Conociendo nuestro Patrimonio La Casa Lafont

En 1988 la Asociación de Estudios Melillenses publicaba Cuadernos de Historia de Melilla, un compendio de artículos de temática diversa en torno al patrimonio arquitectónico e histórico de Melilla.

Uno de ellos firmado por el cronista oficial de la ciudad, Antonio Bravo Nieto está dedicado a la Casa Lafont, de la que a día de hoy solo queda en pie su fachada y el recuerdo de lo que fue:

“Hablar de la historia de una casa, es hacerlo de un elevado número de circunstancias porque en suma, su finalidad, es servir de morada en el tiempo, a sus habitantes.

La frialdad de unas piedras no pueden esconder el hecho de que en su interior se desarrolló un trozo de la vida de la Plaza, de sus penurias y  alegrías, del acontecer cotidiano…

… No hay que olvidar que la ciudad se constituye como Plaza fuerte ante un entorno hostil. Las privaciones, escasez de materiales e incluso de víveres, hacen que la vida esté teñida de grandes restricciones y de una sobriedad que, entre otros muchos aspectos, vemos en todos los edificios.

La escasez de piedra y materiales de construcción lleva a que se utilicen junto a materiales nobles, otros más perecederos, como el barro. Por otra parte la reutilización de maderas, sillares o piedra de edificios ruinosos es muy habitual, como ocurre con las desaparecidas Iglesia de San Miguel, o la Ermita de la Victoria.

Si a estos sumamos que la Plaza estaba continuamente expuesta a los ataques enemigos, que fue sometida a varios sitios, destacando sobre todo el de 1774-1775 por su acción destructiva, que los temporales se hacían temer, e incluso la acción secundaria de algún terremoto, no nos debe extrañar que la fisonomía del “Pueblo” haya ido cambiando paulatinamente con el acontecer histórico y que las casas no fueran de gran calidad (exceptuando la Iglesia de la Purísima Concepción, el Hospital Real, varios almacenes, y algún edificio.)

La casa que nos ocupa debe contarse entre estos últimos de ahí su singularidad en el entorno.

Bosquejo histórico.-  El dato más antiguo que se ha podido encontrar hasta el momento, corresponde al 27 de septiembre de 1675, fecha en la que Juan Gerónimo de Simancas, Sacristán de la Iglesia, cambia esta casa por otra de la Plaza. Pasa con este cambio la titularidad a Bartolomé Alarcón y a Isabel de Lara, y con posterioridad a sus herederos.

En noviembre de 1683, sabemos que el capitán Joseph Villafañas la adquiere y a su muerte, la viuda, María Escarlata la transmite al Alférez Reformado Melchor Camacho, en febrero de 1691.

Siguiendo el hilo de sus propietarios, dos años después es adquirida por el capitán D. Mercurio Escarnato. Y el 23 de febrero de 1714, D. Domingo Curiel, Teniente de las Compañías Fijas, accede a su propiedad, que va a perdurar en sus manos durante varios decenios.

Vemos entre sus anteriores dueños a varios militares, lo que nos indica en cierta forma en que estamento solía recaer la titularidad de las casas de Melilla en aquella época, reflejo a su vez de una realidad social evidente; la preponderancia del ejército en una sociedad que debía a este cuerpo su propia supervivencia.

La primera descripción detallada, la encontramos en un documento público de 1753, donde se nos dice que “se alla mui deteriorada y próxima a inhabitable por no haberse reparado del daño que le ocasionaron las aguas del año 1751 tiene alto y bajo que consiste en un portal, un quarto, un patio, una cozina, una despensa y un corral, y lo otro es una escalera, un corredor, arruinado la mitad, otra sala, una alcoba y un cuartito”. Campea la sobriedad como puede verse.

No perdemos de vista los temporales, pues este mismo que hemos visto causó graves daños en la Iglesia, que tuvo que ser reparada, levantándose techos y paredes.

Volviendo a sus propietarios, a la muerte de D. Domingo Curiel, sus herederos venden la casa al “Factor de la Plaza”, cuando se adecenta y reconstruye, pues como veíamos estaba en muy malas condiciones.

La fecha de 1774-1775, es otro punto de referencia a tener en cuenta; corresponde al famoso Sitio de Melilla, y durante el primer bombardeo el 9-12-1774 quedaron arruinados muchos edificios, entre ellos posiblemente el que nos ocupa.

Así, a caballo de estas fechas, la casa adquiere una impronta que aún conserva hoy día. Por estos años, se debe construir la cúpula que preside la escalera, y que tiene la misma factura (en pequeñas dimensiones) de la que se construyen en la Iglesia de la Purísima: la de la Capilla de las Ánimas en la primera mitad del siglo XVIII, y la de la Capilla del Rosario, en 1778-1780.

Tras un período de oscuridad y privaciones que corresponde a los últimos años del siglo XVIII y principios del XIX (que no es sino reflejo de los avatares de la política de España) volvemos a conocer a un nuevo propietario D. Manuel Lafont Toriñes.

No se sabe con certeza en que año la adquirió, pero si que ya estaba rehecha y en condiciones de habitarla.

D. Manuel Lafont era subteniente de la Compañía de Mar. En enero de 1839 mandaba uno de los dos faluchos de dotación en Melilla. El historiador D. Gabriel de Morales, nos cuenta que en 1844, a causa de una tempestad, el barco que traía los víveres a la Plaza tuvo que volverse a Málaga; el citado personaje, ante esta situación arribó a la ciudad hermana en una barca de su propiedad, volviendo a los avituallamientos necesarios para la subsistencia de la población.

A su muerte en 1874, pasa a su hijo, D. Manuel Lafont Gómez, empleado de la Comandancia de Ingenieros. Por estos años, en 1878, es cuando se pinta la referida cúpula, con los frescos que se conservan óptimamente en la actualidad.

La casa ha ido pasando posteriormente a los herederos tras el fallecimiento de este en 1899, teniendo referencias de que el desaparecido Telegrama del Rif tuvo sus talleres iniciales en los bajos de la vivienda.

En la década de los sesenta dejó de habitarse por parte de los propietarios debido entre otras cosas a que una casa concebida para vivirla en  siglos anteriores, no es todo lo propicia para serlo hoy día, y desde entonces permanece cerrada.

Vemos como su historia ha sido la de sus dueños y habitantes, reflejo de épocas pasadas.

Estado actual.- Hemos llegado ya al punto de ver el estado en el que se encuentra actualmente, y si la comparamos con el que se observa por toda Melilla la Vieja, hay que decir que es bueno, y perfectamente recuperable.

Como hemos podido ir viendo no puede darse una fecha como de inicio o término de obras, pues estos edificios se iban reparando con el tiempo, y es difícil saber a que año o incluso siglo, pertenece un muro o una techumbre por ejemplo. Lo que si se puede señalar, es que tal como se conserva en la actualidad, se realizó posiblemente en la segunda mitad del siglo XVIII, con reparaciones importantes en el XIX.

Decíamos que se ubica en la calle de la Iglesia 2, hoy de Miguel Acosta, haciendo esquina a la Cortina de la Batería Real. Tiene pues dos fachadas: en la lateral aparece un cañón adosado a la pared en forma de columna; en la principal destaca sobre todo una portada en piedra. Parece ser que debajo del granito y enfoscado reciente, se conservan aún parte de los sillares antiguos, como se observa en algunos tramos en los que este se ha caído

En el interior está precedido por un portalón que da acceso a un patio cuadrado, rodeado de habitaciones. Al fondo un pequeño patio con corral, desde el cual, según la propietaria, parte una cueva que daba a la ensenada de los Galápagos.

Una escalera de antigua traza da acceso al primer piso. Sobre ella, la citada cúpula, de media naranja sobre cuatro pechinas, realza todo el conjunto a pesar de su pequeña proporción.

Aparece pintada con una representación antropomorfa de las cuatro estaciones, que ya de por si constituye otro motivo de interés pues su ejecución, algo tosca, demuestra claramente que no fue un profesional quien la hizo, y si pudiera serlo un aventajado artesano de Melilla, siendo en este caso un buen ejemplo de arte popular con su rico colorido de tonalidades rojas y ocres. El que no haya otras representaciones parecidas en el resto de Melilla la Vieja, potencia aún más estos frescos.

El primer piso presenta un galería abierta que da al patio cuadrado, rodeada a su vez de habitaciones con balcones.

El tipismo se puede encontrar por cualquier parte, bien en el patio, donde se celebran representaciones teatrales entre aficionados, bien en detalles como aldabones de puerta, o bien en estas mismas, pues el tiempo se ha detenido allí.

Ahora es el momento oportuno de ofrecer una solución de continuidad para este edificio, por ello debe ser objetivo del interés de todos los melillenses para su recuperación o rehabilitación, bien como vivienda o con una nueva funcionalidad, acorde con sus formas y en consonancia con su pasado histórico…”

Esta reseña de nuestro cronista fue publicada con anterioridad en el periódico local Melilla Hoy el 22 de agosto de 1986.

El documento de 1753 al que hace referencia es el Padrón y estado general de las casas, cuevas y solares de Melilla que fuera elaborado por el comisario de guerra, Joseph de Ossorno. En él hace la siguiente referencia a esta edificación:

“Volviendo a empezar la calle de la Iglesia por la zera derecha mano derecha viniendo de la Plaza del Gobernador, se alla la Casa que haze esquina frente dela cortina lindando por un costado con la de don Bernardo González, y porlos corrales con las de Su Majestad la qualposee Don Domingo Curiel Teniente de una delas Compañias de pie fixo deste Presido por haverla comprado al Capitan don Mercurio Escarnato de que le hizo un papel resguardo por no haver escribano en veinte y tres de febrero de mil setecientos y catorce; y después por Gaspar López Curiel Apoderado de dicho don Mercurio se otorgó escriptura de venta en forma ante Manuel Antonio Gomez escribano de Guerra en esta Plaza su fecha seis de Jullio demill setecientos y veinte y uno, constando asi mismo por otra escriptura echa en este Presidio a siette de Henero demill seiscientos y noventa y tres ante Joseph de Sotto escrivano de Guerra que al citado Don Mercurio Escarnato y Doña Elvira Diaz su mujer les vendieron esta Casa Don Melchor Camacho Alférez reformado y doña Antonia de fromista su muger quienes la poseyeron por haverla comprado a don Joseph Lopez de la Motta Ayudante en esta Plaza apoderado de Doña María Escarlata viuda del capitan Joseph de Villafaña de que se otorgo escriptura en catorce de febrero de mill seiscientos noventa y uno ante el zitado Joseph de Sotto, prefiriendo dicha Doña Maria Escarlata en el poder que dio para celebrar esta venta, que la mitad desta casa la compro su marido a Pedro Lopez y Juana de Lara de que se zelebro escriptura ante Juan de Luque Moreno escribano del numero de la Ciudad de Malaga en diez y seis de Noviembre demill seiscientos yochenta y tres; y laotra mitad la compro de Sebastián Diaz yde Doña Juana Alarcón su mujer, herederos, unos y otros (al parecer) de Bartolomé Alarcón y Doña Isabel de Lara su muger quienes celebraron escriptura de cambio en veinte y siete de Septiembre de mill seiscientos y setenta y zinco ante Juan Romeral, escribano enesta Plaza con Don Geronimo de Simancas Sacristán deesta Iglesia dándole una Casa que tenian y [resumiendo] esta enla esquina frente dela cortina que es la misma que según sus linderos posee oy dicho Don Domingo Curiel.”

La Familia Lafont

Estos son algunos miembros de la Familia Lafont, habitantes de la casa anteriormente descrita.

Manuel Lafont Turriny, hijo de Juan Lafont Sevilla (Valencia) y Catalina Turriny Dalmedo (Mahón, Menorca).

Nació en Melilla el 21 de mayo de 1794. En 1838 era sargento graduado y artillero del pelotón de mar. Falleció el 23 de enero de 1873, siendo subteniente.

Contrajo matrimonio con Josefa Gómez Álvarez (Canillas de Aceituno, Málaga). Fueron padres de Dolores, Manuel, Francisca y Josefa.

Manuel Lafont Gómez, hijo de Manuel y Josefa. Nacido en Melilla el 12 de abril de 1846. Casó con Cristina Terrón Collado (Viveiro, Lugo). Fruto de esta unión nacieron Josefa, Carmen y Manuel.

En el padrón de habitantes de 1887 Manuel Lafont Gómez (figura con el segundo apellido “Toriñes”, aunque realmente este era “Turriny” y está domiciliado en la calle Iglesia junto con su esposa Cristina y la hija de ambos Josefa.

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