Conociendo nuestro patrimonio Hospital del Rey

Tan emblemático edificio  forma parte, sin duda alguna, de la historia de la Vieja Melilla desde el siglo XVIII.

Se tiene constancia de la existencia en la ciudadela  de otros;  el primer hospital del que se tiene referencia visual es el que aparece en el plano de Pedro de Heredia de 1604, situado junto a la casa del gobernador en la plaza principal de Melilla.

Posteriormente se construyó otro que estuvo frente a la iglesia de la Purísima Concepción, el hospital de San Francisco, cuyas obras se terminaron durante el período en que la orden capuchina regía la iglesia melillense y que estuvo funcionando desde el siglo XVII

El trazado original del proyecto está firmado el 14 de julio de 1752 por los ingenieros Thomas Warluzel y Juan de Dios González. Se aprovechó también la voladura del polvorín junto al torreón del Bonete y la hondonada natural del Hoyo de la Cárcel.

Era entonces Gobernador de la Plaza Antonio de Villalba y Angulo que ocupó dicho cargo durante veinticinco años hasta 1757, sustituyéndole en el cargo el teniente coronel  de Infantería Francisco de Alba Vallejo.

En 1753 se empezaron a expropiar algunas de las viviendas colindantes y las obras dieron comienzo en 1758; se prolongaron ampliamente hasta su finalización después del asedio que sufrió la plaza en 1774.

El hospital, de dos plantas, tiene forma rectangular con patio central y arquería de medio punto sobre pilastras y columnas, en torno al cual se ordenaban las naves; en la planta baja se pensaba situar diversos servicios y en la altas las distintas salas. Fue uno de los edificios más significativos de Melilla.

En cuanto a la ejecución del proyecto, sabemos que su estructura fue muy transformada aunque se respetara la idea general.

En 1849 la galería de madera de la planta alta del patio fue sustituida por arcadas de mampostería similares a las que ya existían en el piso bajo. En este mismo año el ingeniero Manuel Vilademunt intentó poner a prueba de bomba el hospital reformando sus muros y sustituyendo el techo de madera por bóvedas resistentes.

Éste nos permitió conocer cual había sido el proyecto que se había ejecutado realmente en relación con lo propuesto en 1752. Las naves únicas del primero habían sido transformadas en naves dobles por lo que se había ampliado su capacidad; a su vez, el patio se había simplificado aunque se respetaron las arcadas de medio punto que fueron llevadas también al segundo piso. Sin embargo, la cuidada fachada de Warluzel y González quedaba ahora muy desfigurada con un planteamiento irregular determinado por las distintas funciones de cada sala, lo que alteraba el aspecto del edificio.

Con posterioridad existe constancia de otro proyecto sobre este hospital. El 24 de diciembre de 1887 el ingeniero José Núñez proyectaba elevar una tercera planta al edificio.

Considerado como el único hospital militar y civil de Melilla hasta inicios del siglo XX, dejó de funcionar como tal en 1929’, siendo entonces utilizado para diversos usos hasta quedar prácticamente abandonado en los años setenta.

De hospital a centro cultural

Durante la década de los noventa fue rehabilitado según proyecto del arquitecto José Ignacio Linazasoro Rodríguez.  Desde 1997 es la sede del Archivo General de la Ciudad, Archivo Histórico y Servicio de Publicaciones de la Ciudad Autónoma de Melilla.

En la página Linazasoro & Sánchez se publica una descripción de la obra realizada en este emblemático edificio:

“ Restauración del Hospital del Rey, Melilla, España

Proyecto 1990-1996

El edificio aunque aparentemente en estado lamentable, era todavía de sólida estructura, prototipo de arquitectura militar introducido en España por ingenieros militares flamencos. Había que introducir un programa diverso del original, pero lo importante era rescatar al edificio del estado de abandono en el que se encontraba.

Desde el interior sólo se vislumbra el mar abierto. Se rehizo toda la parte trasera del edificio, en penoso estado, para establecer nuevas y más dignas conexiones entre las dos plantas del mismo; también se recuperaron antiguas galerías subterráneas e incluso se rehicieron todos los huecos de ventana y se proyectaron espacios de relación entre los recuperados.

Las intervenciones responden a una arquitectura moderna de raíces arcaicas y esenciales buscando la proximidad a la arquitectura militar. El fin último era reforzar el primitivo carácter del edificio sin repetir las formas del pasado.

Autor: José Ignacio Linazasoro
Colaborador: J. Puldain”

En 2019 la Fundación Melilla Ciudad Monumental siguiendo con los fines marcados por sus estatutos, apoyó económicamente el proyecto de reforma y musealización de la entrada principal de este edificio. Con ello se amplia  y enriquece la oferta expositiva  en Melilla la Vieja.

Noticias sobre el Hospital

Francisco Saro Gandarillas en su obra Melilla en el cambio de siglo. Población y sociedad en el Padrón de Vecindario de Melilla de 1887, hace la siguiente referencia:

“Hospital Militar

Inaugurado durante el sitio de Melilla de 1774, el Hospital Real, como se le conoce hoy día recuperando su nombre decimonónico, constituía un órgano de importancia vital en Melilla, alejada ésta de cualquier socorro sanitario de urgencia.

A mediados de siglo el capitán Alvear lo consideraba como  muy bueno, conteniendo “cinco hermosas salas altas y cuatro bajas… con un hermoso patio”. Su condición de aislamiento le proporcionaba una gran ventilación, lo que le daba, en el sentir de la época, unas buenas condiciones higiénicas. Las salas bajas cumplían la función de hospital civil, pues en ellas recibían atención todas aquellas personas que en Melilla no podían costearse los servicios de un médico, ya que la atención sanitaria habitual era de carácter domiciliario.

La Comisión de 1870 ponía de manifiesto esta ausencia de hospital civil independiente, y lo inconveniente de que las mujeres no estuvieran aisladas y fueran atendidas por confinados. Por lo demás, coincidía con la opinión de Alvear sobre las buenas condiciones del centro, sobre todo en lo relativo a ventilación, y por el hecho de que podía atender cómodamente hasta doscientos enfermos.

En la revista que pasó el brigadier Mirelis en diciembre de 1885 ya no estaba el hospital en tan favorables condiciones, y en ese mismo mes se pedía un inmediato proyecto de ampliación o en su defecto, un hospital de nueva planta. Al año siguiente, la junta facultativa del hospital bajo la presidencia de su director Pablo Vallescá, ponía de manifiesto las mejoras imprescindibles para un excelente servicio, que suponían rehacerlo de arriba abajo.

En el año del Padrón (1887) se aprobó la ampliación en sentido vertical, decisión olvidada definitivamente, pues en 1909 seguía con la misma estructura e iguales condiciones de antaño.”

En el  periódico local, ya desaparecido, El Telegrama del Rif en alguna ocasión también fue noticia este hospital  hoy reconvertido en centro cultural.

Hospital Central

La asistencia de los paisanos

El Hospital de Melilla, construido hace muchos años junto al Faro, en la Plaza de la Parada, respondía indudablemente a sus fines en aquella época, dando albergue y asistencia a los enfermos militares y paisanos, puesto que éstos no tenían otro establecimiento de esta clase, dado que el ministerio de la Guerra era el único que satisfacía dichas atenciones en un pueblo, que más que pueblo, era fortaleza.

Al llegar la campaña de 1909, vióse desde el primer momento que era insuficiente ante las nuevas circunstancias y el desarrollo de la población, por lo que fue preciso establecer otros que hoy tienen la cuestión sanitaria completamente resuelta.

Multiplicados los medios de asistencia con los hospitales Docker y Alfonso XIII y de Infecciosos que lleva el nombre del General Jordana, los militares fueron separados del viejo hospital, que al recibir la denominación de Central, quedó, casi exclusivamente destinado a los enfermos del elemento civil, pues son muy pocos los soldados que en él se mantienen y esto cuando se trata de enfermedades especiales.

Claro es que ha de ser una aspiración de Melilla el llegar a tener un Hospital civil, en lo que habrá que pensar por el extraordinario crecimiento de su vecindario; pero habiendo de tener ese establecimiento un carácter puramente local y no provincial, puesto que la provincia no existe, serían de mucha consideración los gastos que habría que hacer para construirlo y sostenerlo. Baste para comprenderlo así el consignar que por término medio hay 200 hospitalizados  paisanos en el Central, dato del que puede derivarse la cuantía del desembolso a hacer.

Por el carácter de la vida de Melilla ha estado aquí forzosamente reunida la asistencia del militar y la del vecino, y sólo cuando ha sido posible se ha efectuado esta separación, que hoy, como antes decimos, es casi un hecho, si bien los gastos del Central siguen a cargo del presupuesto de la Guerra.

El viejo edificio de la Plaza de la Parada, aun siendo como lo ha sido objeto de solícitos cuidados y de constantes mejoras, no ofrece la posibilidad de ponerle en las condiciones que la ciencia médica exige, porque a ello se oponer la índole de su construcción, la falta de espacio y los materiales empleados en la techumbre.

Se ha mejorado mucho, sin embargo, y a las continuas obras realizadas desde 1909, hay que añadir los arreglos de las solerías recientemente efectuados y merced a los que los pisos altos fueron dotados de mosaico y los bajos de portland.

Aparte de otras cosas, se echa de menos en el Central la existencia de una sala en que pudieran ser cuidados los enfermos capaces de sostener con recursos propios un trato especial, departamento que no falta en ningún hospital y que aquí es acaso más necesario, dada la existencia de muchos viajeros que sorprendidos por la enfermedad, preferirían la asistencia pública a morar en el hotel o la hospedería.

Recordamos que no hace mucho tiempo se pensó en ello, habiéndose desistido por no haber en la Comandancia de Ingenieros la consignación necesaria y entendemos que el problema podría tener fácil solución si la Junta de Arbitrios, considerando la índole municipal del servicio a que nos referimos, atendiese el coste de la transformación de uno de los locales del Central en sala de pago.

De este modo se daría satisfacción a una verdadera necesidad, que ya se va sintiendo con  apremios, y como conocemos cuan excelente acogida tienen por parte del General Villalba, digno Presidente de la Junta de Arbitrios cuantos pensamientos cuya realización pueda redundar en beneficio de la ciudad y de sus habitantes, nos atrevemos a esperar que aquella entidad administrativa accederá al ruego que queda consignado y ofrecerá su concurso, a fin de que en breve haya en el Hospital una sala en la que tengan ingreso las personas pudientes.

Tal sería una conveniente solución intermedia mientras llega el momento de crear un Hospital civil, que, por otra parte no ha de estar muy lejano.

(Publicado el 2 de julio de 1915)

En 1916, en concreto el 11 de abril,  el Hospital del Rey, entonces Hospital Central, volvía a ser noticia en la prensa de Melilla:

Hospital Central y Hospital civil

Visitando sus salas. Asilo y Casa de Maternidad. Lo que cuesta la estado. Otros datos interesantes

El coche nos lleva hasta la plaza de los Algibes, remontando, penosamente la empinada cuesta de Florentina, después de paradas sin cuento en la entrada del túnel, por acumulación de vehículos que marchan en opuestas direcciones.

Cada vez que pasamos por esos lugares comprendemos la necesidad de adoptar algunas medidas que pongan término a lo que sucede cuando carros y coches suben y bajan ignorando si pueden penetrar o no en el citado túnel.

La plaza de los Algibes está solitaria. Lo que fue centro de Melilla, ve ahora transcurrir los días sin gentes que la alegren ni huellen su piso; la hierba crece entre las menudas piedras del pavimento. Seguimos las estrechas y tortuosas calles de la acrópolis hasta dar con nuestro cuerpo en el hospital Central, hoy verdadero hospital civil.

El viejo caserón del siglo XVIII ha sufrido muchas reformas que no logran remozarle. La necesidad lo impuso en pasados tiempos como hospital militar, y hoy esa misma necesidad lo ha transformado en asilo de la población civil.

Es el edificio capaz para doscientas plazas; sin embargo, nunca bajan de doscientos cincuenta los asilados. ¿Cómo negarse- nos dice el médico director, subinspector de segunda D. Victor Iparraguirre- a recibir los enfermos graves carentes de recursos o a los ancianos de dolencia crónica, inútiles para el trabajo y a veces sin familia?

Recorriendo las salas salta a la vista el exceso de enfermos: las camas se aprietan, sin dejar apenas espacio para el paso: dentro de las condiciones de los locales se saca todo el partido posible.

Tiene razón el ilustrado médico militar y es bien meritoria la conducta que observa, pues negar la entrada a los enfermos que la beneficencia municipal envía al citado establecimiento, como se hace en la Península cuando están cubiertas las plazas, equivaldría a condenarlos a muerte.

Si allí no se refugian, no hay en Melilla otra institución análoga donde puedan hacerlo. Toda la miseria de la ciudad, ese torbellino de pauperismo y de desgracia que nos arrojan a diario las costas levantinas, da un gran contingente al hospital civil, que es a la vez asilo de ancianos y casa de maternidad.

Allí hemos visto viudas que llevaron sus pequeñuelos por carecer de familia que los cuidos durante la enfermedad de la madre: ancianos que piden un asilo y hasta niños huérfanos de padre y madre. De éstos hay uno, natural de Cartagena, que carece de parientes, y al que se niegan a recibir los establecimientos benéficos de su ciudad natal, pretextando no haber en ellos vacante.

Hablamos con mujeres y con hombres, mostrándose todos satisfechos del trato que reciben. El hambre debe ser la principal enfermedad de algunos. Muchos de ellos son clientes periódicos del hospital. Cuando se reponen, o necesidades más apremiantes reclaman un hueco, son dados de alta. El trabajo y las privaciones quebrantan de nuevo su salud y vuelve allí para comer y descansar, notándoseles a los pocos días los efectos de la quietud y de la sana alimentación.

El subinspector médico de segunda don Victor García Iparraguirre dirige con extremado celo el establecimiento, secundándole con no menos entusiasmo los médicos mayores D. Leopoldo Queipo y don Francisco García y los segundos don Isidro Garnica y don Tomás Martínez Zaldívar, encargados de las cuatro clínicas. Es administrador el oficial primero de Intendencia señor Gálvez.

Todos los gastos del hospital los sufraga el ministerio de la Guerra. En la Península corren a cargo de las Diputaciones provinciales o de los Ayuntamientos. Aquí en nada se grava por este concepto el presupuesto de la Junta de Arbitrios.

Veamos aproximadamente lo que el Estado beneficia con ello al nuestro Municipio y por ende al vecindario.

El promedio diario de enfermos puede calcularse en doscientos sesenta y el precio de la hospitalidad administrativa y farmacéutica en dos pesetas setenta céntimos: multiplicando estas cantidades por los trescientos sesenta y cinco días del año obtenemos un total de doscientas cincuenta y seis mil doscientas treinta pesetas.

A estas cifras hay que sumar los sueldos del personal médico, farmacéutico y administrativo, que pueden calcularse, en números redondos, en noventa mil pesetas; de ahí que el sostenimiento del hospital civil cueste, en números redondos, de trescientas a trescientas cincuenta mil pesetas.

La Junta de Arbitrios en su evolución hacia el Ayuntamiento trató de estudiar lo que costaría un hospital para doscientas camas, obteniendo la consecuencia de que, aparte del edificio, tendría que dedicar cien mil pesetas para la instalación, y que no bajaría de doscientas cincuenta mil el sostenimiento.

El hospital civil es una de las necesidades que no pueden olvidarse, pues el día, tal vez no lejano, en que se realice la evolución completa hacia el régimen administrativo civil, dejará el ministerio de la Guerra de tener a su cargo el hospital civil, pasando a ser atención del municipio.

En primer término hay que construir un local ad hoc, en sitio adecuado, que bien pudiera ser la Alcazaba.

La población civil requiere ya un hospital más moderno que el habilitado hoy para dicho fin. El personal facultativo y administrativo se excede en celo y realiza esfuerzos sobrehumanos para encamar a cuantos llaman a su puerta; pero el edificio no responde a lo que la ciencia moderna exige.

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