CIMLAV Centro de Interpretación de Melilla la Vieja Torreón de las Cabras

Ubicado en el interior del torreón de las Cabras y zona aledaña de muralla, en el extremo sudeste del Primer Recinto fortificado o de la Villa Nueva, separando el Frente de Levante o del Socorro del Frente de la Marina al sur.

Los principales torreones de este Frente de Levante, junto con “el de las Cabras”, son el del Bonete (Faro) al norte y de las Pelotas en el centro. Y otros dos más pequeños como el Bonete Chico y Bernal Francés.

Este torreón fue construido en los primeros años del siglo XVI, y posteriormente reconstruido según los planos del ingeniero Micer Benedito de Rávena a partir de 1534.

En el siglo XVII fue renombrado como “de los Hombres de Campo”. Durante el siglo XVIII se construyó en su interior un almacén de pólvora de cuerpo cilíndrico rematado por una bóveda de media naranja.

Se asentaba sobre una base rocosa, inclinada e inestable, con varias oquedades, de ahí que a lo largo de la historia haya sufrido numerosos derrumbes, reconstrucciones y refuerzos, motivados también por los efectos de los terremotos. Caso del que tuvo lugar en 1660 que causo graves estragos en la Plaza sobre todo en el Primer Recinto, quedando dañados, entre otros, el torreón de la Plaza del Potro (Cabras)

En la noche de fin de año de 1927 el torreón se hundió, arrastrando el trozo de la cortina adyacente, causando varias víctimas siendo reconstruidos ambos en 1973 con escaso rigor histórico, quedando su plataforma muy por debajo del adarve de la muralla.

Durante los trabajos del PERI (Plan Especial de Rehabilitación de Melilla la Vieja), se reconstruyó el torreón con su volumen original, aprovechando las obras para habilitar en su interior un ascensor y un espacio de exposiciones.

Actualmente en este espacio interior se ha instalado el llamado Centro de Interpretación de Melilla la Vieja (CIMLAV) donde se pueden contemplar planos, proyectos y fotografías, así como una proyección audiovisual, en los que se explica todas las obras de restauración llevadas a cabo en la fortaleza en los últimos años, como consecuencia de la aplicación del PERI.

En el interior de la sala de exposiciones puede contemplarse un fragmento de la primera cerca que los españoles construyen en esta zona de Melilla en los primeros años del siglo XVI.

Precisamente en el desarrollo del PERI se realiza una detallada explicación del mismo:

“Torre de 28,7 m de altura y 16 m de diámetro, abovedada en su interior data de principios del siglo XVI, aunque sufrió numerosas reformas y reconstrucciones.

Siempre un torreón de gran envergadura y fundamental por su disposición.

En 1515 era reforzado, datando de esta fecha el pretil y las almenas; recibió nuevas obras de fábrica en 1527, de la mano de Gabriel Tadino de Martinengo (denominado entonces torreón de los Hombres del Campo), aunque las fundamentales fueron ejecutadas por Sancho de Escalante a partir de 1533, y finalmente nuevas reformas en 1552, cuando era denominado Torreón Mocho.

El terremoto de 1660 afectó gravemente su estructura, agrietándose su terrapleno, por lo que hubo de repararse. La parte superior recibía el nombre de plaza del Potro, denominación que persistía en 1692, cuando aparece en este espacio (por vez primera) un repuesto de pólvora con garita.

Cuatro años después era denominado ya con el nombre de torreón DE LAS CABRAS, término que ha persistido hasta nuestros días: por entonces ya estaba artillado su frente y cortina adyacente.

Durante todo el siglo XVIII mantuvo un potencial artillero de 4 cañones “a barbeta” (1764-1790), pero requería continuas reparaciones y así conocemos que en 1773 estaba cuarteado y vaciado en parte su terraplén

Del primitivo almacenillo de pólvora con tambor (que en 1729 tenía una capacidad para almacenar 160 barriles de pólvora de quintal y que constaba con tres puertas), surgiría posteriormente un polvorín de más envergadura. El ingeniero Juan Caballero construyó en el interior del terrapleno del torreón un sólido almacén de planta cilíndrica, rematado por bóveda de media naranja, con rosca de ladrillo a prueba de bomba.

En 1927 se produjo el hundimiento del torreón, causando varias víctimas en las casas y barracas que se habían adosado al pie de su cortina. Por entonces se perdería la mayor parte de su cuerpo cilíndrico, así como el almacén a prueba construido por Caballero, aunque se conservaba como testimonio el acceso de ladrillo abovedado al polvorín.

En 1973 se rehízo el torreón con tanta falta de rigor histórico (mucho más pequeño y bajo que el original), como de gusto.

El año 1926 finalizaba en Melilla con una triste noticia. Como ya se ha apuntado el Torreón de las Cabras se desmoronaba arrastrando a su paso la vida de varias personas.

En la prensa de la época, concretamente el día 1 de enero se publicaban las siguientes líneas al respecto:

“El lecho sobre el que se asentaba el muro de sostenimiento, ha cedido. Todo el Torreón ha resbalado sobre su base y a su formidable empujón las tres míseras casucas que arrimadas a su sombra buscaban su cobijo, se han desecho y la avalancha las ha cubierto.

A primera vista, no se sabe qué falta en la muralla. Parece demasiado grande el hueco y muy chico el montón de escombros que tenemos cerca y en el cual las viguetas asoman rotas sus astillas.

Indudablemente los movimientos sísmicos que se apreciaron en Melilla últimamente y los temporales, han perjudicado la estabilidad de la muralla y quebrantado su solides: pero no hasta el punto de ser la causa del derrumbamiento que lamentamos y que no podrá saberse con certeza hasta la terminación de los trabajos cuando haya más elementos de juicio.

¿Quién llegará a saber la causa inmediata del desgraciado accidente? Causa remota, la misma que se llevó a nuestros abuelos antes que a nosotros: la vejez.

El muro de sostenimiento con el Torreón de las Cabras, estaba edificado sobre roca calcárea. El tiempo, enemigo de toda permanencia, ha ido desgastándola hasta hacerla deleznable y llegó el momento en que faltándole la compacidad, se desmoronó.

No ha cedido el cimiento, que es roca viva, porque no se aprecia ningún hundimiento del piso; en cambio, el Torreón de las Cabras, el muro de sostenimiento y el relleno, como un solo cuerpo, se han deslizado verticalmente, prueba de que ha fallado un lecho horizontal.

Después la piedra, la tierra y los escombros, han ido tomando su talud natural, enterrando a los desgraciados que se disponían a comenzar su trabajo. “

[Bibliografía: AAVV . Melilla la Vieja. Plan Especial de los Cuatro Recintos Fortificados. Ciudad Autónoma de Melilla.1999]

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