Conociendo nuestro patrimonio Plaza de las Culturas (I)

La que antaño se llamó Plaza de los Carros es hoy lugar de encuentro y a la vez de paso hacía Melilla la Vieja. Posee una historia singular que conoceremos a través de lo escrito por historiadores como Jesús Sáez Cazorla quien explica de forma pormenorizada como fue evolucionando con el paso de los siglos:

“Evolución de la Plaza de las Culturas

Lo que hoy día constituye esta plaza, fue durante siglos una zona de playas con un río, en la que desembarcó el conquistador español Pedro de Estopiñán que cercó de murallas lo que se conocerá posteriormente como la Alafia del siglo XVI o la Villa Vieja del siglo XVII. (Plaza Culturas 01)

Para un mayor control del espacio, con un mínimo número de personas, y tras terminar las reformas del Primer Recinto o Villa Nueva del siglo XVI, las innovaciones del siglo XVII se centraran en la Alafia o la Villa Vieja dividiéndola en dos mediante la excavación del Foso del Hornabeque. Creando así los lugares conocidos como Segundo Recinto y Tercer Recinto. (PC.02)

Los ingenieros responsables de estas construcciones, fueron Pedro Borrás y sobre todo Juan Martín Zermeño, que reformó todo el circuito exterior de murallas de la Villa Vieja a principios del siglo XVIII, ampliado el foso exterior y transformándolo en un frente en corona abaluartada llamado hoy Tercer Recinto. (PC03)

Fue durante el siglo XVIII cuando los limos del río de Oro fueron cegando esta zona y ganando terreno al Mediterráneo, lo que generó una explanada que muy pronto fue utilizada por la población para cultivar huertos con los que poder dotar de hortalizas y verduras a la fortaleza, elementos imprescindibles para una ciudad aislada en muchas ocasiones.

Esta función, también exigió que se realizaran nuevas fortificaciones para proteger estos huertos y las diversas obras que se ocupaban de resguardar un espacio realmente vital para la supervivencia de la ciudad. Las murallas del Cuarto Recinto en la zona baja, definidas por la cortina aspillerada desde San Miguel (A) a la Torre de Santa Bárbara (B) y otros elementos de fortificación son los que definen los límites de este terreno que era asumido ya como nuevo espacio “intramuros”.(PC04)

Ya a finales del siglo XIX y sobre todo en los primeros años del XX, el espacio de huertas comienza a utilizarse como zona de mercado y se satura con construcciones diversas, muchas de ellas de carácter temporal y de poca envergadura, salvo el distinguido y elegante edificio de la Casa de Salama que lo cierra hacia el Este desde 1900. (PC.05)

Durante los años cuarenta se realiza la estación de autobuses, verdadero corazón del que partían las líneas hacia el Protectorado en Marruecos, hasta que perdida su función y pasara a ser un nuevo elemento en ruinas. (PC. 06)

Finalmente, la plaza se define de nuevo mediante un proyecto de D. Antonio Cruz y D. Antonio Ortiz, que reformará D. Juan Judel Carballa en el año 2004. (PC 07). “

En su blogspost, dedica también unas líneas a esta plaza:

“La Plaza de las Culturas presenta una concentración excepcional del desarrollo urbano y cultural de Melilla donde las tradiciones populares se expresan a través diversas muestras artísticas y del intercambio comercial y portuario. La plaza es uno de los principales intercambiadores recuperados de la cultura inmaterial de la ciudad, un símbolo de las actividades del antiguo zoco mediterráneo, del que poseemos visión de esta plaza desde el siglo XIX y conocimiento desde la antigüedad.

Esta plaza rectangular queda situada a la entrada oriental de la antigua medina o “Villa Vieja” conocida como “Alafia” o lugar de paz del que Al-Bakri nos decía en el siglo XI que. …la habitan los Banu Wartadi, quienes, cuando un comerciante llega a ella, echan a suertes cuál de entre ellos va a encargarse de las operaciones que éste va a desarrollar. Este nada podrá hacer, sino bajo la supervisión e inspección de aquél, que le protegerá de cuantos quieran perjudicarle y le exigirá una recompensa, así como un regalo en concepto de hospedaje…..».

Este lugar fue marco del desembarco castellano del siglo XV y el punto de inflexión geológico de la desembocadura del rió de Oro (Uad El-Meduar: río que serpentea), donde se separan al norte la costa oriental acantilada del Cabo Tres Forcas o Ras Uark o Ras Tleta Madari, del litoral bajo de finas arenas con la Laguna de Mar Chica o Sebja Bu Areg al sureste.

La Plaza de las Culturas está rodeada de edificios públicos, tiendas, hoteles y cafeterías, es un lugar de encuentro para los habitantes de la ciudad, escenario cotidiano de actividades comerciales y de diversiones, donde locales y foráneos pueden gozar de ellas durante todo el día hasta bien entrada la noche.

La Plaza  es un importante lugar de intercambios intercultural y a su vez un frágil elemento urbano donde los componente del patrimonio artístico protegidos desde 11 de Agosto de 1953, friccionan con la modernidad, la urbanización inmobiliaria y el desarrollo de la infraestructura viaria afectadas por la aculturación, que representa una fuerte amenaza para este espacio de la Cultura Inmaterial de Melilla.”

Sobre la evolución histórica y urbanística de la Plaza de las Culturas escriben también el historiador José María Romano Funes y el arquitecto Juan Judel Carballa:

“Delimitación del espacio y primeros usos

Desde la llegada de españoles, el terreno que hoy día ocupa la Plaza de las Culturas se ha caracterizado por su fertilidad, gracias a los limos depositados por las crecidas del río de Oro. Esto hizo que fuera un espacio destinado a huertas, vitales para el sustento de la población, que deberán ser protegidas frente a los constantes ataques que se producían en estos terrenos.

En 1525 se comienzan las fortificaciones y el ensanche de las fortalezas, destinadas a defender la vega de Melilla y los pastos para ganados.

Pocos son los planos que se conservan del período comprendido entre los siglos XVI y XVII, por lo que nos remitiremos a los realizados a finales del XVII para poder tener una idea de la evolución del espacio que hoy ocupa la plaza.

No obstante, hasta la aparición de las primeras cartografías, podemos deducir la evolución de estos terrenos y su implicación en el tramado urbanístico de la ciudad, tanto antigua como moderna.

Ya en el siglo XVI, Melilla era una ciudad fortificada y delimitada por dos espacios amurallados: la Villa Nueva y la Villa Vieja o Alafia. La Villa Nueva que hoy día es el primer recinto, ocupaba la principal estructura urbana y era por tanto, la zona más densamente poblada. La Villa Vieja, amurallada por un circuito de menor solidez y circundada por un foso, estaba compuesta por una serie de obras irregulares.

Bajo las murallas de este segundo recinto, se encontraban las huertas exteriores. Uno de los primeros planos en los que aparece el espacio concreto en el que hoy día se ubica la plaza de nuestro estudio, es de 1699 y fue realizado por Alfonso Díez de Anes.

En él, se muestra ésta como espacio extramuro custodiado por lo que denomina el autor del plano las ruinas del fuerte de la Huerta Grande.

La importancia defensiva en el siglo XVIII

Será a partir del siglo XVIII, gracias a la elevada producción cartográfica realizada por ingenieros militares, cuando podamos analizar su desarrollo a través de los cambios que experimentaron el segundo y tercer recinto.

Aquí nos centraremos en la evolución que, durante este siglo, se produjo en la zona que circunda las huertas junto al mar.

Una de las primeras reformas realizadas fue la del Fuerte de San Miguel (1707), construcción en su origen efectuada con piedra y barro, que fue reedificado y reforzado en 1733 con nuevos materiales, lo que confirió a la zona una mayor protección de los ataques enemigos (asedio de 1715).

La gran distancia con las murallas del tercer recinto, obligó a la doble protección de las comunicaciones de éste con el interior de la ciudad a través de un camino subterráneo y otro, protegido, en superficie. Las obras fueron dirigidas por el ingeniero Juan Martín Zermeño.

Otra importante obra que se lleva a cabo en este espacio es la Luneta de Santa Isabel, cuyo proyecto data de 1729. Su principal función estaría encaminada a la protección del Baluarte de San José Bajo, situado en la zona avanzada del segundo recinto.

Esta luneta se une con murallas al Fuerte de San Miguel, convirtiéndose en un elemento fundamental en la protección de las huertas próximas a la playa. Asimismo ejercía de apoyo al espigón de San Jorge, impidiendo el depósito de arenas en la costa y en el puerto de la ciudad.

Hasta este momento quedaban delimitados los tres primeros recintos que conformaban el territorio de la ciudad de Melilla. Pronto comenzó el proyecto de unificar las Victorias (Victoria Grande y Chica) con el Fuerte de San Miguel, y éste a su vez, con las zonas de playas, donde destacaba

el apostadero de los Granaderos.

Este conjunto, al que le faltarían aún muchos elementos defensivos, conformaría años después el cuarto recinto de la ciudad. La obra no fue fácil,

debido a los desniveles del terreno.

Para poner solución a algunas de estas dificultades se tomó la decisión de construir a medio camino el apostadero del Alférez y algunos tramos de

murallas.

Entre el fuerte de San Miguel y las Victorias, queda un espacio difícil de fortificar, aunque algunos cambios harán más llevadera esta tarea. De este modo, se construirá un fuerte de pequeñas dimensiones llamado de San Carlos en el lugar que ocupaba anteriormente el apostadero del Alférez.

En 1761, según el plano de Gregorio Espinosa de los Monteros, aunque el cuarto recinto aún estaba desdibujado, ya aparece la Torre de Santa Bárbara, construida sobre el antiguo apostadero de los Granaderos, con un muro de unión hacia San Miguel y otro hacia la Luneta de Santa Isabel.

Así, quedaban cuadránguladas y protegidas las tierras de cultivo. Las amenazas de agresión y toma de la ciudad de Melilla por parte del sultán de Marruecos, Muley Mohamed, dieron lugar a que el rey Carlos III hiciera desplazar a la ciudad una comisión formada por el mariscal de campo Luis de Urbina y los ingenieros Juan Caballero y Ricardo Aylmez con el fin de reforzar los sistemas defensivos que por aquel entonces poseía la ciudad.

Se proyectó la unión a través de murallas rectas del fuerte de Victoria Grande con el de San Carlos, y éste por el mismo sistema al de San Miguel, continuando las murallas hasta la Torre de Santa Bárbara, y cerrando el recinto con el trazo de un muro recto hasta el espigón. Este proyecto se inició en 1773 pero tuvo que ser pospuesto por el asedio del sultán a Melilla.

El 23 de octubre de 1774, el sultán declaraba, a través de este asedio, la guerra a España. El 19 de marzo de 1775 finaliza el conocido como “Asedio de los cien días” y comienza la rehabilitación de espacios dañados y se concluye el proyecto iniciado dos años atrás por Juan Caballero, quedando perfectamente delimitado el cuarto recinto.

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