Conociendo nuestro patrimonio Santiago a caballo

Varias son las representaciones del Apóstol Santiago en Melilla, teniendo incluso dedicada una capilla en el primer recinto que fue erigida en el siglo XVI.

En este lugar aparece un relieve de Santiago a caballo, recientemente restaurado por la artista melillense Amaya Martínez Felices.

La escultura que nos ocupa es un tanto “atípica” ya que aparece el Apóstol a caballo pero no como guerrero, si no ataviado como un peregrino.

Sergio Ramírez en su libro El triunfo de la Melilla barroca, le dedica unas líneas:

“En la misma capilla del Rosario tuvo asiento, según parece, la talla de Santiago apóstol a caballo, antes de pasar a formar parte del coro alto, y se relefada en fechas más cercanas a un covertizo de la iglesia.

A nadie escapa a estas alturas, la significativa relevancia espiritual que detentó la figura de Santiago Apóstol en la particular situación político-militar atravesada por nuestro apís desde los siglos XIII al XV, cuando ya se encontraba más asumida y, por qué no decirlo explodad, la tradición de que su cuerpo yacía en tierras compostelanas.

Al enraizado enfoque del perfecto discípulo de Jesuscristo encargado de predicar la paz la paz y la esperanza por el mundo se unió otra- a partir de la célebre visión de Ramiro I de Asturias en la Batalla de Clavijo donde aparecía a caballo para ayudarle en la victoria, que lo encumbraba como abanderado de la cruzada contra los musulmanes en la constante incorporación del territorio a la Corona de Castilla.

Qué duda cabe que dicho protagonismo se intensificó durante las últimas campañas dirigidas por los Reyes Católicos en, el Reino de Granada en el último tercio del siglo XV, atañendo directamente y con mayor razón de ser por cuestiones geográficas, sociales e históricas a los diferentes presidios obtenidos en el norte de África.

Fernando e Isabel de profundas convicciones cristianas, se manifestaron siempre sumamente agradecidos a esta intercesión y, por ello, asllí donde se hacían con una ciudad no dudaban en erigir parroquias, capillas y ermitas bajo la advocación de Santiago Apóstol.

En poblaciones menores donde no había una proliferación de tales hitos se remediaba con el encargo de esculturas o pinturas del que, con todo merecimiento se había convertido en el patrono de España.

A la iconografía referida en líneas precedentes- convenientemente descontextualizada- se adpta la obra del templo melillense, aun cuando los numerosos desperfectos que presenta- suciedad, roturas y lagunas de manterial.- impiden apreciar algunos de sus detalles.

Fechable en el último tercio del siglo XVIII (h. 1770-1800) su interpretación como caballero conduce a exponerle montado sobre un caballo blanco y en actitud de blandir la espada y enarbolar el tradicional estandarte de la Orden Militar, atributos, por cierto que no mantiene en la actualidad de los que sabemos- caso del primero- que estaba ejecutado en hierro.

No hace falta más que dar un primer vistazo a la escultura para comprobar que no salió de las gubias de un artista de primer nivel.

Sin embargo, sus dimensiones e impetuosa presencia, así como su significación dentro del proceso histórico y contexto geográfico tan particular donde se incluye, la hacen valedora de un interés que, como poco, debería propiciar su inmediata restauración y traslado a un lugar con mejor acondicionamiento.

Cierto es que la obra adolece de falta de precisión en el modelado, un tanto tosco, de inxpresividad y de una rigidez y entumecimiento de los cuerpos, generalizado que impide todo atisbo de movimiento, solo intuido en el amargo de corveta puesta en práctica por el caballo y en el despliegue trasero de la capa del santo que simula revolverse a causa del viento.

Por lo demás, llama la atención el pormenorizado tratamiento de las vestimentas del santo: botas altas, faldellín, coraza y capa- las dos últimas señaladas con la cruz de la Orden de Santiago- en calidad de guerrero y paladín de la causa cristiana, en tanto el sombrero de ala ancha con el que protege su cabeza responde al atavío de peregrino, propio de sus representaciones, derivadas de la enorme afluencia de éstos a Santiago de Compostela a partir del siglo XIII.”

[Bibliografía: Sergio Ramírez González. El triunfo de la melilla barroca. Arquitectura y Arte.Fundación Gaseles.2013]

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