Conociendo nuestro patrimonio Fuerte de San Miguel

De esta obra de fortificación del siglo XVIII solo nos queda a día de hoy el recuerdo de lo que fue y la importancia y valor defensivo que tuvo.

Para conocer su historia acudimos a lo publicado por diversos autores. En un primer lugar la referencia que en el Plan Especial de Rehabilitación de los Cuatro Recintos Fortificados hacen sus autores: Antonio Bravo Nieto, Salvador Moreno Peralta y Jesús Miguel Sáez Cazorla:

“En dos meses de 1704, a cargo de la guarnición, se construyó en el lugar donde estuvo el fuerte de Santa Ana, otro fuerte llamado de San Miguel, de piedra y barro, perteneciendo por su tipología a la escuela holandesa de fortificación.

Era cuadrado y tenía en su parte superior un Espaldón y Macho para proteger de los disparos dominantes de las alturas cercanas, lo que unido a su pequeño tamaño, lo hacía útil para poca gente.

En 1714-1715 el Gobernador Patricio Gómez de la Hoz le hizo la mina de comunicación con la Plaza, y sufriría pronto los resultados de un asedio que lo dejó ruinoso y con uno de sus lienzos derribado.

En 1733 el Ingeniero Juan Martín Zermeño reconstruyó definitivamente San Miguel de sillería, y al año siguiente se terminaba la obra componiendo foso, glacis y galerías de contramina en la contraescarpa.

Constaba el fuerte de dos plantas, la baja con bóvedas y troneras y la alta con cuatro cañoneras y dos garitas, conservándose el Macho y Espaldón. En su contraescarpa corría una galería con bóveda atronerada para flanqueo del foso.

Sus defensas eran todas de frente y ninguna de flanco, hasta que en 1783 se le construyó una Tenaza cerca de su gola, para cruzar los fuegos con San Miguel.

Todo este conjunto, con diferentes cambios de uso, permanecería hasta que en 1940 se demoliera totalmente para ampliar la calle Pablo Vallescá. Nuevas demoliciones (sobre todo de su sistema de galerías subterráneas) se llevaron a cabo en los años sesenta como consecuencia de la construcción del Hotel Ánfora.

Actualmente sólo nos resta del fuerte una mínima parte de la contraescarpa aspillerada de una de las caras de su foso.

El historiador local, ya citado, Jesús Miguel Sáez Cazorla reproduce en un blog “Patrimonio Cultural Melillense”, un artículo titulado Glorias que desaparecen. El Fuerte de San Miguel, en la Ciudad de Melilla, escrito por el que fuera cronista oficial de la ciudad, Rafael Fernández de Castro y Pedrera, y publicado en el número 184 de la Revista Mauritania.

“La necesidad de abrir una nueva amplia vía en la parte más céntrica de la Ciudad de Melilla, decidió la demolición del antiguo Fuerte de San Miguel, centinela avanzado, desde los albores del siglo XVIII, de esta vieja Plaza fuerte, obra que la constancia española levanto a fuerza de heroísmos, en las inmediaciones del emplazamiento que tuvieron en el siglo XVI, los fuertes de Santa Ana y San Marcos, fortificaciones de las que guarda memoria el Libro de defunciones de la primitiva Iglesia Parroquial, donde a su tiempo fue anotada la muerte heroica de sinnúmero de soldados, celosos vigilantes de la vega inferior del río Oro, cuyo cauce lamía causando estragos, en los primeros días de la Melilla española,-la cimentación de los sólidos murallones .de la defensa exterior de la Plaza.

Quedaba alejado del núcleo principal de fortificaciones, como a un tiro de mosquete del Baluarte de San Fernando, y pese a lo corto de la distancia era tan peligroso el salvarla, que vise precisada esta guarnición a construir una galería subterránea con que mantener segura su comunicación, durante las épocas en que los moros, cansados de paz, venían a hostilizar la Plaza.

Harto difícil debió ser la empresa de construir tan importante obra defensiva, y por considerarle en extremo necesaria para la mejor salvaguardia de todos, acordaron viniese a Melilla el famoso Tercio de Don Blas de Trinchería, que en constantes y escaramuzas logró, desde su llegada, contener los ataques de que los moros les hacían objeto desde las alturas de Ataque Seco, de tal modo dominantes, que fue preciso tomarlas varias veces acuchillo, para quebrantar la obstinada resistencia que en la conservación de sus aproches, presentaban los fronterizos.

Tras feroz y cruento batallar, fueron perfilados los paredones del Fuerte, labores que en principio tuvieron que realizar a pecho descubierto, rechazando a diario las terribles acometidas nocturnas del enemigo, que en loco frenesí logró rodear muchas veces a nuestros destacamentos, peleando infructuosamente hasta el despuntar del alba, hora en que, vencidos, se retiraban, no sin dejar allí sangrientas huellas en precio a la dureza de sus embestidas.

La bravura nunca bastante elogiada de las Compañías del pie fijo de Melilla, creadas el año 1700 a base de voluntarios naturales de esta Plaza, y desterrados aptos para el servicio de las armas, mantuvo siempre a raya al enemigo, habiéndose destacado particularmente en aquel titánico período de luchas, las Villalba, Martín Paredes, del Toso, Campos, Villafañas, y otros muchos buenos españoles más, que sin regateo dieron en Melilla su vida por la Patria.

Construyese el Fuerte, en principio, de piedra y barro, siendo su planta, cuadrada, capaz para contener holgadamente un destacamento de hasta 50 infantes, tropa destinada a guardar la entrada de los ataques de la Vega, vigilando además, sobre los cañaverales del río, a los moros, que apostados en cobijos hacían vela para tirar a mansalva en cualquier descuido de los centinelas, protegiendo también, de flanco, las defensas occidentales de la Plaza.

Periodo de graves peligros y sinsabores, en que los fronterizos, presionados por ordenes conminatorias del sanguinario Sultán Muley Ismail, recibieron el mandato de molestar constantemente a la Plaza, creando un clima favorable a sus proyectos e intentos de apoderarse de ella, en cualquier descuido de su bravísima defensa.

Durante el gobierno del Coronel de In Infantería española, Don Patricio Gómez de la Hoz, el año 1715, se construyo a prueba de bomba, una galería minada que conducía desde el tercer recinto amurallado de la Plaza al Fuerte de San Miguel, asegurando además el acceso al mismo con una Luneta de piedra y barro establecida a vanguardia del Baluarte de San Fernando, obra que más tarde perfeccionó Don Alonso de Guevara Vasconcelo, dándola el nombre de .Luneta de San Felipe*, en honor del Rey Felipe V, Luneta que hubo de jugar importantísimo papel durante las embestidas de los moros al dicho Fuerte, que consideraron con el mayor peligro, puesto que sus tiros be cañón dominaban la batería mora de Tarara, sita en la ladera septentrional del Cerro de San Lorenzo, haciendo difícil acercarse a ella durante el día, privándoles hasta de asomar siquiera junto a las piezas.

Existen referencias en los anales de Melilla, de que en 1716 un terrible temporal de agua, como no había memoria, arruinó el ángulo Norte del Fuerte de San Miguel en ocasión de estar éste sitiado, descubriendo las aguas una galería de minas que los moros abrieran con ánimo indudable de volar el Fuerte.

Noticioso el Teniente de Rey Guevara Vasconcelo del inesperado peligro, solicitó un voluntario para la realización de difícil empresa, y como todos se ofrecieran para ella sin temer las consecuencias, es encomendó al heroico Sargento de las Compañías fijas de Melilla Don Felipe Fernández, hombre de manifiesta temeridad, la misión de volar la mina durante la noche, cuando estuvieran reunidos los atacantes, operación que llevó a feliz termino con gran riesgo de su vida, costando su osadía al enemigo, más de 3.000 muertos.

Los moros, enfurecidos por la sorpresa, acudieron en terrible alud contra el Fuerte, arrimando a sus muros siete escala con animo de asaltarlo, sin lograran éxito en la empresa, gracias al valor del Alférez Don Joseph de Villafañas que con 50 hombres, hizo del Fuerte una gloriosa defensa.

El brigadier Don Antonio Villalba y Angulo, que había servido sus empleos inferiores en la plaza Fuerte de Melilla, de la que llegó a ser Gobernador, prestó al Fuerte de San Miguel la suma importancia que por su enclave tenia, convirtiéndose en sólida obra de mampostería, con amplios fosos para la mejor defensa, imposibilitando el escalamiento, maniobra que solían intentar los moros contra nuestras posiciones en el curso de sus empeñados ataques nocturnos.

Dirigió las nuevas obras, que se dieron por terminadas en 1732, el capitán de Ingenieros, melillense, D. Juan Martín Zermeño, personaje que más tarde llegó a ser Teniente General de los Reales Ejércitos, y Gobernador de La Plaza fuerte de Orán.

En el año 1750 acordó el propio Villalba y Angulo la construcción de la torre de mampostería, tronco-cónica, de Santa Bárbara, situada a mitad de camino entre San Miguel y el mar, Torre que unieron al dicho fuerte por una estacada de madera de cien metros de largo, cerrando así los manteletes y las huertas establecidas en los mismos.

Don Francisco de Alba, que siendo Maestro de Campo pasó a gobernar Melilla en 1757, hizo abrir un camino cubierto desde la Luneta de San Felipe al Fuerte de San Miguel, obra que completo el Gobernador Don Francisco Bazquez Nicuesa, quien dispuso, además, la construcción del Fuerte de San Carlos, -entre las Victorias y San Miguel,- fortificación cuyas labores fueron protegidas por los fuegos de flanqueo de San Miguel, -lográndose así, a costa de poca sangre, el levantamiento de la nueva poderosa defensa del cuarto recinto amurallado.

Alarmado en 1772 el Gobierno de Carlos III ante la manifiesta hostilidad del Emperador de Marruecos, Muley Mohamed Ben Abdalah, envió para reconocer y mejorar las fortificaciones de nuestras Plazas africanas, a una Comisión de Ingenieros al frente de la cual llegó a Melilla el Coronel Don Juan Caballero, que de acuerdo con su Gobernador Don Joseph Carrión, dispuso se construyera una cortina de piedra y barro que uniendo los Fuertes de San Miguel, San Carlos y la Torre de Santa Bárbara, dejara a cubierto de sorpresas el frente Sur de la Plaza, obra a la que seguidamente con señalado denuedo, se aplicaron la guarnición y los desterrados.

Montaba por entonces el Fuerte de San Miguel, dos piezas de artillería de calibre 18, y tres de a 12, poder ofensivo que durante el Sitio puesto a la Plaza de Melilla por el dicho Emperador marroquí, (9 de Diciembre de 1774 al 19 de Marzo de 1775), fue aumentado con el emplazamiento de cuatro piezas de artillería mas, una de calibre 18, y tres de a 12, con las que se causaron terribles daños al enemigo, que durante el Sitio dio preferencia en sus ataques a este Fuerte y al del Rosario, por considerarlos, como así eran, llaves de la defensa del cuarto recinto amurallado.

Podemos aseverar sin reparos, haber sido el Fuerte de San Miguel el lugar donde los españoles de Melilla sufrieron, a través de los siglos, el mayor número de bajas, pues dominada esta fortificación muy de cerca por las alturas de Ataque Seco y Ataque Rojo, raro era el mes en que allí no se produjesen víctimas.

El enemigo, oculto en la espesura de los cañaverales vecinos, aguardaba pacientemente, días y días, cualquier descuido de los centinelas para hacerles blanco de sus arcabuces y espingardas, eligiendo cachazudamente la ocasión, al objeto de aprovechar el tiro, de tal modo, que al sentirse en la plaza el eco de un disparo aislado, se daba por segura la producción de una victima, inquiriendo todos quien seria el infortunado. Así perecieron en nuestras avanzadas, gran número de oficiales y soldados, consignando las partidas de óbito, tras el nombre de la víctima, el doloroso y seco apunte de: “murió de bala mora, hallándose de servicio en el Fuerte de San Miguel, San Carlos o las Victorias”…

Esta posición militar, objeto primordial de los ataques de los fronterizos hasta el año 1883, en que se construyeron los Fuertes exteriores de San Lorenzo, Camellos, Cabrerizas Bajas y Altas, y Rostrogordo, fue sostenida con firmeza por sus heroicas guarniciones en todos los tiempos, muy seguras de su importancia paca la mejor defensa de la Plaza, y confiadas también en que jamás habría de faltarles auxilio a través de la red de galerías subterráneas que la unían con las restantes defensas.

El destacamento de San Miguel, fue aquí considerado en un tiempo, como puesto de máximo honor, y por ello, en ocasión de los muchos asedios puestos por el enemigo a la Plaza, eran muchísimos los bravos que se ofrecían voluntariamente a guarnecerlo, en noble afán de emular gloriosas hazañas.

Tuvo muy destacada resonancia este Fuerte, en las operaciones que durante el mes de Febrero de 1860 realizo en las afueras de la Plaza el heroico Brigadier Don Manuel Buceta -terror de la marisma,- y de modo muy especial la noche del 9, en que reunidos mas de 5.000 fronterizos, cayeron de improviso sobre el campamento que al amparo de los Fuertes de Santa Lucia y San Carlos había establecido a extramuros de la Plaza, el Batallón Provincial de Granada, llegado aquel mismo día a Melilla, grave suceso de guerra, en que sufrimos un total de 182 bajas, acción por la que, con gran sentimiento de este pueblo, fue procesado y conducido a España el General Buceta, que a la postre salió absuelto con muy honrosos pronunciamientos, del Consejo de Guerra a que fue sometido en la Capitanía General de Granada.

La artillería y guarnición del Fuerte de San Miguel logro hacer en esta ocasión tal cantidad de muertos al enemigo, que al día siguiente quedaron suspendidas las hostilidades, prestos los moros a pagar la paz, con tal de poder retirar libremente las innumeras victimas de aquella gran sorpresa, que en resumen hubo de resultarles fallida. El Teniente Coronel del Regimiento de Granada Don José Wambaessen, gravemente herido en esta terrible noche, y a cuyo descuido atribuyeron el desorden que motivo nuestra crecida cantidad de bajas, era Jefe de gran prestigio que había sido herido cinco veces en la guerra, y condecorado con tres Cruces de San Fernando…

Las ultimas intervenciones bélicas de este famoso Fuerte, tuvieron lugar el año 1863, con ocasión del viaje que para reducir a los moros de estas vecindades, -que no acataban las estipulaciones ratificadas en Wad-Ras,-hizo a Melilla el Príncipe marroquí Muley el Abbás, cuya visita determinó la destrucción de la Mezquita de Santiago, (19 de Noviembre) y las edificaciones de piedra y barro que constituían el viejo poblado moro de Cabrerizas, dentro del territorio de soberanía.

También en 5 de Diciembre de 1871, se ordeno cargar la artillería de San Miguel, pronta a disparar, con motivo del comienzo de las obras de desviación del río Oro, trabajos que se iniciaron y concluyeron en tiempos del Gobernador Don Bernardo Alemany, sin derramamiento de sangre, gracias a la intervención armada del Príncipe Muley Abdal-Jah, hijo del Sultán Muley Mohamed Ben Abderrahaman, que acampo en el Cerro de Santiago con su Mehal-la, para que viesen los moros respondía todo aquello a un deseo del Sultán.

El Fuerte de San Miguel, sobre el que hoy actúa la piqueta demoledora, tuvo al largo de los siglos, según decimos, -la mas brillante participación en la defensa de la Plaza de Melilla, cuja de acero en que, desde 1497, se sostiene con orgullo en el Norte de Marruecos, la gloriosa Bandera española, linajudo airón de grandezas y heroísmos Como de ninguna otra fortificación española, puede decirse de este glorioso Fuerte, que su mole fue amasada con la sangre generosa de los heroicos hijos de España, sujetos a la defensa de los más altos prestigios de la Patria.

Gloriosos caídos del Fuerte de San Miguel, de Melilla: ¡presentes!….

[Bibliografía: Antonio Bravo Nieto, Salvador Moreno Peralta, Jesús Miguel Sáez Cazorla. Melilla la Vieja. Plan Especial de Rehabilitación de los Cuatro Recintos Fortificados. Ciudad Autónoma de Melilla. 1999.

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Rafael Fernández de Castro y Pedrera. Glorias que desaparecen. El Fuerte de San Miguel, en la Ciudad de Melilla Revista Muritania nº 184.Tánger.1943 ]

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