Conociendo nuestra historia El Alférez Sanz y el Fuerte de Santiago

La historia de Melilla está repleta de sucesos, de esas “pequeñas historias” que han ido conformándola con el paso de los siglos. De muchas de ellas da buena cuenta nuestro callejero.

Hoy conoceremos una de ellas, la del alférez Sanz y sus hombres, que defendieron hasta la muerte el ya desaparecido Fuerte de Santiago en los últimos años del siglo XVII.

En junio de 2019 durante unas obras en la carretera de la Alcazaba afloraron los restos de uno de los muros de esta obra de fortificación.

A día de hoy una calle del barrio del Polígono sigue ostentando el nombre de este militar.

El 7 de octubre de 1949 el entonces cronista oficial de la ciudad, publicaba un artículo en el que relataba lo acontecido a los defensores del fuerte de Santiago en aquella jornada del siglo XVII:

“Sufría Melilla, como toda España y sus Colonias, al finalizar el siglo XVII, las terribles consecuencias del manifiesto mal gobierno de los últimos Reyes de la Casa de Austria, que por negligencia o veleidades, tras dejar exhausta la Hacienda pública, llevaban la Nación a pasos de gigante hacia el olvido de pasadas grandezas, sin ánimo apenas para reaccionar, viendo cómo, en la antes poderosa España, comenzaba a ponerse el Sol.

La penuria del Erario venía a quebrantar , entre otras muchas cosas, el normal sostenimiento de nuestras posiciones de frontera, menguadas antes, es cierto, las más precisas atenciones del solar patrio. Los presidios o plazas avanzadas de África, insuficientemente atendidas a lo largo de aquel siglo, entraron en un casi absoluto olvido, quedando solo a sus Alcaides-Gobernadores y guarniciones, soportar estoicamente, en cumplimiento de la fe jurada, no ya la continua hostilidad de los fronterizos, sino penosísimos períodos de hambre y sed, faltos de bastimentos de guerra, incomunicados con la Península, sin esperanzas de ser atendidos en sus casi continuos mortificantes apuros.

Por estas lamentables razones, las obras de defensa, ligera de Melilla, que venían sufriendo más que por su escasa solidez y las inclemencias del tiempo, por los insistentes ataques del enemigo, perdían eficacia de día en día, con notoria cuenta de los moros, que siendo dueños de las alturas del Cubo (cerro en que hoy tienen asiento los fuertes de Victoria Grande y del Rosario), hacían dificilísima y peligrosa la vida de los moradores de la ciudad.

Estimándose insuficientes para la conservación de la Plaza las pobres defensas de la parte Noroeste del tercer recinto amurallado, por el lado en que se levantaba el Torreón de “Cinco Palabras”, llamado antes del “Veedor”, dispuso a fines de 1696 el Maestre de Campo Don Antonio de Zúñiga fuese construido un Fuerte de planta triangular, en punta de diamante, cuyo lado mayor debería apoyarse sobre el borde occidental de la Ensenada de los Galápagos, que corresponde al punto medio de la línea que forman la Torre de la Concepción (antiguo Observatorio Meteorológico) y el Fuerte de Victoria Chica, contando apoyar la ejecución de estas obras- que duraron más de dos años pro causa de los repetidos ataques de que eran objeto- con el fuego de las baterías de Cortina Real, y de la Concepción alta y baja, mas el de mosquetería del Torreón de “Cinco Palabras”.

Apenas terminado el foso de piedra de este nuevo Fuerte, obra que a fuerza de pico abrieron nuestros gastadores; empezados los cimientos; colocados hábilmente manteletes y pipas con arena para cubrir la infantería, fue guarnecido, viéndose atacados violentamente la noche del 30 de abril de 1697 por las huestes del Príncipe Muley Mohammed, hijo del Emperador Mulay Ismail, que regresaba de una correría armada por Orán juego de castigar a los moros que eran rebeldes en aquella región. ¡Creían fácil los bereberes de la redonda dar victoriosa cima a este intento, protegidos de la caballería del Sultán, pensando hacedera la repetición de sus favorables sucesos de 1677 y 1679, en que lograron arruinar, tomándolos por asalto, nuestros Fuertes exteriores de San Lorenzo, San Francisco, Santo Tomás de la Albarrada y San Pedro de la Cantera!…

A poco de ser sonadas en aquella fecha las once de la noche bajó la morisma desde las alturas del Cubo, precipitándose en alud sobre el nuevo Fuerte de Santiago, y de Extramuros, que guarnecían el Alférez Don Juan Sanz y 25 hombres más ,gente hábil en el pelear, y dispuesta a no ceder en el empeño.

Tuvo la suerte el enemigo de hacer volar los depósitos de pólvora del fuerte, ocasionando la muerte a doce de sus defensores, triste suceso que no logró amilanar a nuestros bravos, que siguieron en su denonada lucha, animados por el heroico Alférez melillense, hasta las cuatro de la madrugada, hora en que el enemigo, duramente castigado, comenzó a retirarse, perseguido por el terrible fuego de mosquetería y cañón que se les hacía desde las murallas de San Fernando en su frente del foso de los Carneros.

Cuando el Maestre de Campo Don Domingo Canals y Soldevilla, seguido del sargento Mayor Don Diego Zazo, Capitán de Caballos, Don Diego Álvarez de Perea y Capitán de Infantería Española Don Pedro del Castillo, salvó al amanecer los doscientos metros que aproximadamente distaban el dicho Fuerte de Santiago del actual Túnel de la Alcazaba, en la salida de los Galápagos, hallaron los fosos cubiertos de cadáveres enemigos, y montadas aún cinco escalas de asalto que usaran los moros; pero no recibió el honor de llegar a tiempo de felicitar al Alférez Don Juan Sanz, alma de la defensa, que cubierto materialmente de heridas se había mantenido en su puesto de combate, espada en mano hasta dar la vida por la Patria, resistiendo animoso siete brutales ataques al arma blanca, logrando su incomparable valor, que ni un solo enemigo llegase a poner pie en la débil fortaleza, tan bizarramente defendida.

Esta resonante victoria se festejó al día siguiente- 1 de mayo de 1697, fiesta de San Felipe y Santiago- con grande fervor y regocijo, celebrándose oficios y sermón a cargo de Fray Bartolomé de Torrentera, Vicario de la Plaza, haciendo salvas reales toda la artillería de la misma.

Juan Antonio de Estrada, en su “Población General de España”, impresa en 1748, al consignar este suceso dice: “Se tiene por muy cierto en esta Plaza, que defendió el Fuerte, visiblemente, el Apóstol Santiago que juraron vieron sobre un caballo blanco; cuyo milagro permanece pintado en un Cuadro de la Capilla que hay en este Fuerte; por cuyo motivo se le dio el nombre y advocación del Santo cuando se acabó, gobernando Don Domingo de Canals y Soldevilla, bien conocido por la defensa que hizo a la Plaza de Badajoz el año 1705, cuando le pusieron sitio.

Melilla rindió perenne homenaje a la feliz memoria del glorioso Alférez Sanz, dando su nombre a una de las calles de esta valerosa Ciudad, testigo del heroísmo e inmarcesibles virtudes militares de nuestra Raza…”

El escritor melillense Juan Antonio de Estrada del siglo XVIII, en su obra Población General de España y Presidios de África, hacía alusión también a este pasaje de la historia de Melilla:

“ Defendieronla 22 hombres que se hallaban dentro, y el Alferez Don Juan Saez, que fue el unico que murió en la pelea. La artillería de la plaza jugó con metralla con mucho vigor, particularmente del torreon del Veedor, que llaman al presente Cinco palabras. Desistieron los enemigos al amanecer del empeño, quedando el foso lleno de cuerpos muertos. Se tiene por muy cierto en la plaza lo defendió visiblemente el Apostol Santiago, que juraron algunos vieron sobre un caballo blanco; cuyo milagro permanece pintado en un cuadro de la Capilla que hay en este fuerte; por cuyo motivo se le dio el nombre y advocación del Santo quando se acabó…”

Gabriel de Morales, primer cronista oficial de la ciudad, en su obra Efemérides de la historia de Melilla, hace también alusión a este suceso:

“ La noche del día último de Abril, que fue víspera de los gloriosos Apóstoles San Felipe y Santiago, de este año 1697, avanzaron los moros siete veces con cinco escalas el fuerte nuevo que se está haciendo, llamado Santiago, que está extramuros, el cual tenía 25 hombres de guarnición, y de éstos no quedaron más de 12 que pudieran tomar armas, por haber volado las municiones que en dicho fuerte había: quedaron algunos volados y otros escalabrados de las pedradas que los moros arrojaban, y estos 12 defendieron el fuerte, sin permitir dejar entrar a ninguno de los moros que subían en dichas escalas, y el mayor daño que el enemigo recibió fue de la artillería y mosquetería de la Plaza, y comenzaron estos avances a las once de la noche referida y duró hasta las cuatro de la mañana, retirándose los moros con mucha pérdida y sin lograr su intento, dejándose las escalas arrimadas a dicho fuerte; el foso y toda su circunvalación amaneció regado de sangre y sembrado de destrozos de cuerpos, y de los nuestros no murió más de un alférez, que estaba por cabo de dicho fuerte, llamado D. Juan Sanz, vecino de esta Plaza de Melilla y casado en ella, y habiendo quedado la victoria por nuestra, se celebró aquel mismo día de San Felipe y Santiago con mucho regocijo, haciendo salva real con toda la artillería que tiene la Plaza, gobernando esta Plaza de Melilla el Maestre de Campo D. Domingo Canals y Soldevilla.”

[Bibliografía: Juan Antonio de Estrada y Paredes. Población General de España. Ciudad Autónoma de Melilla. 1995

Gabriel de Morales y Mendigutia. Efemérides de la historia de Melilla (1497-1913). Ciudad Autónoma de Melilla. UNED. 1992

Miguel Villalba González. Colección cartográfica de mapas, planos y dibujos de Melilla en el Archivo General de Simancas (1564/1797). Ciudad Autónoma de Melilla. 2012]

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