Conociendo nuestro patrimonio Plaza de las Culturas (II)

El siglo XIX. El Mantelete

La primera mitad de este siglo, se caracteriza a nivel general por un abandono económico de la ciudad por parte del Estado Español, consecuencia de las grandes crisis que asolan al país durante estos años. Por tanto, se mantendrá la estructura urbana y defensiva de la ciudad, tal cual la dejamos al finalizar el siglo pasado.

Será en la segunda mitad del XIX, en concreto a partir de 1840, cuando empiecen a modificarse algunos aspectos espaciales de la zona: por un lado el ensanche de las fortificaciones situadas en el cuarto recinto, por otro, el desvío del río de Oro para evitar el derrumbe de las murallas y la Torre de Santa Bárbara.

En lo que respecta a los ensanches que se proyectaron, primero por Francisco Arajol y posteriormente por Francisco Roldán, para toda la ciudad y defensa exterior de los muros a través de fuertes aislados, sólo se

llevaron a cabo una mínima parte de éstas, pero que afectan a la evolución histórica del espacio que ocupa nuestro estudio.

Entre ellas destacamos la construcción del Muro X, en 1878, y las primeras manzanas del primer barrio extramuros con el contó la ciudad, el barrio del Mantelete, desde 1880 a 1888.

Por otro lado, los materiales acarreados por el río hacen varíar la fisonomía geográfica de la Ciudad. Así, en menos de un siglo, donde estaba el mar abierto aparece una playa denominada del Mantelete bajo las murallas del baluarte de San José.

Estas crecidas, los frecuentes intentos enemigos de entrar a las murallas utilizando los espacios nuevos, que las circundaban, así como el peligro de derrumbe de la Torre de Santa Bárbara como consecuencia de la plantación, por parte del enemigo, de cañas para la desviación intencionada del cauce, harán que los ingenieros militares tengan como objetivo prioritario el proyecto de nueva desembocadura del río del Oro.

Este proyecto será encargado, de nuevo, a Francisco Roldán, pero efectuado por Francisco Arajol, y consistirá en excavar el nuevo río entre el Cerro de San Lorenzo y el del Tesorillo.

En marzo de 1872 finalizan estas remodificaciones. Sin embargo, no tuvieron el éxito esperado, ya que desde estas fechas hasta la primera década del siglo XX se producen graves inundaciones en los huertos, anegándolos y produciendo, incluso, pérdidas personales en la zona de las barracas del mantelete, teniendo que derribar, en varias ocasiones, partes del Muro X para el desagüe del estancamiento, de más de un metro, de las aguas acumuladas en el interior.

Otro aspecto a considerar de finales de este siglo es, el aumento significativo del número de barracas, que se situarán bajo las murallas de la Plaza de Armas. Con la creación del nuevo barrio del Polígono en 1888, se produce el desalojo de las barracas y su traslado a éste. En el solar que queda, tras esta reubicación se construyen las cuatro manzanas que hoy en día permanecen cerca de la muralla. Esta situación de prosperidad en la zona, harán que surjan nuevos establecimientos tanto privados como militares.

Esta zona del Mantelete tendrá un papel fundamental en el desarrollo de los sucesos de la campaña de Margallo, en 1893. El ejército, al no tener alojamiento, se instalará en cuarteles provisionales con barracones de madera. Esto hizo que el barrio albergara los batallones de artillería, el depósito de ganado (que se ubicaría en el espacio que hoy ocupa la plaza de Yamín Benarroch) y los almacenes de paja y leña (emplazados en el espacio que ocupó en su día la estación de autobuses).

Ya en la última década del siglo XIX tuvo lugar el derrumbe de la luneta de Santa Isabel. Por mandato de la Junta de Arbitrios, en 1896, se edificó en el solar resultante un Cuartel de la Guardia Civil para albergar una unidad de este nuevo cuerpo.

Un año más tarde, se derribará el muro divisor del mantelete y en su lugar se establecerá un mercado, con estructura de hierro, creado para la venta de productos de primera necesidad. Alrededor de éste y a espaldas de la Casa Cuartel de la Guardia Civil, se trasladará el mercadillo de San Jorge, donde la anarquía de los puestos, así como lo pintoresco de los productos en venta crearían un verdadero zoco.

La nueva ciudad en el siglo XX

Analizaremos ahora las modificaciones que la zona de los huertos va a experimentar a lo largo del siglo XX, siglo en el que se produce el gran crecimiento urbanístico, económico y demográfico de la ciudad de Melilla.

En el año 1900 se levantará, junto a la reciente Casa de la Guardia Civil, la que durante años fue una de las mejores casas de la ciudad, la Casa de Salama, que abriría el camino a nuevas tipologías arquitectónicas. Este edificio de línea clásica constituido por dos pisos, albergará a la Junta de Arbitrios hasta la creación de la Junta Municipal en 1927.

Uno de los acontecimientos clave en la expansión espacial de la nueva ciudad fue el derribo, a partir de 1911, de la muralla y la Torre de Santa Bárbara (cercanas al actual Banco de España). Hecho que comenzó de manera simbólica el rey Alfonso XIII en la visita que realizó en enero de ese mismo año.

Desde este punto se trazarán las tres grandes vías que unen el Mantelete con los barrios exteriores, hoy convertidas en la avenida Juan Carlos I, la calle del General Marina y la avenida de la Marina Española.

Con la desaparición de las antiguas murallas, comienza la rotulación de la plaza de España por el lado que afecta al cierre del barrio del Mantelete, materializándose con la construcción en 1925 del Casino Militar.

En esta fecha ya estaría prácticamente delimitado el contorno del espacio donde quedará ubicada la denominada, por aquel entonces, Plaza de los Carros.

Su nombre aludía al hecho de alojarse en ella, durante años, los carros tirados por animales que realizaban portes entre el puerto y la ciudad. En 1940 la plaza tomará el nombre del alcalde Marfil García, quien gobernó la ciudad durante diferentes períodos entre 1936 y 1940.

En ese mismo año se produce la demolición del Fuerte de San Miguel, para la construcción de la calle Pablo Vallescá (personaje clave en la construcción del barrio del Mantelete).

En este enclave se edificará posteriormente el Hotel Ánfora (1974), obra del arquitecto melillense Enrique Burkhálter.

En 1943, se aprueba la construcción de una estación de autobuses para unir la ciudad de Melilla con las ciudades limítrofes. Tras el anuncio de un concurso de proyectos, recae el fallo del mismo en el presentado por los arquitectos Antonio Camañas y Octavio Baus (Fig. 9).

Para la ubicación de este edificio se negocia con el Ministerio de Obras Públicas la cesión de los terrenos que hoy ocupa la Junta de Obras del Puerto. Al no conseguirse estos, se llega al acuerdo de utilizar el espacio generado del derrumbe de los depósitos de la calle Santa Bárbara, a espaldas del Casino Militar y el terreno que ocupaba el mercado al aire libre y la estación de carros.

La obra fue finalizada en 1947 con la pavimentación, colocación de aceras y colectores de las calles adyacentes. En la década de los setenta se producirá el cierre de la estación.

El abandono gradual de estos terrenos hizo que en 1990 se decidiera remodelar la plaza a través de la construcción de una fuente de mármol, rodeada de bancos y farolas de hierro fundido, así como de jardines y esculturas de hormigón.

Con esto, ya sí, quedará totalmente flanqueado el espacio resultante de todas las actuaciones urbanísticas en la zona de la plaza del Alcalde Marfil García (popularmente conocida como la de los Carros) anteriores a las intervenciones del arquitecto melillense Juan Judel (a partir de 2002), con cuya

actuación la plaza pasará a denominarse de las Culturas.

La actual Plaza de las Culturas

La plaza de las Culturas realiza una difícil transición entre la parte antigua de la ciudad y el ensanche modernista, y más concretamente entre las murallas y la Plaza de España.

Estos elementos son los que provocan la direccionalidad tan acusada en la plaza, donde se establece un eje entre ambos elementos de referencia.

El espacio ocupado por la Plaza de las Culturas se sitúa en el barrio del General Larrea, al Este de la Ciudad de Melilla, aglutinando en uno solo tres espacios colindantes anteriores: los terrenos ocupados por la antigua estación de autobuses, la Plaza Alcalde Martín García y la antigua casa cuartel de la Guardia Civil.

Se ha hecho desaparecer los viales que existían y conformaban estos espacios para ganar un precioso espacio peatonal en pleno centro de la ciudad. Estos terrenos se habían convertido en una zona degradada y olvidada, situada en un lugar céntrico y privilegiado, entre las tramas de la ciudad antigua y la expansión de principios del siglo XX de la ciudad.

La solución realizada responde a dos premisas básicas: favorecer las visiones del recinto amurallado y propiciar una plaza que establezca un nexo de unión entre las zonas fortificadas y el ensanche que se desarrolla a partir de la Plaza de España.

Como referencia visual al nombre del nuevo espacio, Plaza de las Culturas, encontramos cuatro monolitos, que se sitúan en el eje central de la plaza, a distancias iguales entre sí, lo que contribuye a subrayar la unidad del conjunto.

Dicho eje se encuentra alineado con el callejón situado entre el Banco de España y el Casino Militar, que sirve de esta manera de acceso escenográfico desde el ensanche modernista hacia el recinto amurallado, con la plaza como espacio de transición entre ambos espacios.

Como ya hemos apuntado, el objetivo principal del proyecto era establecer un espacio lo más unitario posible desde el ensanche, traseras del Banco de España y del Casino Militar, hasta la muralla. Para favorecer la definición del nuevo recinto y reforzar su directriz hacia la muralla, se dispone un edificio lateral junto a la Avenida de la Alcazaba.

Este minimiza el peso visual que el edificio Ánfora impone sobre esta zona . Dicho edificio alberga en planta baja locales comerciales y en planta primera oficinas, resolviendo, de esta forma, no sólo el realojo de los locales que existían en el edificio antiguo, sino que además se asegura el buen uso de la plaza y la contribución a la financiación del conjunto de la operación.

A pesar del aparcamiento subterráneo que se proyecta, se han tratado de reducir, hasta donde ha sido posible, las superficies pavimentadas, disponiendo jardineras sobre la cubierta del parking. Dichas jardineras disponían de olivos y distintos tipos de arbustos aromáticos, siendo la totalidad de las plantas de carácter mediterráneo, subrayando con estos elementos la simbología del espacio.

En la zona más cercana a la muralla se ha realizado un pequeño muro quebrado, que recuerda a un muro exterior a las murallas que existían en el lugar anteriormente. Este muro bajo se ha realizado conforme a la forma de construcción de la época de las murallas, ataluzando intradós y extradós, ejecutado con ladrillos de tejar en esquinas y remates, y sillarejos intermedios. Cuenta con distintas aberturas a modo de cañoneras, que permiten su recorrido.

En la zona sur de la plaza y junto a este muro descrito anteriormente, se ha colocado una escultura de Miguel Berrocal. La zona que circunda esta pieza cuenta con un tratamiento en el pavimento diferente al resto de la plaza, donde se han dispuesto 19 cuadrados de granito, que simbolizan a las 17 comunidades autónomas, más Ceuta y Melilla, a modo de mapa abstracto de España .

Las farolas de esta zona son desmontables para permitir la creación de

un área libre de mobiliario urbano. Este espacio diáfano de unos 1.500 m2 puede servir como lugar para representaciones al aire libre, con las murallas como telón de fondo.

La piedra empleada en el revestimiento de los elementos verticales es del mismo tipo de la que conforma las murallas, con la intención de que se integren en color y textura con las mismas, adquiriendo con el tiempo una pátina característica de este tipo de material.

Todo el perímetro de la plaza cuenta con muros pantallas, pues el terreno no tenía la cohesión necesaria, en contra de lo que dictaban los estudios geotécnicos realizados. Dado que además el suelo del aparcamiento se encuentra casi dos metros bajo el nivel freático del agua hubo que ejecutar

micropilotes con una profundidad media de 12 m., que llegan hasta un estrato resistente, que anclan a este nivel el edificio y evitan que se vea afectado por la presión ascendente del agua subterránea.

La división por plantas viene a estructurar el programa de necesidades.

En la planta sótano, se sitúa el aparcamiento de automóviles, con capacidad para 263 vehículos, que incluye algunos trasteros, además de las lógicas dependencias para instalaciones y aseos de uso público.

La planta baja es la que estructura la intervención, ya que en ella se sitúa la plaza en sí, flanqueada por el edificio, donde se ubican unos locales comerciales.

En la planta primera, sobre los locales comerciales, se han dispuesto espacios para oficinas.

En la cubierta del edificio se han dejado previstos cuatro casetones para la ubicación de la maquinaría de acondicionamiento de aire de locales y oficinas.

Como resumen de la obra destacar la función integradora de la plaza como nexo entre la ciudad antigua, las murallas, y el centro actual de la ciudad, el ensanche modernista, estableciendo un espacio neutro y ordenado, sin que domine sobre ambas tramas, y con una elección de materiales cuidadosa que conjugan modernidad y tradición.

[Bibliografía: Jesús Sáez Cazorla. Patrimonioculturalmelillense.blogspots.

José María Romano Funes. Juan Judel Carballa. Evolución histórica y urbanística de la demarcación espacial de la Plaza de las Culturas de la Ciudad Autónoma de Melilla. AKROS. Revista de Patrimonio, nº 6. Conserjería de Cultura.2006]

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