circular desdoblado y orlado, por las flores de cuatro pétalos esquemáticas, tocándose por un festón de rosas.

Culmina en un remate irregular donde se adosa entre un ramaje de hojas de laurel el escudo del Colegio La Salle, donde entre haces luminosos resplandece la estrella de cinco puntas, símbolo, por un lado, del ideal apostólico y su campo de acción: los cinco continentes, es decir, la tierra entera y, por otro, las cinco virtudes lasalianas Fe, Fraternidad, Servicio,

Justicia y Paz o Compromiso.

Este inmueble, recogido en el Catálogo de Edificios Protegidos de la Consejería de Fomento de la Ciudad Autónoma de Melilla redactado por Laboratorio de Proyectos, en marzo de 2012 , nos da para el edificio

(nº catastral: 5056101WWE0055N), un grado de protección integral.

A mediados de 1920, cesa en su cargo de Director el Hermano Filoteo, sustituyéndolo el Hermano Aurelio Alonso Rodríguez, cronista de la Institución a partir de ese momento.

De mayo de 1920, se conserva una planta del Colegio firmada por el mencionado Director y por el arquitecto Enrique Nieto, con obras de reformas

en su interior y posibles ampliaciones.

Con motivo de los trágicos sucesos de Annual, en julio de 1921, la Comunidad pone a disposición de la Cruz Roja las instalaciones educativas del Colegio, siendo aceptado por la Duquesa de la Victoria de forma inmediata para su uso como Hospital de sangre, desde

el primero de agosto.

Del mismo modo, los Hermanos asistieron al Ejército en las labores de recogida y sepultura de los cadáveres de la mencionada contienda

en Melilla y Monte Arruit durante 72 horas seguidas .

En ese momento, la comunidad tiene 23 Hermanos 12 de plantilla y 11 soldados y las clases se imparten en un local de la calle Actor Tallaví nº 18, hasta el 14 de mayo de 1922, que la Cruz Roja abandona el Colegio, si bien satisface 35.000 ptas. que se invierten en arreglar la planta baja del edificio mediados de agosto de 1922 , que todavía conserva la solería

original.

«A más de esto se hizo la escalera y se construyó una nueva clase a cuyo fin se prolongo la nave derecha de 9 metros de largo»

En el mes de mayo de 1923 llega la autorización para la edificación de la Capilla, «que en estos momentos se está construyendo conforme los planos del Cmo Hno Rogelio».

A mediados de febrero de 1924 se procede al cubrimiento total de la nave de 40 metros de longitud, ocurriendo un accidente laboral al precipitarse un albañil desde la azotea al “patio del perro” 12 metros de altura que pudo ser mortal, pero que quedó, felizmente, en una pequeña herida en la cabeza y magulladuras en el brazo derecho y la espalda: «cayó agarrado a una cuerda y el peón albañil que estaba en el patio contribuyó a su vez a amortiguar el golpe. Bendito sea Dios. Al cabo de una hora pudo andar con sus propios pies y pasearse por la ciudad»

A principios del curso 1924-1925 es decir, septiembre de 1924 , se dispone de tres clases más.

La nueva capilla se concluye a primeros de octubre, procediéndose a su inauguración y bendición, el domingo 26 de octubre de 1924 a las 10.30 horas de la mañana, por el párroco de Melilla José Casasola y contándose, entre los asistentes con: el comandante General José Sanjurjo y los generales José García Aldave y Emilio Fernández Pérez.

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