Conociendo nuestro patrimonio San Expedito (vitrina nº 10) Museo de Arte Sacro

Talla del siglo XIX de autor anónimo realizada en madera policromada.

La escultura en madera policromada de San Expedito, Patrón de las causas imposibles, se adapta a las pautas estéticas barrocas aunque con un modelado algo más blando. Una peana cuadrangular con una moldura dorada lisa relanza el porte de la talla, que adquiere prestancia y airosidad a partir del cuerpo enhiesto apoyado en un balanceante movimiento, para el que adelanta la pierna izquierda.

San Expedito se representa ataviado como soldado romano, con botas, faldellín, coraza y capa, mientras a sus pies se asienta el casco y el cuervo, en este caso mutilado.

También le faltan los atributos portados en las manos, pues si en la derecha (que alza hasta el pecho) asía una cruz, en la izquierda (relajada y pegada al cuerpo) portaba la palma (símbolo de martirio).

Con todo, el autor recarga las tintas sobre la factura de la cabeza y el rostro, en consonancia con el gesto del brazo alzado. Una testa de perfil oval y perspectiva frontal, realmente marcada por la elevación de la mirada al cénit en una expresión que lo inunda de un profundo misticismo.

Por lo demás, es difícil hacer una valoración de la policromía por los sucesivos repintes a los que ha sido sometida la imagen.

Antiguamente recibía culto junto a una imagen de Santa Teresa de Jesús en el altar que fue de la Inmaculada Concepción, frontero al de San Francisco de Asís.

(Rafael Fernández de Castro y Pedrera en su libro Resumen histórico del Patronazgo… Tánger, 1941, pp. 59-60.)

Hagiografía

La historia de este santo surge, al parecer a finales del siglo XVIII. Era un comandante de la XII legión romana (“Fulminata”), formada en su mayoría por soldados cristianos. Tenían como misión principal defender las fronteras orientales contra los ataques de los hunos.

En el momento de su conversión se le apareció un cuervo (ave que representa al demonio), el cual le disuadía para que no se convirtiera al cristianismo gritándole “cras, cras, cras” que en latín quiere decir mañana, en tanto que Expedito le respondió ¿Hodie, hodie, hodie!” que significa hoy. Posteriormente le aplastó con el pie izquierdo.

Tras haberse convertido, predicó a su tropa intentando acercarles al cristianismo. Esta circunstancia provocó la ira del emperador Diocleciano. Fue flagelado hasta sangrar y decapitado con su espada un 19 de abril.

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