Conociendo nuestra historia Pedro de Estopiñán y la toma de Melilla

Cada 17 de septiembre Melilla rememora la llegada de las huestes del duque de Medina Sidonia capitaneadas por Pedro de Estopiñán. Un hecho histórico que cambió el devenir de este enclave en el norte de África.

Desde entonces Melilla pasaba a formar parte de la Corona de Castilla aunque esto se llevaría a cabo en su totalidad en años posteriores, hacia 1556 reinando Felipe II.

Sobre este acontecimiento se ha escrito mucho, un tema que ha sido abordado por diversos autores. A continuación exponemos lo publicado por algunos de ellos:

Antonio Bravo Nieto, cronista oficial de la ciudad ha escrito diversas publicaciones sobre este tema. Con motivo de la exposición dedicada al Gran Capitán, describe los prolegómenos de la toma de la ciudad:

Melilla: una actuación muy estudiada

“e que seria de grande utilidad e provecho a estos reinos de España tener en Africa un pueblo como el de Melilla” Pedro Barrantes Maldonado en Ilustraciones de la Casa de Niebla (1544)

Como preámbulo de la ocupación de Melilla, entre 1492 y 1494 se desarrolló un intenso trabajo de información sobre la costa norteafricana que permitió disponer de una información privilegiada sobre esta área geográfica. Estos trabajos estuvieron coordinados por Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos.

Se realizaron diversos viajes de reconocimiento sobre Melilla, para analizar tanto el estado de fortificaciones y edificios, como la situación política por la que arrastraba.

Las primeras noticias que conocemos vienen dada por hispanomusulmanes que viajaron a la zona, como el jurisconsulto granadino Sid Mohammed el Bukini, el fatih Yuseb Ben Mendújar o un confidente granadino llamado Ibrahim Azeit. Este último se relacionó con personas de Tabaharique (que aparece en la documentación como la cabecera de poder regional de la que dependería Melilla y que se situaba en la zona baja del río Muluya) y Teuente.

Estos primeros contactos, son intensificados en julio de 1493 en un viaje llevado a cabo por Juan Lezcano y Lorenzo de Zafra que mantuvieron tratos con algunos jefes de la región. Se estudiaba entonces el establecimiento de algún tipo de vasallaje e incluso llegaron a ser acompañados por algunos de ellos en su viaje de vuelta a España.

El interés de los Reyes por la zona debía aumentar, pues sabemos por una carta de Hernando de Zafra de 8 de julio de 1493 que la reina le había ordenado que Lorenzo de padilla y el maestre Ramiro López (que se había ofrecido a los reyes para pasar a África y apoderarse de melilla) anduvieran reconociendo la costa durante el mes de agosto, y que informaran de su viaje al conde de Tendilla.

En la segunda quincena de octubre de 1493, se produjo la salida de su antiguo reino de Granada del rey Boabdil, junto a un nutrido número de seguidores que embarcaron en Adra en una escuadra al mando de Iñigo de Artieta y en la que también pudo participar Gonzalo Fernández de Córdoba.

La expedición arribó hasta el puerto de Melilla, muy cerca de Cazaza, donde se produjo el desembarco de la comitiva que emprendería su camino hasta Fez.

Con motivo de este viaje, también se sucedieron nuevos informes y el 25 de febrero de 1494, Zafra escribía a los Reyes comunicándoles el ofrecimiento de vasallaje a España del jefe de Tabaharique que cedería la fortaleza de Melilla a los Reyes Católicos.

En abril, Pedro Lezcano y Alvaro de Acosta, llegaron a Melilla y negociaron la cesión de la plaza con jefes locales, previa expulsión del alcaide que representaba al sultán de Fez.

No obstante, los informes de Lezcano y Acosta señalaban que sus fortificaciones estaban en muy mal estado. Este cúmulo de informaciones, hicieron estudiar a Hernando de Zafra la redacción de unas capitulaciones muy parecidas a las que se establecieron con Granada.

Disponemos de más datos sobre otras misiones que demuestran que los viajes se realizaban de una manera muy continuada. Era evidente en estos momentos que el poder central del sultanato de Fez estaba muy debilitado y que los poderes locales se atrevían a proponer pactos o una especia de vasallaje con los Reyes Católicos (una especie de soberanía española en la zona, manteniendo las autoridades locales) o incluso la cesión de fortalezas como Melilla. En todo caso, es interesante señalar que existen diferentes referencias sobre la participación de musulmanes de la zona de Melilla en los antecedentes de la llegada de las naves españolas.

En 1495, el Rey ordena la misión de Martín Fernández Galindo a Melilla, con el fin de estudiar las posibilidades de ocupación. Los historiadores del duque de Medina Sidonia, Barrantes Maldonado y Pedro de Medina, hacen especial hincapié en el carácter negativo de su informe que habría provocado que los monarcas abandonaran la idea de ocupar la ciudad. En ese momento, según estos historiadores, el Duque, habría tomado la iniciativa de la empresa.

Sin embargo, el análisis de los datos históricos nos lleva a otra conclusión. Después del viaje de Fernández Galindo, los monarcas orden de nuevo a Ámese Ramiro López que reconociera Melilla y sus fortificaciones por ser “muy sabio para aquel negocio”.

Este artillero e insigne constructor de fortalezas sale de Gibraltar con destino a Melilla en una fusta, junto a Martín Bocanegra (personaje al servicio del duque de Medina Sidonia).

Ramiro López lleva a cabo sus mediciones y estudia los materiales y la artillería necesaria para fortificar la ciudad que por entonces ya estaba semiabandonada.

A continuación regresó a Gibraltar, ciudad en la que empieza a organizarse una expedición muy bien abastecida de artillería. Sin embargo Ramio López no pudo participar en la ocupación personalmente porque una orden de los Reyes de 31 de octubre de 1495 le indicaba que partiera para el Rosellón, donde empieza a construir la fortaleza de Salsas a partir de 1497.

La bibliografía no clarifica si en este viaje de Ramio López iba Pedro de Estopiñán, contador del duque de Medina Sidonia y futuro conquistador de Melilla, o si éste realizó un viaje posterior para concretar datos de la inminente ocupación.

Por otra parte, muchos autores que se han ocupado del tema confunden a ámese Ramiro López con Francisco Ramírez de Madrid. Sin embargo Lorenzo de Padilla en su obra sobre Felipe el Hermoso, documenta su presencia que fue silenciada por dos cronistas de la Casa Ducal para realzar la primacía de Medina Sidonia en la toma de Melilla.

En estos momentos es cuando se produce el abandono definitivo de Melilla por sus habitantes. Las razones aducidas por los historiadores han sido muy diversas. En 1496 un musulmán granadino informó que Melilla había sido destruida por orden del sultán de Fez. Por haberse alzado la población contra su autoridad.

León el Africano y Mármol Carvajal hablan sin embargo de destrucción por parte de la pequeña guarnición del Sultán, a causa del abandono de su población.

Finalmente, otros apuntan que los de Melilla destruyeron la ciudad el enterarse que venía una flota española.

Detrás de todas la versiones, encontramos una ciudad en profunda decadencia acentuada tras la pérdida de Granada. También a una población acuciada por la inseguridad y que en diversos momentos plantean aceptar un vasallaje de los Reyes Católicos que permitiera un cierto mantenimiento del status anterior.

Finalmente un delegado del sultán de Fez que debía rechazar contundentemente cualquier ofrecimiento que los habitantes realizaran a otro poder que no fuera el del Sultán. El resultado final fue la ciudad abandonada y semidestruida.”

Francisco Mir Berlanga, quien fuera también cronista oficial de la ciudad, escribe también sobre este episodio de la historia local:

“Noticioso el Gobernador de Andalucía, don Juan Alonso de Guzmán, III Duque de Medina Sidonia, de que los Reyes abandonaban el propósito de conquistar Melilla, decidió tomar la empresa a su cargo, a cuyo efecto y obtenida la competente autorización Real, comisionó a su comendador don Pedro de Estopiñán Virués, para que pasara a explorar la península de Tres Forcas, cosa que realizó disfrazado de mercader en unión del famoso artillero Francisco Ramírez de Madrid, muerto años más tarde, durante la sublevación de los moriscos, en el desastre de Sierra Bermeja.

Decidido el Duque a efectuar a su costa la conquista de Melilla, mando juntar- dice Barrantes, el cronista de la Casa Ducal- “cinco mil ombres de pie e alguna gente a caballo e mandé aparejar los navios en que fuesen e hizolos cargar de mucha harina, vino, tocino, carne, aceyte e todos los mantenimientos necesarios e de artillería lanças, espingardas e toda monición”.

“E asimismo llevaron en aquel viaje gran cantidad de cal e madera para reedificar la ciudad.E con toda esta Armada e gente, partió Pedro de Estopiñán, Contador del Duque, por su mandato del puerto de SanLucar en el mes de septiembre del año 1497 e hízolos buen tiempo e se detuvierion en el mar para no llegar de dia, e allegando la noche, la primera cosa que hizieron fue sacar a tierra un enmaderamiento de vigas que se encasaban e tablazón que llevavan hecho de España.

E trabaxaron toda la noche de lo hacer e poner a la redonda de la muralla derribada a la parte de efuera, donde andaban los alárabes… que cuando el otro dia amanecíó, los moros alábares que andaban por los campos que avian visto el dia antes Melilla asolada e la vieron amanecer con muros e torres, e sonar atambores e tirar artilleria, no tuvieron pensamiento que estuvieran en ella cristianos sino diablos, e huyeron de aquella comarca a contar por los pueblos cercanos lo que avian visto.

E dióse tanta prisa e diligencia en hacer los adarves que en pocos dias se puso la obra a tan altor, que cuando los moros se juntaron e vinieron a dar sobre ello, se pudieron muy bien defender en la Ciudad…

E así peleando e trabaxando en las obras, acabaron de reparar los adarves e torres.

E costó al Duque de Medina, Don Juan de Guzmán, doze cuentos de maravedís solamente reedificar a Melilla de muralla, cava e barrera e quedando por Alcaide el Capitán Gómez Suárez, criado del Duque de Medina e Alcaide de la su villa de Chiclana esforzado caballero e diestro en la guerra, se tornó Pedro de Estopiñán a dar cuenta al Duque, su Señor de lo que quedaba hecho…”

Tuvo lugar, pues, la conquista de Melilla, el 17 de septiembre de 1497, hecho del que recibieron gran satisfacción don Fernando y doña Isabel, que pasaban en aquellos días por el amargo trance de haber perdido al heredero de su Reino, el malogrado Príncipe don Juan, que murió de amor, y que duerme su sueño eterno, en el bellísimo sepulcro del Convento de Santo Tomás, de Ávila.

Celebraron tanto los Reyes el éxito de la Empresa de Estopiñán, que en carta que enviaron al Duque con fecha 18 de octubre del citado año le decían:

“que el placer que hobimos con la buena nueva que nos enviasteis, nos ha aprovechado, para templar un algo el dolor que tenemos, porque esperamos en Dios, que desto será mucho servido…”.

Mariano Gambín, escritor y profesor, en un artículo publicado en la Revista de Historia Canaria, aporta la siguiente información:

La toma de Melilla

La continuación de la reconquista «allende», como se decía entonces, es decir, en suelo africano, fue un anhelo constante de la reina Isabel una vez acabó la guerra de Granada.

El hecho de que esta idea no fue abandonada, aun cuando las circunstancias internacionales no permitían siquiera plantearse destinar ni un maravedí a ella, se demuestra con la actividad de Hernando de Zafra, secretario de los monarcas.

En estos años a su instancia se suceden varios viajes a la costa nortea-

fricana de personas de confianza, que a su vuelta emiten informes sobre la situación en los enclaves costeros.

Conocemos los viajes del corregidor de Alcalá Lorenzo de Padilla, así como de los comerciantes Olarte y Basurto.

También informó de ello el comendador Martín Galindo y aun algún autor considera que también viajó el artillero real Francisco Ramírez de Madrid.

Un episodio de cierta importancia y apenas conocido, que ha sido dado a la luz recientemente, es el derivado de varios documentos cortesanos hallados en

Simancas. A través de ellos conocemos las negociaciones que los Reyes Católicos tuvieron en 1494 y 1495 con el alguacil musulmán de Melilla y otros vecinos de la ciudad. De los informes facilitados por Galindo y Ramírez de Madrid tras el último viaje, los monarcas estaban convencidos que conquistar Melilla dejaba de ser una empresa inmediata:

“y visto su relaçion, paresçenos que aquel negoçio no es cosa que pueda agora nos convenir entender en ello.”

Por ello ordenaban al conde de Tendilla, gobernador de Granada, y al secretario Zafra que se lo hiciesen saber el alguacil melillense, haciéndole, por su disposición favorable a los castellanos, una oferta como la siguiente:

“..darle en Motril hasyenda e asyento en que pueda estar, que es lo mismo que el nos pedia dandonos a Melilla, y sy quesiere pasarse a Melilla, hasedle dar algund navio en que se pase…, y si quisiere llevar su muger e sus hijos y los otros moros de Melilla que aca estan, llevelos quando e como él quisiere…”

. No obstante esta orden, el alguacil melillense y sus acompañantes consiguieron Llegar a la Corte y entrevistarse personalmente con los monarcas, sin que lograran que éstos cambiaran de idea, por lo que el intento quedó en nada.

Años después, en julio de 1523, una vez tomada Melilla, el alguacil mencionado, que se encontraba viviendo en Marruecos, intentó arrogarse méritos que no le correspondían:

Muy virtuoso señor bachiller Santa Cruz, alcalde mayor en esta çibdad de Granada…, Mahomad, hijo de Hamete, alguazil que fue de Melilla seyendo de moros, paresco ante v. m. e digo que seyendo yo, como dicho tengo, alguazil de la dicha Melilla e queriendo servir a sus magestades como muy servidor que e sido e soy de sus altezas, di aviso e manera a los christianos para que tomasen a la dicha Melilla, e por mi aviso e diligençia que en ello puse, los christianos tomaron a la dicha Melilla e Alhaçaza, que es otro castillo çerca de Melilla…

Ante semejante petición fuera de lugar, el mencionado Mahomad tuvo la callada por respuesta.

Aunque no pudieran abordarla los monarcas, los ataques piráticos de los musulmanes norteafricanos en las costas castellanas hacían que fuera necesario tomar alguna medida.

En 1497, envalentonado el duque de Medina Sidonia por el éxito de la conquista de Tenerife, y teniendo de nuevo sus tropas a su alrededor, vio en la empresa de Melilla una manera de congraciarse otra vez con el favor real sin perder por ello su preciada plaza de Gibraltar.

Así, propuso a los monarcas intentar la ocupación de la ciudad a su costa y riesgo.

Algunos autores de siglos pasados consideraron la iniciativa del duque como una decisión tomada al margen de los Reyes, una especie de «hecho consumado» que los monarcas apreciaron a posteriori.

. Sin embargo, la existencia de varias cédulas ordenando a las autoridades fiscales que facilitaran el aprovisionamiento de las fuerzas del duque demuestra que la expedición tenía las bendiciones de la Corona.

Según los cronistas, el duque envió a explorar el terreno a su contador mayor, el comendador de la orden de Santiago Pedro de Estopiñán, hermano del Bartolomé de Estopiñán, que intervino en la conquista de Tenerife.

Los Estopiñán, originarios de Jerez, eran una familia de importancia en

la ciudad, que años antes habían optado por entrar bajo el servicio ducal. Su fidelidad y disponibilidad quedó fuera de toda duda al cumplir Estopiñán el encargo felizmente, trayendo la noticia de que la ciudad estaba despoblada y desguarnecida, aunque arruinada.

Llegados aquí, creemos que debemos poner en cuestión uno de los pormenores citados por los cronistas de aquellos años.

El cronista Andrés Bernáldez, contemporáneo de los hechos, relata de forma resumida la toma de Melilla por las fuerzas del duque:

…año de 1497 susodicho, en el mes de setiembre, por mandado del rey don Fernando, fizo el duque de Medina Sidonia, conde de Niebla, don Juan de Guzmán, una armada que habia de ir allende a tomar e poblar Melilla, que es en el reyno de Tremecen, linde con el reyno de Fes, porque se supo por ciertas diferencias que los moros la habian despoblado; e fueron en la dicha armada çinco mil hombres y descendieron en Melilla, la que hallaron vacia de gente e despoblada, e poblaronla, e reparándola, e fortaleciéronla mucho, é el Rey fizo gobernador della al dicho duque.

De Bernáldez sacaron sus datos tanto Barrantes Maldonado, que escribió en 1540, como Pedro de Medina, autor de 1560, ambos cronistas de la casa de Medina Sidonia, autores sobre los que se ha edificado la historia tradicional de la conquista de Melilla.

Creemos que este dato de cinco mil combatientes es exagerado, no tanto por el número de soldados, sino por las necesidades de transporte que éstos necesitarían para ser llevados a Melilla. En otras palabras, las posibilidades de transporte de los barcos de aquella época eran tan limitadas que, para llevar a tantos hombres a la vez de Sanlúcar a Melilla, el duque hubiera necesitado un número de navíos tan grande que quedaba fuera de sus posibilidades.”

[Bibliografía: Francisco Mir Berlanga. Resumen de la historia de Melilla.1996

Antonio Bravo Nieto. Melilla en la política africana de los Reyes Católicos. El Gran Capitán y la España de los Reyes Católicos. Catálogo de la exposición.2004.

Mariano Gambín García. Una ayuda inesperada. La decisiva intervención del duque de Medina Sidonia en las conquistas de Tenerife y Melilla (1496-1497). Revista de Historia Canaria, 196; 2014]

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